jueves, 22 de enero de 2026

ENSAYO, Geografía física de Euskadi.

Introducción Ubicado en la zona templada del Globo, Euskadi goza de una privilegiada situación climática, en la que las estaciones se suceden sin grandes rigores. Este clima templado, junto a la bravura del mar, los pueblos, las montañas y su frondosa vegetación, hacen de Euskadi un país de rincones inesperados. Una lluvia amable riega un territorio de naturaleza fértil, vertebrado a partir de la prolongación occidental de los Pirineos, auténtica espina dorsal que divide las vertientes cantábrica y mediterránea en dos ámbitos sociales bien diferenciados. • Por un lado, el País Vasco septentrional. Una estrecha franja de tierra drenada por las aguas que desembocan en el mar Cantábrico, litoral que en su parte más oriental ha recibido el nombre de Golfo de Bizkaia. Escenario de la comunicación simbiótica entre sus habitantes y el mar, ha configurado el desarrollo de grandes núcleos humanos y dinámicas actividades urbanas, industriales y comerciales. • Por el otro, el País Vasco meridional, limitado al sur por el río Ebro, al cual confluyen las aguas después de fertilizar un área de grandes espacios abiertos. Se trata de una zona menos urbanizada, más agrícola y con un hábitat concentrado en núcleos de tamaño diverso. Al amparo de sus tradiciones y derechos, Euskadi se vertebra políticamente en tres Territorios Históricos, Álava, Bizkaia y Gipuzkoa, que disponen de su propia administración y sus órganos legislativos. Sus respectivas capitales son Vitoria-Gasteiz, capital de la Comunidad Autónoma Vasca, sede del Gobierno y Parlamento autonómicos, y modelo de desarrollo urbanístico; Bilbao, capital industrial y financiera del país, y Donostia San Sebastián, ciudad moderna y elegante, que cuenta con uno de los paisajes naturales más bellos del mundo. El País Vasco se extiende desde el accidentado paisaje costero hasta el semidesierto de las Bardenas, en el extremo sureste de Navarra. Sus principales límites naturales son el Golfo de Vizcaya (al sureste del mar Cantábrico) al norte y al oeste, y el río Ebro al sur. La topografía del País Vasco es principalmente montañosa, está conformada por los Montes Vascos y la sierra de Cantabria en el sur, con Larrasa (1453 m) como máxima altitud, las estribaciones del Pirineo llegan de Navarra. El País Vasco se encuentra en el suroeste de Europa, en el espacio comprendido entre los ríos Aturri y Ebro. El territorio de la Comunidad Autónoma del País Vasco se incluye, casi íntegramente, en la Cuenca Vasco-Cantábrica que representa la prolongación occidental de la Cadena Alpina Pirenaica que, a su vez, constituye el borde septentrional de la placa Ibérica. Los Montes Vascos son una cordillera situada en el norte de la Península Ibérica. Geográficamente, se considera la sección oriental de la Cordillera Cantábrica. La cordillera atraviesa la Comunidad Autónoma Vasca y el oeste de Navarra. El País Vasco es montañoso. La mayoría de las montañas se extienden a lo largo de un eje este-oeste, al oeste de los Pirineos. La roca más importante es la caliza, pero también hay montañas compuestas de otros materiales. Por ejemplo, Aiako Harria está compuesta de granito. La geografía física del País Vasco se caracteriza por contrastes entre la vertiente atlántica (montañosa y húmeda) y la mediterránea (más seca, en la depresión del Ebro), divididas por los Montes Vascos y estribaciones pirenaicas como la Sierra de Cantabria, con costas escarpadas de acantilados, rías y playas, y un relieve interior de sierras (Aizkorri, Gorbeia, Aralar) y valles, con puntos altos como Aitxuri (1551 m) y Orhi (2010 m). Junto con sus montañas y parques naturales, uno de los grandes atractivos de Euskadi es su litoral, donde los abruptos acantilados se van alternando con las desembocaduras de los ríos, algunas marismas y las playas de fina arena. La topografía del País Vasco es principalmente montañosa, como hemos dicho. El punto más alto del País Vasco es el monte Aitxuri, con una altitud de 1551 m, está situado en el parque natural de Aizcorri. En Euskadi se pueden distinguir a grandes rasgos cuatro zonas climáticas: la vertiente atlántica al norte, una zona de clima subatlántico (Valles Occidentales de Álava y la Llanada Alavesa), una zona de clima submediterráneo y, el extremo sur, entrando en la depresión del Ebro y Rioja Alavesa, donde se pasa ya a un clima con verano claramente seco y caluroso de tipo continental. En suma, pues, el País Vasco se encuentra en el suroeste de Europa, en el espacio comprendido entre los ríos Aturri y Ebro. Se divide en dos vertientes: la atlántica y la mediterránea. Las cadenas montañosas de los Pirineos , Aralar, Aizkorri y Gorbeia sirven de divisoria entre ambas vertientes. Dicha variedad climática produce, a su vez, notables diferencias de paisaje: montañas, valles, llanadas, costa… La zona incluida en la vertiente atlántica es montañosa, puesto que los Pirineos llegan casi hasta el mar. En el extremo occidental de los Pirineos se encuentran los picos más elevados del País Vasco: Hiru Errege mahaia, Kartxela, Orhi… Al margen de los Pirineos, numerosas montañas se hallan estrechamente ligadas a la tradición y a la historia del País Vasco: Gorbeia, Aizkorri, Anboto, Aralar… Clima Latitud La latitud es, probablemente, el factor geográfico que más condiciona el clima del País Vasco. La inclinación de los rayos en las diversas estaciones del año depende de la latitud. Pues bien, la latitud de Euskadi, entre los 42º y los 43,5º al norte del Ecuador, sitúa al país dentro de lo que se ha llamado zona templada. El papel que juega la latitud en el clima de una región es doble: en primer lugar, determina la cantidad de energía solar incidente y sus variaciones estacionales a lo largo del año; en segundo lugar, determina la dirección general y más frecuente de los vientos que la afectan. A rasgos generales, la latitud determina que la inclinación solar sobre Euskadi varíe a mediodía entre un máximo de 70º en el solsticio de verano (21 de Junio) y un mínimo de 25º en el solsticio de invierno (21 de Diciembre), y que la duración del día, esto es, de la iluminación solar, oscile entre las 16 horas del máximo veraniego y las 9 horas aproximadamente del mínimo invernal. Distancia al Océano Gracias a la Corriente del Golfo, las costas europeas gozan de un invierno mucho más suave que el que les correspondería por su latitud. Si no fuese por el sistema de corrientes marinas del Atlántico el clima invernal de Euskadi sería muy distinto: mucho más frío y, probablemente, con precipitaciones bastante más escasas. Desde la Península Ibérica hasta Escandinavia, el viento prevaleciente del sector oeste hace que en invierno las masas de aire muy frías que provienen del norte de América vayan calentándose al pasar por encima de las templadas aguas atlánticas. De esta forma, el aire acondicionado por la superficie del mar llega a las costas de Europa relativamente templado. El agua superficial marina se enfría. Al enfriarse aumenta su densidad y se hunde, siendo sustituida por las aguas más cálidas y menos densas que trae desde el sur la corriente del Golfo. Es decir, que, a manera de una cinta transportadora, el sistema de corrientes del Atlántico acarrea continuamente hacia el norte el calor recibido en las latitudes tropicales, y luego, en las latitudes medias y altas, lo cede al aire, que los vientos del oeste se encargan de llevar a Europa. Otras influencias marinas que tienen una cierta importancia en el clima vasco son las que provienen de: • Mar Mediterráneo: Este influjo, proveniente del mar Mediterráneo, se manifiesta especialmente en la Rioja/Errioxa. Por ejemplo, en el reparto de las precipitaciones según la dirección del flujo en el período en que se producen, cobran cierta importancia relativa las que ocurren con vientos del este y del sureste. Muchas de estas situaciones deben corresponderse con la llegada, facilitada por el valle del Ebro, de masas de aire húmedas procedentes del Mediterráneo. • Mar Cantábrico: Aparte de las grandes masas de aire que nos invaden desde el Atlántico, el propio mar Cantábrico tiene una influencia directa importante en el clima de la vertiente norte de Euskadi. 1. Los vientos flojos que penetran desde el Cantábrico son muy frecuentes en verano, de esta forma se refuerzan las brisas marinas con lo que los índices de humedad en la costa alcanzan niveles altos precisamente en la estación estival. 2. El viento veraniego del norte favorece el estancamiento de las aguas en el Golfo de Bizkaia, en el vértice del Cantábrico, y se produce un claro recalentamiento estival que va a posibilitar una fuerte evaporación y la posibilidad de que ocurran grandes aguaceros en la costa vasca. Confirmación de su Relieve El relieve del País Vasco ocasiona diferencias notables en los parámetros climáticos de sus diversas zonas orográficas. También el relieve de la propia Península Ibérica influye en las características generales del clima vasco. El carácter macizo de la Península, con una importante altitud media -660 m.- y numerosos obstáculos montañosos, hace que los flujos atlánticos del suroeste, lleguen a Euskadi con sus características muy modificadas. El principal efecto, es que las masas de aire oceánico que atraviesan la Península en dirección SW-NE se desecan y, posteriormente, al descender hacia el Cantábrico y las llanuras del sudoeste de Francia, se calientan sensiblemente. Ocurre que, cuando una masa de aire asciende, en el proceso se expansiona y se enfría, y en ella se produce en consecuencia, saturación, condensación y precipitaciones. Cuando el flujo es del NW, la particularidad de los montes vascos determina que el país sea un paso predilecto de las masas de aire atlánticas, que velozmente pasan sobre este territorio rumbo hacia el Mediterráneo. Soplan fuertes vientos y el relieve vasco, actuando a modo de rampa ascendente, actúa de disparador de la condensación, de las nubes y de las precipitaciones. Es así como, con diferencia, la costa vasca es la más lluviosa de todo el Cantábrico. Pero, a la vez las áreas a sotavento de los relieves vascos y, especialmente, las tierras de la Rioja Alavesa/Arabako Errioxa y de todo la mitad sur de Navarra/Nafarroa apenas reciben, si acaso, unas cuantas gotas. Zonas climáticas El País Vasco no forma una región climática homogénea. Se pueden distinguir a grandes rasgos tres zonas: • La vertiente atlántica al norte. • La Euskal Herria media en el centro. • El extremo sur, entrando en la depresión del Ebro y Rioja Alavesa. La vertiente atlántica: La vertiente atlántica comprende la totalidad de las provincias de Bizkaia, de Gipuzkoa y de Euskadi Continental y el norte de la de Alava/Araba, presenta un tipo de clima mesotérmico, moderado en cuanto a las temperaturas, y muy lluvioso. Se denomina clima templado húmedo sin estación seca, o clima atlántico. En este clima el océano Atlántico ejerce una influencia notoria. Las masas de aire, cuyas temperaturas se han suavizado al contacto con las templadas aguas oceánicas, llegan a la costa y hacen que las oscilaciones térmicas entre la noche y el día, o entre el verano y el invierno, sean poco acusadas. El factor orográfico explica la gran cantidad de lluvias de toda la vertiente atlántica del País Vasco, entre 1.200 y más de 2.000mm de precipitación media anual. En cuanto a las temperaturas es de destacar una cierta moderación, que se expresa fundamentalmente en la suavidad de los inviernos. De esta forma, a pesar de que los veranos son también suaves, las temperaturas medias anuales registran en la costa los valores más altos de Euskal Herria, unos 14ºC. Aunque los veranos sean frescos, son posibles, sin embargo, episodios cortos de fuerte calor, con subidas de temperatura de hasta 40ºC, especialmente durante el verano. La zona media: La zona media o zona de transición de Euskal Herria, que ocupa gran parte de Alava/Araba, se presenta como una zona de transición entre el clima oceánico y el clima mediterráneo, predominando las características atlánticas, ya que no existe un auténtico verano seco. • Clima subatlántico: Comprende los Valles Occidentales de Alava/Araba y la Llanada Alavesa, continúa siendo del tipo atlántico, si bien con precipitaciones menores que en la vertiente atlántica. • Clima submediterráneo: Más al sur, en una zona que comprende aproximadamente Trebiño, Montaña Alavesa, se va pasando a un tipo mediterráneo, es decir, a un clima templado con verano más cálido y algo más seco, y con lluvias anuales moderadas. El sur: En el sur del País Vasco, en la zona de la depresión del Ebro ocupada por la Rioja Alavesa/Arabako Errioxa, se pasa ya a un clima con verano claramente seco y caluroso del tipo mediterráneo. Normalmente, debido a sus inviernos bastante fríos y de escasas precipitaciones, se le ha denominado mediterráneo de interior o continental mediterráneo. Aquí, el mitigamiento de las influencias marinas hace que las oscilaciones térmicas estacionales comiencen a ser importantes. En verano se superan los 22ºC en las temperaturas medias de algunos meses y en invierno las bajas temperaturas posibilitan las heladas y favorecen las nieblas. Pluviométricamente, si bien cumplen los requisitos mediterráneos de tener meses estivales con precipitaciones inferiores a los 30mm, no aparece en la distribución estacional de las lluvias la clara y típica diferencia mediterránea entre los meses secos del verano y los más lluviosos del resto del año, sino que las medias pluviométricas mensuales son casi siempre más bien escasas, menos de 50mm, y bastante semejantes entre sí. De aquí que se pueda decir de él que es un clima un tanto continentalizado, aunque quede incluido dentro del tipo mediterráneo. Elementos climáticos INSOLACIÓN Para el estudio de la insolación de un lugar debemos calcular el número medio de horas de sol en los diversos meses y en el ciclo completo del año. El número de horas de sol da una idea tan sólo aproximada de la cantidad de energía recibida ya que sólo tiene en cuenta la radiación solar directa y no la difusa, y porque, además, el total de energía recibida en un lugar depende también de su orientación y de su pendiente, así como de los relieves del entorno que le pueden hacer sombra. El número medio de horas de sol, estacional y anual, depende de dos factores: el factor astronómico, que se refiere a la posición de la Tierra con respecto al Sol a lo largo del año y que viene definido por la latitud del lugar, y el factor climático, que viene definido por la mayor o menor nubosidad de la zona. La latitud de un lugar determina las diferencias estacionales en el grado de oblicuidad de los rayos solares directos que inciden en él, así como la duración del día, que en el País Vasco es de unas 15 horas en el solsticio de verano y de unas 9 horas en el solsticio de invierno. De la comparación mes por mes del número de horas de insolación entre los diversos observatorios, se pueden extraer las siguientes consideraciones: Es muy importante el gradiente de insolación norte-sur. Durante la primavera y el verano hay un tercio más de horas de sol en la Rioja/Errioxa que en Bilbao. En el otoño y el invierno las diferencias de insolación son más pequeñas entre la costa y el sur del país. La sinuosidad del relieve del país hace que, debido a las sombras creadas por el terreno, las diferencias de insolación entre lugares próximos durante las primeras y las últimas horas del día puedan ser también grandes. Este factor tiene cierta importancia en la distribución de la vegetación natural, especialmente en la zona costera. Para algunas actividades agrícolas la buena orientación de las pendientes es por tanto fundamental. También cada día se le da más importancia a la insolación entre las diversas cualidades que debe reunir un hábitat humano confortable. No parece que siempre haya sido así. Pueblos de construcciones hacinadas en el fondo de valles sombríos abundan en toda la vertiente cantábrica del país sin que se haya planteado un buen aprovechamiento de la insolación. COBERTURA NUBOSA No es sencillo determinar estadísticamente la cantidad de nubosidad de un observatorio, por eso aunque la nubosidad sea un parámetro climáticamente esencial, suele a menudo pasarse por alto. Las observaciones suelen realizarse de forma subjetiva, siendo el observador el que, en determinados momentos del día determina si está cubierto, nuboso o despejado. En una observación se considera que el cielo está despejado cuando la nubosidad cubre menos de las 2 octavas partes del cielo; nuboso si está comprendido entre 2 y 6 octavas; y cubierto cuando la nubosidad es superior a 6 octavas. La frecuencia de días en los que el cielo está despejado al mediodía suele ser bastante superior a la frecuencia de los días considerados meteorológicamente como despejados. Así, en San Sebastián/Donostia, los días despejados del verano considerados en las estadísticas del Instituto Nacional de Meteorología son sólo 10, pero, en realidad, son 20, es decir, el doble, los días en los que a las 13h. el cielo está despejado. La nubosidad en Bilbao/Bilbo y San Sebastián/Donostia es parecida para ambas capitales surgiendo diferencias en Vitoria/Gasteiz tal y como demuestran las gráficas correspondientes. NIEBLAS Los tipos de nieblas que se producen en el territorio de Euskal Herria, y que tienen muy diferentes génesis, son principalmente tres: las nieblas costeras, las nieblas de montaña y las nieblas de valle. De esta manera todo el país se ve afectado por uno u otro tipo de niebla, si bien con una frecuencia relativamente moderada. Conviene aclarar que las observaciones de niebla, al igual que las de nubes, tienen un cierto grado de subjetividad. Desde un punto de vista meteorológico un observador considera que existe niebla cuando la visibilidad es inferior a los 1.000 metros. Se considera día de niebla aquel en el que en alguna de las tres observaciones realizadas diariamente se ha constatado la existencia de este meteoro, es decir, que no es necesario que la niebla persista durante todo el día para considerarlo como tal. • Nieblas costeras: Para analizar con más profundidad las nieblas costeras, se puede utilizar un estudio existente sobre la frecuencia de nieblas en Igeldo, realizado a partir de las observaciones diarias a las 07h., 13h. y 18h., durante un período de 10 años, y que puede ser relativamente extrapolable al resto de la costa. Lo más característico del fenómeno de la niebla en el monte Igeldo, y probablemente en toda la costa, son las diferencias estacionales. Existen tres meses particularmente más propensos a ella: Abril, Mayo y Junio. En estos meses es máximo el contraste entre la aún fría temperatura del agua del mar y la del aire suprayacente, más cálido. La situación térmica es propensa a las inversiones de superficie, sobre todo con presiones altas, y a la formación de estratos y nieblas marinas que las brisas adentran en la costa. Al situarse Igeldo en un alto, el relieve facilita el enfriamiento del aire y aumenta la frecuencia de niebla. • Nieblas de montaña: En todos los relieves altos de Euskal Herria son frecuentes las nieblas de montaña, especialmente en las sierras de la divisoria. Alcanzan su máxima frecuencia en los montes del borde de Gipuzkoa con Navarra/Nafarroa. Se producen normalmente en situaciones del norte que aportan una masa muy húmeda de aire marino Al elevarse a ras de las montañas, el aire se enfría y, por condensación del vapor de agua, se forman las nieblas. En toda la vertiente cantábrica las alturas del intrincado relieve, aunque no sean muy elevadas, son suficientes para que el aire se sature y se produzcan estratos bajos que envuelven los montes en un manto nuboso. El techo de las nubes estratificadas suele estar con relativa frecuencia por debajo de los 300 metros y allí en donde el terreno alcanza esta altura son, por lo tanto, percibidas como nieblas. La frecuencia de su aparición, dependiente de la altura, es mayor en verano, y son más frecuentes al atardecer, cuando el calentamiento diferencial de las solanas y las umbrías produce movimientos ascendentes de aire. • Nieblas de irradiación o de valle: Otro tipo de nieblas frecuentes en el interior de Euskal Herria son las nieblas de irradiación o de valle. Las nieblas de irradiación se producen cuando al final de las noches frescas y húmedas, favorecidas por situaciones de tiempo estable y cielos estrellados, el aire frío y denso desciende por las laderas hacia el fondo de los valles, en donde se estanca y condensa su humedad. Al amanecer es frecuente la formación de inversiones térmicas, aire frío abajo y más caliente encima, que impiden las turbulencias y el intercambio vertical de calor, con lo que las nieblas del fondo del valle pueden persistir muchas horas diurnas. Las nieblas de irradiación, en invierno, también pueden afectar a territorios del País Vasco de mayor extensión y no tan cerrados, como la Llanada Alavesa. Para ello se requiere que la situación atmosférica sea estable, anticiclónica, y la masa de aire que recubre el país sea fría y húmeda. En invierno, la corta duración del día y la baja intensidad de la radiación solar impiden que el suelo se caliente y permiten que la niebla no se disipe del todo durante las horas diurnas, y que se refuerce durante las largas noches. PRECIPITACIONES La importante pluviosidad y la fuerte intensidad de las precipitaciones en toda la comunidad autónoma vasca se explica fundamentalmente por el factor orográfico. La orientación Oeste-Este de las sierras y el hecho de que las montañas vascas sean más bajas que las montañas de la Cordillera Cantábrica al oeste y las de los Pirineos al este, unida al efecto de succión de aire producido por la región ciclogenética del Mediterráneo occidental, es causa de que con frecuencia el flujo general del oeste se tuerza hacia la cuenca mediterránea, a través de toda la C.A.V. La mayor o menor pluviosidad de este clima viene definido no sólo por la cuantía de las precipitaciones sino también por su duración. Produciéndose períodos de ausencia de éstas, sequías, y fenómenos extraños como lluvias torrenciales, siendo el tipo de precipitación más común el sirimiri. El tiempo en que está lloviendo tiene en muchos casos mayor relevancia que la cantidad de lluvia caída. Puede consultarse el gráfico de precipitaciones mensuales de las tres capitales vascas. • Sequías: Recientemente, los habitantes del País Vasco se alarmaron con una sequía ocurrida en los años 1989 y 1990, pero que ya venía fraguándose desde dos años antes. Las precipitaciones descendieron en un 35%. En realidad el campo se vio mínimamente afectado, e incluso la producción total agrícola fue excelente. Sin embargo, las capitales vascas sufrieron importantes restricciones de agua. La más perjudicada fue la más poblada, Bilbao, cuyos habitantes padecieron durante un año cortes de agua. Los pantanos del Zadorra, que desde la vecina Alava/Araba abastecen en gran medida a la capital vizcaína, bajaron su nivel alarmantemente, ya que en la zona las precipitaciones también fueron escasas. Además las temperaturas fueron muy elevadas, sobre todo en 1989, y la evaporación, con ayuda de los vientos del sur, contribuyó a casi desecar los pantanos. • Lluvias torrenciales: Más frecuentes y con mayor importancia económica que las sequías son los fenómenos de lluvias torrenciales que en toda la vertiente cantábrica de Euskal Herria provocan costosas y graves inundaciones. En Bilbao, desde sus principios, los llamados "aguaduchos" del Nervión/Nerbioi han venido a lo largo de los siglos causando periódicamente enormes destrozos a la villa. También en Gipuzkoa, tras períodos de lluvias torrenciales, las inundaciones han ocasionado pérdidas en viviendas, en campos y en caminos. La inundación más importante de los últimos tiempos ocurrió en los últimos días de Agosto de 1983, especialmente los días 26 y 27, y afectó particularmente a Bizkaia, y en menor medida a Gipuzkoa. La zona de mayores lluvias se localizó en la ría bilbaína. Tres fueron los factores que se conjugaron para ocasionar estas lluvias torrenciales: llegada en altura de la primera colada postestival de aire frío polar; elevadas temperaturas superficiales de las aguas de la costa vasca, que produjeron una masa superficial cálida y húmeda muy inestable; y ligeros vientos del norte que al enfrentarse a los relieves desencadenaron las ascendencias y dispararon la inestabilidad. Otro episodio de lluvias torrenciales con efectos graves ocurrió a los pocos años, también en verano, y afectó a un tercio del territorio de Gipuzkoa. El 19 de Julio de 1988 una gota fría en altura, en contraste con la humedad y el calor de la capa de aire superficial, desencadenó las trombas que afectaron especialmente a las cuencas del Deba y del Urola. NIEVE La tabla de innivación del País Vasco señala que al nivel del mar y en la costa, el meteoro de la nieve es un fenómeno raro. En las montañas durante la temporada de nieves puede haber días con precipitación de nieve durante el mes de Octubre, si bien no son abundantes. Las últimas fechas con nevadas pueden darse incluso en el mes de Mayo, en los casos en los que alguna profunda borrasca que avanza con trayectoria meridiana llega desde latitudes polares. Las nevadas más importantes se suelen producir con flujos del norte húmedos y fríos que van rolando al nordeste, haciéndose más fríos, pero, al final, demasiado secos para producir precipitación.. En el mapa de isobaras suele aparecer un anticiclón de forma alargada cerca de la costa europea y una depresión que llega al Mediterráneo occidental desde Escandinavia después de haber recorrido de norte a sur el continente. Un flujo rápido del norte frío y húmedo que acompaña a la depresión aporta las primeras nevadas. Puede ocurrir que en un segundo empuje la depresión del Mediterráneo haga que nos lleguen masas de aire más húmedas que con la capa fría existente en superficie refuerzen las nevadas. Al final, el anticiclón alargado del Atlántico se "tumba" sobre Europa del Norte y corta el flujo húmedo. Otras situaciones de nieve se producen con gotas frías. Si es invierno, y las capas superficiales están suficientemente frías, las precipitaciones logran llegar al suelo en forma de nieve. GRANIZO El granizo es un fenómeno más frecuente en los observatorios de la costa que en los del interior. En la costa se suelen superar los 5 días de granizo al año, pero en el interior apenas se supera una media anual de 3 días. Ahora bien, así como en la costa el granizo es más frecuente en invierno, en el interior es más frecuente en verano. Esto es así debido a que las ascendencias bruscas que producen el granizo se disparan en la costa debido al relieve y a la inestabilidad que adquieren las masas de aire polares, cuando sus capas más superficiales, en contacto con el agua, se calientan al atravesar el Cantábrico. Por el contrario, en el sur, las ascendencias que producen el granizo suelen ser debidas más a la inestabilidad térmica producida en verano por el agudo calentamiento del suelo y de la capa de aire en contacto con él. El granizo estival ha sido siempre muy temido por los agricultores, en especial por los cultivadores de viñedos y de árboles frutales. El pedrisco puede dañar los granos de uva cuando ya está próxima su recolección y echar a perder el trabajo del año completo. Se ha sólido intentar combatir el pedrisco lanzando y sembrando las nubes incipientes mediante cohetes y avionetas con ioduros susceptibles de condensar la humedad y hacerla precipitar antes de que la atmósfera se cargue en demasía y se produzca una saturación brusca que provoque el pedrisco. TEMPERATURAS Las oscilaciones de las temperaturas medias mensuales son bastante importantes y significativas. En la costa, las diferencias entre los meses más cálidos y los más fríos son de tan sólo unos 11ºC o 12ºC aproximadamente, mientras que en el interior aumentan sensiblemente, hasta llegar a ser de unos 17ºC o 18ºC. En los observatorios de la costa las temperaturas medias más altas se suelen dar en el mes de Agosto, ligeramente por encima de las de Julio, mientras que avanzamos hacia el sur, suele ser el mes de Julio el que supera a Agosto. El mes Octubre, que se hace aún más agudo al pasar de Octubre a Noviembre. Por el contrario el ascenso de la transición primaveral, desde Marzo hasta Junio, es bastante más regular y más moderadas las alzas térmicas que se registran al pasar de un mes a otro. Las temperaturas medias mensuales (Bilbao, Gasteiz y Donostia, todos ellos valores medios, tanto máximas como mínimas, del período 1931-1960) más bajas se registran en Diciembre en todos los observatorios. En la costa suelen superar los 8ºC, mientras que en el interior oscilan entre los 4ºC y 6ºC. Aunque no muy frecuentes, también se producen heladas fundamentalmente en otoño e invierno. • Temperaturas máximas y mínimas: Las temperaturas máximas diarias suelen alcanzarse generalmente en las horas centrales del día, y las temperaturas mínimas durante las horas finales de la noche. Así que las temperaturas máximas dan obviamente una mejor idea de las temperaturas diurnas que las medias, y de igual modo lo hacen las temperaturas mínimas con respecto a la noche. Mes por mes, las temperaturas máximas medias muestran en Euskal Herria apreciables diferencias. Las temperaturas mínimas medias se alcanzan en todo el territorio en Enero. Es de destacar que en la costa son relativamente altas, entre los 4º C y 5º C. La máxima diferencia absoluta en un mismo observatorio se registra asimismo en Vitoria/Gasteiz, en donde la oscilación entre la mínima absoluta y la máxima absoluta es de casi 60º C. No hay mucha diferencia entre las máximas absolutas: tanto en la costa como en el interior se rondan los 40º C. Ello es debido a que los observatorios costeros pueden alcanzar temperaturas muy elevadas cuando sopla viento sur y es verano. Entonces, masas de aire tropical africano pueden llegar hasta la costa vasca, en donde el calor se agudiza provocado por los vientos de componente sur. Respecto a las mínimas absolutas, las diferencias sí son muy importantes, del orden de 8º C a l0º C, entre la costa y la Llanada alavesa. • Heladas: El número de días de heladas, es decir, aquellos en los que las temperaturas descienden en algún momento por debajo de los 0ºC, es un parámetro climatológico de gran interés, ya que esa temperatura de congelación del agua es un umbral crítico en la vida de muchos vegetales. El número medio de días con heladas muestra diferencias territoriales considerables. En la costa no se alcanzan los 20 días, pero las cifras aumentan rápidamente hacia el interior de Bizkaia y de Gipuzkoa. Al otro lado de la divisoria, en la Llanada Alavesa se superan con facilidad los 40 días. Las fechas de las primeras y de las últimas heladas, las cuales tienen también una repercusión agrícola importante, varían también bastante a lo ancho del territorio vasco. En cuanto a las fechas extremas de heladas, éstas pueden prolongarse hasta bien entrado Mayo en la Llanada Alavesa y en Vitoria/Gasteiz se han conocido heladas incluso en los primeros días de Junio. VIENTO El clima de una región geográfica es en su mayor parte consecuencia de los vientos generales que la afectan. La zona en la cual nos encontramos, es recorrida por vientos generales del oeste. Pero a diferencia de los alisios, que soplan de forma bastante regular, los vientos del oeste describen amplios meandros, de tal forma que corrientes de aire del sur o del norte, e incluso contracorrientes del este, pueden afectar temporalmente a regiones de las latitudes medias. En invierno, cuando la corriente en chorro, el "jet stream", circula por latitudes bastante bajas, entre los 30 y 40 grados, nos vemos muy afectados por la circulación del oeste y por las borrascas y sus frentes nubosos. En otoño y primavera, cuando este flujo de aire pierde fuerza y se hace más ondulado, el tiempo se hace por lo general más cambiante, con semanas en las que dominan las corrientes cálidas del sur, seguidas por otras en las que soplan húmedos y frescos vientos del norte. En verano, el flujo general de vientos del oeste se aleja hacia el norte y se debilita. Entonces, todo el sur de Europa es afectado con frecuencia por la calma y el buen tiempo producido por el anticiclón de las Azores, que se extiende hacia el noroeste. Muchos días, al situarse Euskal Herria en el lado oriental del anticiclón los vientos veraniegos predominantes son del norte y se refuerzan las brisas diurnas. • Vientos superficiales: En superficie, los relieves locales y el rozamiento con el terreno tienden generalmente, salvo en casos particulares de encauzamiento, a que la velocidad del viento disminuya y a que su dirección varíe. Los vientos moderados escasean y, sin embargo, son relativamente frecuentes los vientos muy fuertes y atemporalados, que son los que suben el nivel de la velocidad media. Así, estos vientos, superiores a los 50km/h se alcanzan con una frecuencia de casi el 4%, superior al de casi todas las estaciones europeas de clima oceánico. Los vientos en invierno, tanto del sector norte como del sector sur, son mucho más fuertes que los del verano. Dividiendo la rosa de vientos en ocho sectores, es el viento del norte el más frecuente, 21.4%, seguido del viento del noroeste, 17.6%. Sin embargo el viento del noroeste es bastante superior en fuerza al del norte, 20.4km/h frente a 11.4km/h. El viento del noroeste es un viento sinóptico, movido por el flujo general, mientras que el viento del norte es frecuentemente debido a las brisas locales. Las brisas diurnas tienden a que los vientos nocturnos y muy frecuentes del oeste rolen al noroeste, y a que éstos rolen al norte. El viento sur es el viento más veloz: 22.1km/h de velocidad media. y puede ocasionar destrozos importantes en tejados, invernaderos, plantas y árboles, cuando, con relativa frecuencia, sopla atemporalado. En el resto de los observatorios considerados la velocidad media anual del viento es bastante menor. Oscila entre los 10km/h y los 13km/h. Las direcciones más frecuentes difieren en cada localidad, dependiendo de la topografía de la zona. En la costa son los meses de la mitad invernal los que tienen vientos más fuertes. • El viento del Sur: El viento sur, con sus acusados efectos de calentamiento, desecación y aumento de la transparencia de la atmósfera, es un elemento climático muy típico de la vertiente norte del País Vasco. Se desencadena cuando en los mapas de presión existe una baja al oeste y una alta el este. El trazo de las isobaras es meridiano o casi meridiano, perpendicular a las alineaciones montañosas. En los niveles bajos el aire del sur tiende a colarse con más fuerza sobre Euskal Herria que forma orográficamente un paso entre los altos relieves de la Cordillera Cantábrica y los Pirineos. En su descenso por la vertiente norte hacia la planicie del Golfo de Bizkaia, el aire se calienta por compresión y se deseca. El viento sur se puede manifestar en cualquier mes, pero es cierto que es el bimestre octubre-noviembre el que suele poder presentar períodos más largos de vientos fuertes del sur. El aire cálido que trae el viento sur es menos denso que el aire previo a la situación, por lo que bolsas de aire más fresco quedan atrapadas durante un tiempo en los valles y oquedades del terreno, hasta que por frotamiento con el aire superior móvil, y por turbulencia diurna, son desplazadas y arrastradas también por el viento. En situaciones de viento sur, es característica la aparición en el cielo vasco de altos cúmulos de fisonomía lenticular que permanecen estacionarias, aunque en realidad están atravesadas por veloces corrientes de aire. En otros casos, en situaciones muy persistentes de viento sur o sudoeste moderado, el cielo permanece despejado con un azul puro y profundo. La subsidencia del aire y el barrido hacia el mar impiden la difusión vertical de polvos y humos, lo que, junto con la baja humedad relativa, limpia la atmósfera y realza los colores. • La galerna: Las galernas son vientos típicos que afectan especialmente a la costa sudeste del Cantábrico y que a veces se confunden, sin serlo, con los típicos temporales del noroeste que afectan a toda la costa cantábrica. Las galernas son esencialmente entradas súbitas de aire marino con ráfagas de fuerza 8 y 9, entre 60 y 85km/h. Aparecen repentina y brutalmente. El mar se agita en breves instantes y en los puertos algunos barcos rompen amarras. La visibilidad desciende rápidamente por debajo de los 1.000 metros y se adentran en tierra estratos bajos. Normalmente los signos anunciadores de una posible galerna son las temperaturas anormalmente altas de la mañana, entre 23ºC y 30ºC, y que no son debidas a vientos fuertes del sur, sino que, por el contrario, el viento es flojo o bien existe una calma chicha. No existen apenas en la región gradientes isobáricos de presión, la cual se mantiene en un valor medio, ni alto ni bajo. El cielo suele estar despejado o muy poco nuboso. Probablemente en el desencadenamiento de una galerna intervenga el contacto, con fuerte contraste térmico, entre una masa de aire superficial muy cálida que se ha formado en la depresión del Ebro y que ha avanzado lentamente por los niveles bajos hasta la costa, y una masa de aire fresco marino. Entonces, en algún momento avanzado del día, el aire marino superficial, más denso, rompe la frontera inestable que separa las dos masas, y se cuela y se adentra por debajo de la masa de aire continental. A veces coincide con la llegada de un frente frío del oeste, pero no es necesario. Puede haber galernas desde Marzo hasta Octubre, pero las más frecuentes se producen en los meses del verano, aproximadamente dos al mes por término medio. La hora suele ser más bien a la tarde, aunque también pueden ocurrir galernas nocturnas. El clima según las estaciones PRIMAVERA Así como los comienzos del invierno son inciertos, el paso del invierno a la primavera tampoco se presenta en unas fechas determinadas con precisión. El invierno en la vertiente atlántica es largo y a veces parece prolongarse unas cuantas semanas más allá del equinoccio astronómico de primavera, que se produce hacia el 21 de Marzo. Todavía en las dos primeras semanas de Abril, es frecuente que hagan su última incursión en Euskadi masas polares portadoras de nieve, y causantes de heladas incluso en la costa. En la zona del interior la existencia de heladas en Abril es casi segura todos los años. En realidad, a lo largo de toda la primavera hay episodios de tiempo realmente fresco. Además, la primavera es muy lluviosa, especialmente en lo que se refiere a la duración más que a la intensidad de las precipitaciones, en todo el territorio de Euskal Herria. Abril es el mes con mayor número de días de lluvia. En los años de primaveras muy húmedas y prolongadas da la sensación de que el verano sucede al invierno sin transición alguna. En el interior es distinto. La primavera está siempre más presente ya que, con el aumento de las horas de insolación, se nota más de mes a mes la subida térmica y la desaparición de las heladas. La primavera se presenta bastante lluviosa pero mucho menos oscura que el invierno. El número de horas de sol aumenta sensiblemente. En todas partes en Mayo se duplican las horas de sol que había en Enero. La primavera vasca, pues, existe, y como testimonio está la espléndida vegetación que, con todos los colores del verde, agradece el que al aumento del sol sigan acompañándole unas lluvias abundantes. VERANO Tras algunos titubeos frescos de final de primavera el verano se instala en las fechas del solsticio de Junio. El anticiclón de las Azores se expande hacia el norte, la circulación general de vientos del oeste casi desaparece, y en esta situación las particularidades geográficas locales determinan de nuevo las diferencias térmicas entre las diferentes comarcas climáticas. Se agudiza térmicamente la diferencia entre una estrecha franja o línea de costa, afectada por las brisas marinas, y los valles y el interior poco afectados por ellas. Tras rebasar las montañas de la divisoria, lo más notable de reseñar del verano es el gradiente térmico existente entre la parte occidental alavesa y la parte oriental. A medida que avanzamos hacia el este la influencia dulcificante del Cantábrico va desapareciendo por completo y las temperaturas estivales aumentan considerablemente. Este gradiente térmico va unido a un claro aumento de la insolación. En lo referente a la humedad, las diferencias norte-sur son muy importantes. La vertiente cantábrica tiene unos índices de humedad relativa muy altos, mientras que, por el contrario, en la Euskal Herria media y meridional los índices estivales bajan mucho con respecto a los de las otras estaciones del año. OTOÑO Tampoco el otoño se inicia en unas fechas claras y coincidentes con el equinoccio, pues si bien en las estadísticas meteorológicas se suele considerar a Septiembre como primer mes del otoño, sus parámetros climáticos son más veraniegos que los del propio Junio. Así, en casi todos los observatorios, y especialmente en los de la vertiente norte, Septiembre presenta unas temperaturas medias superiores a las de Junio y en los observatorios de la costa es precisamente Septiembre el mes que presenta el menor número de días cubiertos. Por lo tanto, y sobre todo en la costa, es mejor considerarlo más propio del verano que del otoño. De esta manera la estación otoñal se acorta y ocupa sólo dos meses: Octubre y Noviembre, frente a los cuatro del verano. El otoño europeo se caracteriza por tener una circulación general de vientos del oeste que es lenta y dibuja amplios meandros. Su comienzo se hace notar cuando, generalmente en Octubre, llegan en superficie las primeras coladas frías más o menos duraderas de masas de aire polar marino, favorecidas por la presencia de un persistente anticiclón en el Atlántico. Si estas situaciones del norte se prolongan pueden provocar una gran abundancia de lluvias, ya que, al permanecer aún muy cálida la superficie del mar, la evaporación y las precipitaciones son muy intensas. Térmicamente, aunque las temperaturas medias bajen con brusquedad en estos dos meses, el otoño de la vertiente cantábrica se parece con más frecuencia al verano que al invierno. Octubre es en todos sus observatorios más cálido que Mayo.Al otro lado de la divisoria cántabro-mediterránea, la templanza del otoño no es ni mucho menos tan clara, y Noviembre se presenta ya como un mes bastante frío. INVIERNO En el País Vasco el invierno suele comenzar bastante antes del solsticio y se adelanta a Noviembre, e incluso, casi siempre, existen ramalazos invernales ya en el mes de Octubre. El invierno de nuestra región climática se caracteriza en los mapas isobáricos por la retirada hacia el sur del anticiclón de las Azores, con lo que queda libre la vía de entrada en Europa de los vientos atlánticos, acompañados de las borrascas y frentes nubosos que traen con ellos. Producen en la costa de Europa el típico tiempo del invierno, con semanas en las que se alternan con rapidez días frescos y lluviosos con cortos episodios de cielos despejados en los que el sol apenas tiene tiempo de calentar la tierra y el aire. En lo que se refiere a las temperaturas mínimas, la costa vasca se caracteriza por la moderación térmica invernal, con medias de las mínimas rondando los 5ºC. Sin embargo, en cuanto pasamos las sierras de la divisoria, en Alava/Araba, las temperaturas mínimas nocturnas rondan en los días de invierno la temperatura de congelación. Todo lo explicado se podría resumir diciendo que se distinguen hasta tres tipos de climas en el PaísVasco: un clima oceánico en el sector litoral, con elevadas precipitaciones anuales y temperaturas suaves a lo largo de todo el año; un clima de alta montaña, con un régimen de precipitaciones superior a los 2 000 mm anuales y temperaturas frescas en verano; y un clima mediterráneo de tendencia continental en las tierras interiores y meridionales. La principal característica del clima del País Vasco es el alto porcentaje de humedad ambiental (76 % de media anual) como consecuencia de la constante entrada de vientos de origen atlántico. El valor de las precipitaciones es elevado, y en las capitales oscila entre los 877 de Vitoria-Gasteiz y los 1 529 mm de San Sebastián. La concentración más elevada de precipitaciones se da en los últimos meses de otoño y los primeros de invierno, mientras que los valores son más reducidos en junio y julio. En cuanto a las temperaturas, en la costa las medias anuales de las capitales oscilan entre los 13ºC de Donostia-San Sebastián y los 14ºC de Bilbao. En Vitoria-Gasteiz, la media anual de las temperaturas está en torno a los11º6 C, y presenta la mayor amplitud térmica anual de las tres capitales (14,5º C). Relieve El relieve del País Vasco se compone de dos unidades principales: los Montes Vascos y la Depresión del Ebro. Montes Vascos Ubicados entre los Pirineos y el sector cántabro de la cordillera Cantábrica. De altitud moderada (la cota más elevada apenas sobrepasa los 1.500 m. de altitud) y de formaciones sedimentarias (predominantemente calizas) de la eras secundaria y terciaria que fueron levantadas y plegadas como consecuencia de la orogénesis alpina. Dentro de los Montes Vascos se pueden diferenciar las siguientes unidades: AL NORTE DE LA DIVISORIA DE AGUAS: Cadenas Costeras: entre el cabo de Higuer y la localidad de Zumaia, se alzan una serie de montañas, Jaizkibel (549 m.), Ulia, Urgull, Igeldo, Mendizorrotz, de materiales recientes, terciarios, y de escasa altitud. • Cadena Prelitoral: Se corresponde con las sierras algo más alejadas de la costa. En este sector, el relieve pierde suavidad y se convierte en montes más elevados, con pendientes acusadas y fuertes desniveles, y estrechos valles. De Este a Oeste destacan las montañas de Uzturre, Macizo del Ernio (1.072 m), Pagoeta, Erlo y Arno en la provincia de Gipuzkoa, y Bedartzandi e Illuntzar en la de Bizkaia. Dado el predominio litológico calizo, la karstificación es un fenómeno morfológico frecuente. • Macizo de Cinco Villas: Entre Gipuzkoa y Navarra se alza una estructura tí¬pica de macizo paleozoico conocida como Macizo de Cinco Villas, de materiales paleozoicos. Aunque sus máximas alturas apenas sobrepasan los 1000 m (Urepel, 1059 m), su cercaní¬a al mar y los fuertes desniveles respecto del fondo de los valles le proporcionan un aspecto montuoso e intrincado. • Montes y Valles de los Cursos Medios: Entre la Cadena prelitoral y las cabeceras de los principales rí¬os, situadas al pie de las sierras de la Divisoria Cantábrico-Mediterránea que sirven de lí¬mite, se extiende esta unidad de litologí¬a variada que se corresponde con el tramo medio de las principales arterias fluviales (Oria, Urola, Deba, Butrón, Asua, Ibaizabal, Kadagua). Las cumbres de los montes (Murumendi, Izazpi, Irimo, Urko en Gipuzkoa; Oiz, Sollube, Ganekogorta y Montes de Triano en Bizkaia) apenas sobrepasan los 1.000 metros de altitud. CADENA DIVISORIA CANTÁBRICO-MEDITERRÁNEA: Cadena que señala la divisoria de aguas entre el Atlántico y el Mediterráneo. A lo largo de unos 100 km se van sucediendo de este a oeste una serie de sierras que dividen casi por la mitad el Paí¬s Vasco en dos áreas muy diferenciadas tanto desde el punto de vista fí¬sico como humano. Alineación que se inicia al este con la sierra de Aralar (Irumugarrieta 1.400 m), entre Gipuzkoa y Navarra; sierra de Aratz y Aizkorri (Aitxuri,1.551) y sierras de Urkilla y Elgea, entre Gipuzkoa y Álava, cresterí¬os del Duranguesado (Anboto), macizo del Gorbea (1.475 m.) entre Bizkaia y Álava, y sierra de Salvada. Importancia de la litologí¬a calcárea que proporciona una morfologí¬a kárstica. AL SUR DE LA DIVISORIA DE AGUAS: • La Llanada: Amplio valle drenado por el rí¬o Zadorra y delimitado por una orla montañosa (al norte, la Cadena Divisoria Cantábrico-Mediterránea; al sur las Sierras Centrales de Álava, al oeste las sierras Occidentales). Su altitud ronda los 500-600 m. • Sierras Centrales de Álava: Se extienden entre la Llanada y la Cuenca de Treviño y dividen en dos partes casi simétricas la provincia alavesa. De altitudes modestas (Kapildui, 1180 m., es la cota más elevada) pero continua. De este a oeste se suceden las sierras de Entzia e Iturrieta, Montes de Vitoria y sierra de Tuyo. • Valles y Sierras Occidentales: El conjunto serrano, preferentemente calcáreo, lo forman las sierras de Badaia, Arkamo, Gibijo, Salbada y Arrato; los valles que separan estas sierras, excavados sobre materiales arcillosos más blandos, son los de Kuartango, Omecillo, Valdegoví¬a. • Cuenca de Treviño: Valle amplio y rodeado de montañas. Cuenca sedimentaria terciaria de litologí¬a variada, • Valles y Sierras Sudorientales: Coincide con la comarca denominada Montaña Alavesa. Zona de morfologí¬a intrincada con montañas que superan los 1.000 m. (Anboro, 1048 m.). Al pie de la sierra de Joar (o Codés) se abre la depresión de Santa Cruz de Campezo, uno de los espacios más amplios de la Montaña Alavesa. • Sierra de Toloño-Cantabria-Joar: Separa las comarcas centrales de Álava, el ámbito del clima océanico de transición, de la Rioja Alavesa, da paso al clima mediterráneo continentalizado. Se trata de una alineación calcárea, alargada de este a oste, con notoria continuidad topográfica, que culmina en el pico Palomares (1.436 m). Depresión del Ebro Entre la Sierra de Toloño-Cantabria-Joar y el rí¬o Ebro, se extiende la comarca de la Rioja Alavesa que forma una pequeña parte de la amplia Depresión del Ebro. Se formó durante la orogenia alpina que ocasionó el hundimiento del zócalo. A partir de su formación los sedimentos provenientes de las montañas circundantes se fueron depositando hasta colmatar la cuenca en un medio marino al principio y en un medio lacustre después. Es una zona de materiales terciarios y cuaternarios (arcillas, areniscas) de relieve suavemente inclinado hacia el sur, hacia el rí¬o Ebro. En esta inclinación encontramos el Piedemonte de la sierra de Cantabria en el que destacan por erosión diferencial algunos cerros labrados en areniscas. Aparecen varios niveles de glacis (superficie de erosión al pie de zonas montañosas, de pendiente suave, que se desarrolla en regiones semiáridas) que enlazan la base de la sierra con los niveles más bajos y terrazas asociadas al río Ebro como la Puebla de la Barca. Pero este tema también se puede ver señalando que el País Vasco tiene una compleja topografía, sin cimas muy elevadas, pero formada por numerosos valles. En el conjunto de la Comunidad se aprecian dos unidades de relieve: una primera que se extiende por las provincias de Bizkaia, Gipuzkoa y buena parte de las tierras alavesas, y que se conoce como el arco vasco o vertiente cantábrica; y una segunda unidad, de menor extensión y localizada al surde la demarcación vasca, que se abre a la depresión del Ebro. La primera de las unidades la forman una serie de pliegue de la era mesozoica y cuya disposición sigue la orientación E-W y enlaza los Pirineos con los macizos asturianos. La unidad geoestructural hercínica y prehercínica está compuesta por cuarcitas, pizarras, esquistos, rocas graníticas y metamórficas. La costa es, en general, acantilada, con entrantes marcados por las rías y cortadas playas de arena. Frente a este litoral abrupto aparece una alineación de montañas menores que corre en dirección perpendicular a la línea de costa, montañas que ganan altitud hasta llegar a las cumbres de Peña Gorbea (1 481m) o el pico de Aizkorri (1 544 m), en el centro de la región. La Unidad geoestructural alpina está compuesta por calizas, conglomerados y areniscas indiferenciados). En el margen vasconavarro septentrional aparece el macizo paleozoico de las Cinco Villas. En relieve de la provincia de Araba desde las mencionadas sierras centrales se abre a una primera cuenca, la Llanada Alavesa, por donde discurre el río Zadorra. El río Zadorra es un río del norte de España, un afluente del Ebro, que discurre casi por completo por Álava, desembocando entre las localidades de Miranda de Ebro y el municipio alavés de Zambrana, donde realiza unos 200 metros de frontera entre el País Vasco y Castilla y León. Nace en las estribaciones de la Sierra de Entzia, al este de Agurain, y se dirige al noroeste para ser represado en el Embalse de Ullibarri-Ganboa tras recoger las aguas del Valle de Barrundia. Tiene una longitud de 78km con una superficie de 1398km2. El caudal medio es de 13,7 m3/s. Sus afluentes y subafluentes son Urkiola, Albina, Alegría o Dulantzi, Zalla y Ihuda (más conocido como Ayuda). Atraviesa los municipios de Agurain, Ullibarri, Ganboa, Abetxuko, el norte de Gasteiz y Nanclares de la Oca. Desemboca en el Ebro, entre Zambrana y Miranda de Ebro, lo cual quiere decir que tiene la vertiente mediterránea. El conjunto de los embalses de Ullibarri-Ganboa y Urrunaga supone una capacidad de almacenamiento de 220 hm3 de agua, utilizados fundamentalmente para el suministro de agua a Gasteiz y al Area Metropolitana de Bilbao. Si se define al Ebro como río marginal, como mero colector de casi todas las aguas alavesas, el Zadorra es el más caudaloso e importante, río de Álava por antonomasia. Por su importancia geográfica, juega un papel similar al Ibaizabal en Bizkaia o al Oria en Gipuzkoa. CASERÍO BENGOETXE EN LUJUA Un cordón de montañas de orientaciónW-E en que destacan los Motes de Vitoria (Kapildui, 1 180m) y las estribacionesde la sierra de Urbasa, separa la Llanada Alavesa del Condado de Trevino. Al sur de la depresión de Treviño, la sierra de Cantabria abre las puertas al valle del Ebro. Los montes de Vitoria son una sierra que se encuentra entre las provincias de Burgos y Álava, en España. Se encuentra entre Vitoria y Treviño. Comienzan en la cima de Castillo Grande y finalizan en la de Indiagana. La Cuadrilla de la Llanada Alavesa es una de las siete comarcas en las que se divide administrativamente la provincia vasca de Álava. Se sitúa en el noreste de la provincia y ocupa la mitad oriental de un amplio valle conocido como la Llanada Alavesa. La Llanada ha sido desde siempre tierra de encuentro y cruce de caminos. Lo sigue siendo actualmente, cruzada por la autovía NI y el ferrocarril Madrid-Irún, lo que le hace contar con unas excelentes comunicaciones. La comarca ofrece al visitante interesantes rutas para conocer su patrimonio histórico. Podemos descubrir la comarca a través de sus monumentos megalíticos, las iglesias situadas dentro del itinerario del Camino de Santiago del interior, como Gazeo o Alaitza, visitando el amurallado casco histórico de Salvatierra, o haciendo una parada en el renacentista Palacio de los Larrea en Argómaniz, convertido hoy en Parador de Turismo. En cuanto a la naturaleza, las sierras que delimitan la Llanada por el norte, Parque Natural de Aizkorri-Aratz, y por el sur, Entzia e Iturrieta, ofrecen amplias posibilidades para el senderismo. Además, en torno al embalse de Ullibarri-Ganboa se puede disfrutar del Parque de Garaio, con playas acondicionadas para el baño y del Parque Ornitológico de Mendixur, enclave ideal para la observación de aves. En pocas palabras, el relieve de Euskadi se caracteriza por la presencia de los Montes Vascos, una cadena montañosa media que conecta los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, creando un paisaje muy accidentado y compartimentado en valles, valles fluviales (como los que dan lugar a rías en la costa) y zonas de transición hacia la depresión del Ebro, destacando el Macizo de Aizkorri (el punto más alto, 1551 m) y sierras como Gorbea, Aralar, Urbasa y la Sierra de Cantabria, con un litoral escarpado de acantilados, rías y playas. Vegetación Introducción La flora potencial que en una determinada región debería existir viene condicionada por el clima y la topografía y en menor medida por el sustrato geológico sobre el que se asienta. Es nuestra región una zona sometida a las influencias oceánicas, húmedas, de los vientos provenientes del Cantábrico: en dirección N-W fundamentalmente. Ello, junto con la disposición de las cadenas montañosas, generalmente de E a W, determina esa disimetría tan acusada entre las laderas Norte y Sur de nuestra región. El paisaje vegetal de nuestra región es sin embargo, de extraordinaria variedad y no se podría olvidar en esta breve reseña los paisajes áridos del Pirineo (estepa fría) y de las Bardenas (estepa árida). En justicia tampoco deberíamos olvidar aquellos otros ambientes marginales: arroyos, fuentes, gleras, etc., donde tan a menudo los botánicos urgan en busca de alguna curiosidad; pero no hablaré de ellos para evitar que resulte pesada la lectura de estas páginas. La contemplación de las formas actuales de vegetación no se corresponden con esa vegetación potencial de la que hablamos. Un factor ha venido a alterar aquel equilibrio permanente: desde hace siglos el hombre ha intervenido de modo decisivo para que la situación sea como actualmente la conocemos. De tal manera que podemos decir que una gran parte del paisaje actual está humanizado y sólo considerando esto podemos llegar a explicar el actual estado de cosas. Nuestra idea es ir exponiendo cómo los factores clima y topografía determinan una distribución determinada en altitud y en latitud, de modo que el lector pueda imaginar que realiza un viaje que primeramente le llevará desde la orilla del mar hasta las cumbres pirenaicas y que posteriormente desciende de éstas para llegar, en el viaje hacia el Sur, a la depresión del Ebro, hasta las mismas orillas de este río. Comunidades litorales En este viaje, la primera parada la haríamos a nivel del mar, en una costa donde predominan los acantilados y donde las playas adquieren escaso desarrollo, lo cual hace que exista un desarrollo muy pobre de vegetación psamófila (amante de la arena) en nuestra costa. La fundamental característica de estos ambientes es la elevada salinidad, que impone duras condiciones de vida a las plantas. Tres «habitaciones» gustan de ocupar las plantas amantes de la sal: ACANTILADOS En ellos deja de tener importancia la influencia climática y prepondera, hasta los 40 m. aproximadamente de altura, la influencia salinizadora del viento, que arrastra gotitas de agua salada de las salpicaduras. En este caso la naturaleza del sustrato tiene mayor influencia sobre la vegetación existente. Por citar algunas de las plantas que más frecuentemente aparecen en este ambiente, nombraremos: el «hinojo marino» (Crithmum maritimun), planta de hojas carnosas (adaptación muy frecuente en los ambientes, como este, que suponen sequía. En este caso la sequía no es por falta de humedad, sino porque esta agua existente en el ambiente no puede ser tomada por las plantas por tener alta concentración de sales) y florecillas amarillas que parecen estar formando un parasol (umbela). Esta planta es la que con más frecuencia suele verse en este ambiente. Dos llantenes: el marino (Plantago maritima), de hojas también carnosas y aquel otro cuyas hojas parecen una corona (Plantago coronopus), son también frecuentes en estos ambientes. El culantrillo de mar (Asplenium maritimum) aparece allá donde el sustrato es muy silíceo. A veces en los cantiles calizos aparece la Beta maritima, que se cree que es la planta que dio origen a la remolacha, de hojas grandes y glaucas (verde-azul-grisáceas). PLAYAS El escaso desarrollo de las playas en nuestro litoral, por un lado, y la gran presión turística que estos ambientes han sufrido y sufren, por otro, han hecho que la vegetación típica de playas quede reducida a escasos enclaves que se tratan de defender por su interés cultural. En Gipuzkoa, quizás la playa de Santiago de Zumaia sea la que mejor conserva este tipo de vegetación (muy poco la de Zarautz). En las partes más próximas al mar, el efecto de la salinidad es mayor; además las plantas han de apechugar con el bombardeo, más o menos intenso, de partículas de arena que son arrastradas por el viento. En las zonas más internas de la playa, el lavado por el agua de lluvia hace que la salinidad disminuya y el arrastre de arena sea menor pues ya existe escasa vegetación por delante que actúa de parapeto. La planta más característica de este ambiente es el barrón (Ammophilla arenaria), gramínea ruda que aguanta bien esas condiciones y que suele hacer de fijador de las dunas, ayudado por su intrincada red radicular. Sin embargo no es ésta la pionera que baja a los niveles bajos, más duros, ya que no es una planta que aguante bien la salinidad. La grama marina (Agropiron jumceum) es la pionera, pues aguanta bien niveles altos de salinidad. Junto a ella se encuentra, entre otras la barrilla pinchosa (Salsola kali), que volverá a aparecer en los «desiertos secos». Junto al barrón, en la zona alta de la primera duna aparece el vistoso cardo marinero (Eringium maritimum), de hojas grandes, espinosas (adaptación que suele ser frecuente a la sequía), con recubrimiento céreo (id.) de color azul-grisáceo pálido y con vistosas cabezuelas azuladas. Detrás de la primera duna aparecen plantas que forman un recubrimiento más denso del suelo y entre ellas se van ya viendo algunas que serán más típicas de los prados, como queriendo decir que según nos alejamos del mar cada vez el ambiente deja de notar la influencia de éste para parecerse más a ese otro de los padros del interior. MARISMAS Debido a las canalizaciones de los márgenes de los ríos, el desarrollo de las marismas es exiguo en nuestro litoral y tan sólo la ría de Gernika y las de los ríos Bidasoa y Urola (este último en menor grado) tienen vegetación de marismas digna de consideración. Guinea dice apreciar una zonación de estas comunidades con las siguientes orlas de vegetación: En la zona que se sumerge en pleamar existen plantas carnosas que aguantan bien la salinidad; es el caso de la salicornia (Salicornia herbacea). En aquellos terrenos emergentes aparece la Pucinellia maritima, con importante papel como fijador de los limos que va aportando el río. Los niveles no alcanzados por las aguas en la pleamar suelen presentar juncos (Juncus maritimus), siendo también frecuente la Inula crithmoides, de hojas y tallos carnosos y cabezuelas amarillas. En la parte más extensa suelen aparecer los carrizos (Phragmites comunis) y unos arbustos que suelen delimitar, no sólo este ambiente, sino también las playas y los cantiles, el tamariz (Tamarix gallica). En no pocas ocasiones, marcando el límite del paso del ambiente marítimo al del interior, y al nivel de los tamarices, suelen aparecer plantas que son viejas reliquias de épocas muy cálidas (Terciario) que vivió nuestra región. Son entre otras: encinas, laureles, madroños... También es de reseñar la importancia, por lo endémica, de la vegetación de los pequeños arroyos que se orientan al mar en la pequeña cadena litoral. También en estos lugares suelen aparecer, a veces, plantas típicas de alta montaña pirinaica. Tal es el caso de algunos lirios (Iris) o de la flor de lys del Pirineo (Lilium pirenaicum). Niveles bajos: El paisaje rural Es en este nivel, hasta aproximadamente los 600 mts. s. n. m., donde el hombre ha desarrollado mayormente su actividad. De alguna manera las formaciones vegetales nos muestran esto. El robledal sería el bosque que en un tiempo dominaría este nivel; en la actualidad no quedan más que salpicaduras aquí y allá de este bosque autóctono. De otro lado en esta zona de prados y heredades, en otro tiempo lindadas por setos, el pino de Monterey (Pinus radiata=Pinus insignis) adquiere su máxima expresión como un componente más del paisaje, como uno más de los cultivos que el hombre ha introducido en nuestro paisaje. Queremos comentar en este nivel las siguientes unidades de paisaje: landas (como uno de los aspectos de la degradación del robledal), pastos, setos, robledales, alisedas y también comentaremos los encinares que en ciertas solanas, sobre calizas generalmente, aparecen. PRADOS Y CAMPAS La desaparición del roble ha venido en la mayoría de los casos de la utilización del terreno para prado, generalmente de siega, que el hombre corrige; más raramente los prados son usados para diente, al menos así era hasta hace poco en nuestra provincia. Entre las especies que dan carácter a esta asociación están: el trébol de prado (Trifolium), que como otras leguminosas que aparecen en los prados tienen la interesante propiedad de nitrogenarlos; el dáctilo (Dactilys glomeratu), la cizaña (Lolium peremne), entre las especies de gramíneas; y las margaritas (Bellis permnis) y el diente de león (Taraxacum dens-leonis) entre aquellas que pertenecen a la familia de las compuestas. Todas ellas, generalmente, de extraordinaria facilidad de reproducción vegetativa por emisión de estolones, lo que hace de este ambiente uno de los más resistentes a las agresiones. Junto a las viviendas rurales suelen aparecer otras especies que son fieles compañeras del hombre, amantes de ese ambiente más nitrogenado que el hombre suele provocar con su actividad: ortigas, malvas, lapas, etc. Junto a los caminos aparecen plantas típicamente ruderales, algunas de las cuales, como los diversos yantenes (Plantago), especialmente resistentes a las pisadas, poseen unos tallos muy flexibles, difíciles de romper, que cuando los pisas vuelven a quedar rectos. MATORRALES: SETOS Y LANDAS En aquellos lugares donde el robledal ha sido talado aparece una comunidad vegetal típicamente cantábrica: la landa. Es un matorral cuya fisonomía viene condicionada por brezos (Erica) y brecinas (Calluna), utilizadas tradicionalmente en la fabricación de escobas duras, argoma o tojo (Ulex); así como helecho común (Pteridium), utilizado como cama para el ganado. Brezos, brecinas y tojos tienen la fisonomía típica de las plantas de lugares más secos; parece que efectivamente emigraron por toda la costa atlántica, desde el Sur de la península, hasta llegar a nuestro litoral. Suelen aparecer en aquellos prados con escasa presión ganadera. Los pastores, para hacerlos desaparecer, suelen darles fuego, consiguiendo, dada la potente raíz de los tojos especialmente, justo los efectos contrarios a los deseados. Este tipo de matorral suele constituir frecuentemente el borde del bosque. Nos ha tocado ver, especialmente en aquellas landas más costeras como entre estas plantas comienzan a brotar, probablemente de cepa, plantitas de roble; si se dejase actuar a la naturaleza poco a poco se iría regenerando el primitivo bosque. La desaparición del segundo tipo de matorral, los setos, ha venido de la mano de la desaparición de la ganadería itinerante y de la aparición de los setos artificiales a base de alambres de espinos. Esta vegetación cumplía en aquel sistema tradicional de explotación de nuestro suelo interesantes papeles entre los que cabe citar: lindaban lo que era forestal de lo que era pecuario; bombeaban la fertilidad que quedaba retenida en las capas más profundas del suelo, donde las raíces de las hierbas del prado no llegaban, hacia la superficie; evitaban, en cierta medida, el lavado de materiales en superficie y los desprendimientos de ladera. Hoy a penas sí queda este importante elemento del paisaje tradicional. De todas maneras aquellas especies que los constituían sí que aparecen, frecuentemente en los bordes del bosque; se trata de plantas leñosas con porte de arbusto que frecuentemente poseen pinchos: el majuelo (Crataegus monogina) que da las llamadas manzanitas de pastor; el aligustre (Ligustrum vulgare) utilizado como seto por su gran facilidad de reproducción por estaca; el endrino (Prunus espinosa), pinchoso como el primero, cuyos frutitos en anís maceran dando pacharán. También es frecuente un arbusto cuyas hojas toman un tono rojo sanguinoliento en el Otoño, el cornejo (cornus sanguinea); suelen verse acebos (Ilex aquifolium) y rosas silvestres (Rosa sp.) que producen tapaculos; avellanos (Corylus), etc. También frecuentemente en los setos se pueden ver árboles: Arces (Acer), Evónimos o boneteros (Euonimus), chopos (Populus), saces cabrunos (Salix caprea), etc. Sería interesante que se recuperasen los setos como parte integrante del paisaje; cuentan que en Inglaterra, donde apenas sí quedan bosques, cuidan los setos existentes como si se tratara de un tesoro. ALISEDAS En la vertiente atlántica la vegetación típica de los ríos suele ser la aliseda, que debido a la presión humana, tan brutal en esta zona, no suelen encontrarse o muy raramente, bien formadas. Este bosque, que frecuentemente forma galerías en los ríos, suele utilizar los terrenos limosos, profundos y que se encharcan con facilidad, de junto a los ríos. Dado que se someten a constantes cambios y avenidas, no extraña el que las especies que viven en este ambiente sean buenas colonizadoras y produzcan semillas con profusión (es frecuente ver alisos colonizando zonas descarnadas). El estrato arbóreo de las alisedas está compuesto casi exclusivamente por alisos (Alnus glutinosa), a veces aparecen fresnos (Fraxinus excelsior). El sustrato arbustivo, muy rico, está predominado por sauces (Salix), que suelen colonizar las zonas que el río va dejando. También en este estrato aparecen saucos (Sambucus), avellanos (Corylus), zarzamoras (Rubus)... En el nivel de las hierbas es frecuente la cola de caballo (Equisetum maximum) y una multitud de carices (Carex) y juncos (Juncus); también los aros (Arum), tan parecidos a las calas, de las que son parientes próximos. Abundan en este ambiente las trepadoras: madreselvas (Lonicera), hiedra (Hedera), clemátide (Clematis), lúpulo (Humulus)... Todas estas especies son amantes de la humedad y de los suelos profundos. En la actualidad muchos de los terrenos con vocación de alisedas son cubiertos por cultivos de chopos o son utilizados como huertas. En casos también las orillas han sido adornadas con plátanos de sombra. ROBLEDALES Prácticamente toda la zona del piso colino (hasta unos 600 m.) debió ser en su día dominio del robledal. Pero sobre ella, aprovechando los suelos profundos y fértiles que éste produce, el hombre ha ejercido su acción de un modo más dramático, primero ruralizando aquél primitivo bosque y más tarde peinándolo de carreteras, industrias y cultivos silvícolas exóticos. El árbol que da forma a esta unidad es el roble pedunculado Quercus robur, de preferencia por los terrenos silíceos, de suelo profundo y que se encharcan temporalmente. Tienen una transpiración elevada que les hace actuar como si fueran verdaderas bombas de agua. Requiere una precipitación superior a los 600 mm. anuales, de los cuales, al menos 200 han de caer durante el período de crecimiento: verano. El área de distribución de estos robledales ha quedado reducida en Guipúzcoa y Vizcaya a pequeños retazos sueltos. En Alava también ha sufrido una fuerte regresión, citándose en ella el límite meridional de este bosque para el País Vasco: Montoria, al pie de la Sierra Cantabria. En Navarra quedan zonas en lugares poco intervenidos de Ulzama, Burunda y Baztan, de relativa importancia. En el estrato arbóreo acompañan a este roble, el otro del país conocido como «ametza» (Q. pyrenaica), que más ráramente que el anterior, llega a formar bosques en el límite entre el anterior y el hayedo. Le acompañan el fresno (Fraxinus excelsior), avellano, abedul (Betula), que a veces suele formar bosquetes, especialmente en aquellas zonas colonizables; los olmos (Ulmus), castaños (Castunea), cultivados sustituyendo al roble en casos; servales (Sorbus), arces (Acer)... En el sustrato arbustivo se encuentran la mayoría de las plantas citadas en el apartado b) matorrales. En el estrato herbáceo aparecen numerosos helechos, arándanos (Vaccinium), brusco (Ruscus), brezos, botones de oro (Ranunculus), etc., todas ellas generalmente plantas acidófilas. Con frecuencia, y este hecho merecería un análisis a parte, las zonas con vocación de robledal han sido cultivadas con pino de Monterrey que ha crecido rápidamente en los suelos fértiles y que ha llegado a modelar gran parte del paisaje de nuestra región. Esta política que en un principio parece que tuvo motivos acertados debería hoy en día ir cambiando. De hecho ya se observa por parte de las entidades públicas el deseo de ir sustituyendo éstos por roble del país o más frecuentemente por roble americano (Q. rubra), cuya madera es de peor calidad que la de nuestros robles. Se debería hacer un esfuerzo de recuperación, no sería costoso dada la vitalidad de estos robles, de éstas y otras especies que antaño daban carácter a nuestro paisaje. ENCINARES Relegados en la actualidad a aquellos lugares donde el hombre no ha podido desarrollar el carbóneo o donde el escaso interés del suelo aconsejó que no fueran talados para utilizar el suelo como lugar de asentamiento de cultivos. La encina es un árbol relictual que permanece aquí recordando otras épocas (Terciario) que fueron de clima más cálido. Llega a subir hasta los 500 m. s. n. m. y forma bosquetes desde zonas muy próximas al mar hasta otras del interior: Motrico, Deba, Ataun...; generalmente en valles que llevan sus aguas al Cantábrico, en aquellos lugares donde el suelo es poco profundo, la roca madre es caliza y la exposición generalmente al medio día. Todo ello proporciona el ambiente adecuado para que el bosque persista. La encina (Quercus ilex) es la especie que da nombre a esta unidad de paisaje. Junto a ella se suelen conservar especies interesantes que son también restos de aquella vegetación terciaria y que gracias a la benignidad de nuestro clima pudieron sobrevivir a las condiciones adversas de las glaciaciones: acebo (Ilex aquifolium), madroño (Arbutus unedo), aladierna (Rhamnus alaternus), brezo arbóreo (Erica arborea), plantas todas ellas con hojas que reflejan la adaptación a climas más cálido q También en otros estratos aparecen bruscos, y trepadoras: esparragueras (Asparragus), hiedra (Hedera), mueza negra (Smilax aspera), casi todas ellas reflejando la adaptación antes apuntada. En Guipúzcoa pueden apreciarse encinares relativamente extensos en la zona de Lastur y Ugarte-Berri, siendo frecuente encontrar pequeñas manchas a todo lo largo del litoral vasco. Niveles medios: La cultura pastoril A partir de los 600 m., la abundancia de nieblas que han condensado unas veces al calor de la roca, otras debido a la pérdida de calor de las masas de aire al ascender, el dominio del roble deja paso a las hayas (Fagus sylvatica); aquel gustaba de «pies» húmedos y «cabeza» seca y esta a la inversa, «pies» secos y «cabeza» húmeda. A estos niveles no ha llegado el agricultor. Los pastores talaron el hayedo para usar los pastos que así resultaban. En el Pirineo, al nivel del Haya, y en aquellas vaguadas profundas y húmedas aparece el abeto (Abies alba), que forma con aquella un interesantísimo bosque mixto: el hayedo-abetal. Así, pues, en este nivel vamos a citar los siguientes elementos del paisaje vegetal: hayedo, hayedo-abetal pirenaico, y todavía a este nivel la landa de altura, como transición hacia el pasto alpino. También cabría citar alguno de los cultivos silvícolas que el hombre ha introducido a este nivel: abeto rojo (Picea), abeto de Douglas (Pseudopsuga), alerce (Larix), falso ciprés (Chamaeciparis), etc. pero sería excesivamente extenso. Niveles altos: El Pirineo Por encima de los 1.700 m. los rigores del clima condicionan un tipo de vegetación que recuerda a la taiga: es el ambiente en el que vive el pino negro (Pinus uncinata) especie que aguanta intensas heladas, fríos a destiempo y precipitaciones considerables en forma de nieve. Todavía por encima de estos bosques y hasta los 2.444 m. de la Mesa de los Tres Reyes aparece el desierto frío, la «tundra» de altura: un pasto ralo y pinchoso que aprovecha los meses de verano para desarrollarse, realizar sus funciones y volver a quedar sepultado en la sequedad de los hielos. La zona de transición Bajando en este hipotético viaje hacia el Sur, ya en el área del País que recibe, al menos en parte, las influencias mediterráneas, allá donde el clima se continentaliza, nos encontramos, a unos 1.000 m., con el pino albar, en la parte del Pirineo, que da paso a los quejigos; mientras que en la parte más occidental los pastos de la parzonería de Aitzgorri dan paso a un bosque de hayas, bajo el cual aparece casi inmediatamente bosquetes de marojo y/o de roble pedunculado. Siguiendo hacia el Sur vemos como las sierras presentan una clara disimetría entre la cara que orientan al Norte y la que lo hace al Sur. Así llegamos a las sierras que más al Sur cierran esta zona de cuencas: Sierras de Peña, Alaiz e Izco, el Perdón, Santiago de Lóquiz, Codés, La Población, Cantabria y zona de Bachicabo. MAROJALES El marojo (Q. pyrenaica), que da nombre a estos bosques, ya lo nombramos como presente en los bosques de roble pedunculado, ocupa normalmente suelos más secos y silíceos que los que utiliza el segundo. Suele aparecer formando bosquetes allá donde la altura es poca pero el suelo no es profundo y húmedo como para albergar al roble pedunculado, o en aquellas partes altas donde no llegan las brumas y, por tanto, no puede llegar el haya. O sea que es fácil que tendiese a ocupar una franja estrecha entre hayas y robles pedunculados, especialmente en las laderas soleadas. Prácticamente sólo forman bosques señalables en Alava: cara sur de la Sierra de Elguea, donde forma extensos marojales y algún barranco de la cara Sur de Gorbea. La estructura de estos bosques es parecida a la de los robledales atlánticos, si bien la variedad de especies es menor. QUEJIGALES Estos bosques se sitúan justamente en el lugar donde el clima presenta las características de transición entre la zona oceánica y la mediterráneacontinental. El hecho de que sus hojas duren todo el invierno para caer en Marzo, viene a representar la transición entre los robledales atlánticos, que echan sus hojas en Otoño y los «robledales» mediterráneos que tienen hoja perenne. No es clara la diferenciación de especies y subespecies a este nivel, ya que se dan múltiples hibridaciones que hacen difícil la labor de los sistemáticos. Nosotros hemos preferido llamar genéricamente quejigos a todo este amplio espectro de variedades. Ocupan cualquier tipo de terreno, pero prefieren aquellos más profundos y húmedos que la carrasca no puede colonizar. Es frecuente verlos sobre margas, roca muy poco permeable, en las cuencas de Pamplona y Lumbier. Su estracto arbóreo suele tener arces, carrascas (Q. rotundifolia), sevales, pino silvestre, además, claro está, de quejigos. En el arbustivo: aparecen arbustos citados para el pino silvestre y otros como jaras (Cistus), curroneras (Amelianchier), algunos brezos y alguna vez la coscoja (Q. coccifera). Entre las plantas primaverales que adornan el quejigal, están los narcisos (Narcisus), adonis (Adonis), azafranes silvestres (Crocus nevadensis). Buenos ejemplos de quejigales pueden encontrarse en Navarra y Alava. El País Vasco mediterráneo: el Ebro Al Sur de las sierras citadas en el anterior apartado y como consecuencia de lo reseco que el aire baja, la vegetación cambia su fisonomía, encontrándonos con árboles y arbustos de hoja perenne. CARRASCALES La carrasca («artea»), encina de hojas redondas, vive en lugares de poca precipitación y de clima continentalizado, es decir, con calores y fríos más extremos que en aquellos lugares donde vive la encina, que ya queda comentada más adelante. No suele tener exigencias con respecto al suelo, aunque suele encontrarse ligada a sustratos calizos en nuestra área, también aparece en lugares donde el viento reseco corre con fuerza: quebradas, solanas. La estructura es similar a la vista en los encinares, pero aparecen otro cortejo de plantas, muy acostumbradas todas ellas a la sequía: sabina negra (Juniperus phoenicia), coscoja, lentisco (Pistacia), madroño, romero (Rosmarinus), espliego, tomillo, salvia, etc. En aquellos próximos al Pirineo suele aparecer boj. Merecen la pena ser visitados los carrascales del valle de Lana, los de Carrascal, los de la Sierra de Ujué... Muy notables son los que se dan en Montejurra, el Perdón y la Sierra de Peña. En Alava las vertientes sur de Valdegobía, Santa Cruz de Campezo... En un tiempo debieron cubrir casi toda la superficie de la Rioja Alavesa, pero la acción del hombre las ha ido acantonando en lugares cada vez más recónditos. COSCOJARES Por degradación del carrascal, generalmente para la utilización en el carboneo, aparecen los coscojares, que son etapas de degradación que dejados al hacer de la naturaleza vuelven a regenerar carrascales. La coscoja (Q. cocifera) es un arbusto de hoja pequeña y pinchosa. Suele ir acompañada de sabina negra, lentisco, romero, Ramnus lycioides, jazmín (Jasminum)... Por mencionar alguno de los raros coscojares extensos citaremos el de Usun, en la entrada a la Foz de Arbayún. En Alava aparece en la zona de la Rioja Alavesa, ya en la parte más baja, junto al Ebro: Conchas de Haro y otras zonas próximas. SOTOS DE LA RIBERA Siguiendo el curso de los ríos que los abandonábamos a mitad de su camino hacia el Ebro, cubiertos, en sus orillas, de alisos, nos encontramos con toda una zona de transición en la que aquél va dando paso a los sotos formados de alisos y chopos. Como arboles de ribera que son, gustan de suelos profundos, frescos, sueltos y arenosos. Soportan bien los rigores del clima continental. Su distribución en estratos es semejante a la vista en las alisades, si bien suelen aparecer algunas de las plantas características de lugares secos que hemos vistos: romero, salvia, etc. Estos bosques han sufrido una gran transformación, quedando reducidos, allá donde existen a una hilera de árboles en los márgenes del río. La acción del agricultor en esta zona ha sido muy intensa ya desde la época romana. La estepa árida: La Bardena Con una precipitación anual inferior a los 500 mm., caídos normalmente en forma torrencial en Otoño y Primavera. Las temperaturas sufren grandes oscilaciones térmicas. Su forma topográfica es la de montes tabulares. Todo ello, junto a la presencia frecuente de yesos en el sustrato, contribuye a crear un ambiente especialmente seco. Eso lo detecta la vegetación de algún modo y se presentan adaptaciones típicas a la sequía. Yendo al grano, sostendremos que el perfil de vegetación (potencial) comprende las hayas, las carrascas, el álamo, la coscoja, el quejigo, el marojo, el carvallo y el tamariz. La vegetación potencial del País Vasco está determinada por las propias características topográficas de la comunidad y las especificidades del clima vasco. En las tierras orientadas a los húmedos vientos de origen cantámbrico, se encontrarían potencialmente tanto especies húmedas atlánticas como especies termófilas mediterráneas, ya que la acción atemperadora del mar se deja sentir en los valles costeros. La vegetación potencial del País Vasco es la típica de la región atlántica, dominada por bosques de frondosas caducifolias. Las carvalledas se localizan por debajo de los 700 m de altitud, en las áreas de suelo silíceo, con temperaturas anuales suevas y períodos estivales lluviosos. El roble carvallo (Quercus robur) ha sufrido intensamente la explotación humana, y hoy en su hábitat aparecen zonas de cultivo, pastizales o plantaciones de coníferas. Los melojos (Quercus pyrenaica), muy apreciados por su madera carbonera, aparecen entre los 500-700 de altitud, en suelo silicícola y bien drenado. Los quejigos (Quercus pubescens), como especie de transición entre el mundo atlántico y el mediterráneo, se disponen sobre cualquier tipo de terreno. Las hayas (Fagus sylvática) aparecen en las laderas septentrionales de las sierras vascas, siempre por encima de los 600 m de altitud y en ambientes de elevada humedad. En estas tierras hay lugar, igualmente, para las frondosas mediterráneas. La encina (Quercus ilex) aparece en suelos calizos de laderas orientadas al sur y por debajo de los 500 m de altitud. La carrasca (Quercus rotundifolia) se localiza en áreas de ambiente continental y suelos calizos, y se extiende hasta alturas de 1 200 m si las condiciones le son favorables. Las comunidades de transición al bosque autóctono son las landas de brezos y tojos en las áreas de mayor humedad y los coscojares en las tierras interiores. Por último, en áreas situadas por encima de los 1 200 m aparecen los pastos, que son aprovechados por el ganado. Sin embargo, más de la cuarta parte de la superficie de la comunidad está poblada por coníferas como el pino insigne (Pinus radiata), alerces, algunas especies de abetos y falsos cipreses. Sólo en la provincia de Araba medran de forma espontánea bosques de pino albar (Pinus sylvestris). Red fluvial del País Vasco Los ríos del País Vasco constituyen una red densa y bien jerarquizada. Distribuidos entre dos vertientes, la mediterránea y la atlántica, los primeros tienen en común el ser tributarios del río Ebro, que, en su curso medio, forma el límite meridional del país, con Burgos y Rioja, para introducirse en territorio navarro después. Por el contrario, muchos de los ríos de la vertiente cantábrica desarrollan cuencas independientes, y desaguan directamente en el Cantábrico a excepción de los tributarios del Ibaizabal y Adur. Este, en posición similar a la del Ebro, forma una red compleja reuniendo la casi totalidad de las aguas del País Vasco Continental y sirve de muga con los territorios vecinos. La divisoria de aguas cantábrico-mediterráneas se establece siguiendo la línea de cumbres del Pirineo axial, en sentido general Este-Oeste. Desde el Orzanzurieta enlaza con la sierra de Aralar (Irumugarrieta) a través de los puertos de Belate y Huitzi, sigue a continuación por las sierras de Aizkorri, Urkilla y Elgea, desde allí tuerce al Norte hasta el Anboto y de nuevo hacia el Sur pasa por el Gorbea, para terminar en Sierra Salvada. A la disposición transversal de la divisoria, en el sentido de los paralelos, le corresponde una orientación de las corrientes fluviales de tipo predominantemente meridiano. Los ríos mediterráneos se desarrollan en una dirección general hacia el Sur, hasta la unión con el Ebro, y los cantábricos -salvo el Ibaizabal- se mueven de Sur a Norte, dibujando muchos de ellos los radios del arco que forma el litoral. Tal disposición es exactamente perpendicular a la de los conjuntos morfo-estructurales, en sentido Este-Oeste. De esta manera los ríos cortan transversalmente los ejes estructurales, adaptándose a ellos en algunos tramos, y dan lugar a la formación de unos valles que, en la vertiente septentrional, y más concretamente en Gipuzkoa, son decisivos para la articulación del área costera con el interior y desempeñan un papel fundamental en la organización del espacio. Dada la configuración topográfica del país, existe una cierta disimetría entre las dos vertientes. La divisoria está ligeramente desplazada hacia el Norte, lo que hace que los principales derrames mediterráneos, emisarios del Ebro, sean más largos y posean cuencas hidrográficas más amplias. Esto último se acentúa por el carácter menos denso de la red. Los ríos cantábricos presentan módulos elevados; ello se debe a que las precipitaciones, base de su alimentación, son abundantes y bien sostenidas a lo largo del año. Sirva como ejemplo el caudal del Oria, equivalente en la desembocadura a 30,21 litros/seg. por cada kilómetro cuadrado de cuenca vertiente, o los 24,5 litros del Ibaizabal. En la vertiente mediterránea se dejan sentir las deficiencias pluviométricas de la cuenca ibérica, mayores cuanto más alejada queda del litoral. Las montañas de la divisoria actúan de pantalla frente a las masas de aire húmedo procedentes del Cantábrico y, cuando penetran hacia el interior, ya han descargado gran parte de su humedad. La diferencia pluviométrica entre ambas vertientes vendría reflejada por la diagonal trazada desde el área de máxima pluviosidad, centrada en el macizo de Cinco Villas hasta las Bardenas de Navarra: de cuantías superiores a 2.500 mm. se pasaría, en valores decrecientes, a niveles por debajo de los 400 mm. No obstante, aún cuando los ríos navarros presentan módulos relativos más débiles que los cantábricos, conservan en la desembocadura caudales notables debido a la importancia que tienen los derrames pirenaicos en la configuración de los mismos. También es diferente la dinámica hidrológica entre ambas vertientes. El nivel de base de los ríos cantábricos viene determinado por el mar, mientras que el Ebro sitúa el nivel de base local para los ríos meridionales entre 470 y 350 m. De ahí que la agresividad erosiva potencial de los primeros sea notablemente superior y les permita, por erosión remontante, hacer retroceder sus cabeceras y llevar a cabo fenómenos de capturas en beneficio de sus propias cuencas. Ríos guipuzcoanos La cuenca que vierte en el litoral guipuzcoano, se extiende a los territorios de Araba, Bizkaia y Navarra; por lo que el total de la superficie es de 2.763 km². Los ríos guipuzcoanos adoptan una dirección perpendicular a la costa y a los ejes de plegamiento, esto junto a su cercanía entre la divisoria de aguas y el mar explica sus cortos recorridos y su relativo poco caudal en comparación con las precipitaciones. Las pendientes de los ríos son elevadas, en los tramos superiores pueden alcanzar desniveles de hasta 25 por mil, por lo que desarrollan una intensa labor erosiva. Debido al régimen de precipitaciones, sus caudales no son elevados, pero sí constantes. Salvo pequeñas muestras de régimen pluvionival (aquellos que nacen en los Pirineos) es predominantemente pluvial oceánico. Debido a la importancia de las precipitaciones, la red hidrográfica es muy densa. En las márgenes de los ríos más importantes, se aprecia una red angular, donde los afluentes inciden más o menos en ángulo recto, esto se explica observando la estructura geomorfológica y las fallas que existen en ella. En general la red fluvial guipuzcoana se puede calificar como dendrítica, arbórea o arborescente. Los ríos más importantes, por su longitud y caudal son: Oria, Deba, Urola, y Urumea. El Bidasoa, aunque recorre una parte de la provincia, tiene su mayor extensión en Navarra. Oria: Es el más caudaloso y largo (66 km.). Nace en la confluencia de un conjunto de arroyos que descienden de los montes Aitzgorri y Santa Bárbara. La orientación es SW.NE.desde Zegama hasta Lasarte, aquí se desvía hacia el Oeste para desembocar en Orio. En el recorrido que hace desde Beasain a Tolosa recibe las aguas procedentes de la Sierra de Aralar a través de los afluentes: Agauntza, Amundarain, Amezketa y Araxes; en Andoain se une el Leizaran. Sólo en el tramo inicial y hasta Beasain, presenta desniveles de cierta importancia; a partir de Usurbil, discurre lentamente formando amplias curvas. Deba: Con una longitud de 54 km. recorre el extremo occidental de Gipuzkoa de Sur a Norte. Nace en el límite con Araba, en el puerto de Arlaban. Debido a los afluentes que recibe de las dos márgenes, sobre todo del Aranzazu, aumenta considerablemente su caudal. A partir de su confluencia con este último río, se encaja en un valle estrecho para abrirse de nuevo en Bergara. Antes de llegar a Deba, donde desemboca, vuelve el río a encajonarse entre altas montañas. Urola: Tiene una cuenca de 343 km² y 55 km. de longitud. Nace en la vertiente norte de la Sierra de Aitzgorri, por la unión de numerosas regatas y arroyos. Atraviesa Legazpia, Zumarraga, Urretxu y Arratia, a partir de Azpeitia discurre tranquilo y aumenta su caudal al recibir el Urrestilla y el Errezil. Al pasar por Zestoa se abre en amplios meandros, para desembocar en la ría de Zumaia. Urumea: Su cuenca es reducida 299 km², y 40 km. de longitud, sus afluentes aunque de escasa importancia, son fácilmente regulables, permitiendo la construcción del embalse de Aribe. El Urumea nace en la provincia de Navarra en el puerto de Ezkurra, y desciende por un valle estrecho y hondo hasta Goizueta. Al recibir el Añarbe discurre en rápida pendiente a partir de Artikutza. Atraviesa los núcleos de Fagoaga y Pikoaga para llegar a Hernani y finalmente desembocar en Donostia-San Sebastián. PUERTO DEPORTIVO DE BERMEO Bidasoa: Con 705 km² de cuenca y 66 km. de recorrido. Nace en Baztán -Navarra y corre a través de Elizondo, Santesteban, Sumbilla y Bera, penetrando en Gipuzkoa por Endarlaza, corre apresurado y angosto hasta Behobia, donde desemboca en el mar en la amplia bahía de Txingudi. Oiartzun: Aunque su cuenca sea pequeña, 74 km², no podemos silenciar al río Oiartzun. Es muy corto y de escaso recorrido, 16 Km. únicamente. Nace en la unión de una serie de regatas procedentes de Aiako Arria (Peña de Aia). A continuación discurre lentamente a través del valle de Oiartzun, a causa de la escasa pendiente del terreno. Su importancia deriva de que en su desembocadura se ubica el puerto de Pasaia (Pasajes), uno de los más importantes de la cornisa cantábrica, que abre una brecha que separa los montes Jaizkibel y Ulia. En la Auñamendi Eusko Entziklopedia se nos apunta lo siguiente: “Gipuzkoa se constituye en la cuenca de un conjunto de ríos independientes entre sí y que de modo general mantienen desde su nacimiento una dirección en sentido casi meridiano, y por tanto perpendicular a los ejes estructurales fundamentales. Se han sobreimpuesto a la estructura creando a resultas de ello valles de formas angostas, de trazado difícil pero fundamentales en la configuración final del territorio. Los ríos guipuzcoanos son cortos; el más largo, el Oria, no alcanza los 66 Km. de longitud, pero a pesar de ello presentan módulos elevados por inscribirse plenamente en una zona de clima oceánico de abundantes precipitaciones. En todos ellos el curso alto ofrece acusados rasgos de torrencialidad, ya que nacen a gran altitud y en un corto trecho descienden a niveles no superiores a 200 m. El Deba nace en el extremo suroccidental de Gipuzkoa, a más de 900 m. de altitud, en la sierra de Elgea. En realidad se constituye por la unión de diversos arroyos que proceden de otras tantas surgencias kársticas. Tiene 57 Km. de longitud y una cuenca de 543,1 Km², parte de la cual (el 10 % aproximadamente) se distribuye entre Araba y Bizkaia. Hasta Mondragón se mueve con una acusada pendiente presentando valores superiores al 2 %. A la altura de San Prudencio se le une por la margen derecha el río Oñate procedente del Aitzgorri, unido ya al río de Aranzazu. En este tramo, el río corre encajado, formando un valle estrecho, rasgo que le caracterizará en la casi totalidad de su recorrido. Por la margen izquierda recibe varios arroyos nacidos en los montes que forman la divisoria con los ríos vizcaínos: Epele y Angiozar desde el Udalaitz, el Ubera de Elgeta y el Ego a través de Eibar; y en Bergara, por la margen derecha, tributa el arroyo Antzuola. Desde Elgoibar el valle gana poco en amplitud, si bien continúa manteniendo vertientes abruptas, entre las cuales el río dibuja varios meandros hasta Alzola. Poco después vuelve a encajarse más, pegado a la ladera del Arno, desde donde enfila hacia su desembocadura convertido en estuario en los dos últimos kilómetros. El Urola, en un recorrido de 51,5 Km., acumula una cuenca vertiente de 320 Km². Esta se presenta particularmente estrecha hasta Zumarraga, debido a fenómenos de captura realizados por los afluentes del Oria y Deva en beneficio de estos últimos. El río se forma en la vertiente septentrional de la sierra de Aitzgorri, mediante la reunión de corrientes superficiales que tienen su origen en pequeñas surgencias kársticas. Hasta Villarreal corre encajado formando cluses; allí abandona la dirección Sur-Norte y tuerce hacia el Noroeste para describir un arco hasta Azkoitia. Desde este punto se mueve en sentido Oeste-Este hasta Azpeitia, formando una hermosa llanura aluvial al pie del Izarraitz, a través del diapiro de Azpeitia. A partir de este punto inicia su curso bajo, retomando la dirección inicial y en él recibe la casi totalidad de sus afluentes. Antes de abandonar Azpeitia se le une el Urrestilla procedente del monte Izaspi, poco después el Lasao y la regata Golzibar, esta última en Zestoa y por la margen izquierda. En el tramo final el río se mueve sobre un lecho recubierto de sedimentos sobre los que traza un conjunto de meandros, mientras le llegan los últimos afluentes. Entre el Urola y el Oria se interpone formando la línea divisoria de aguas el monte Ernio y su prolongación septentrional el Pagoeta. Desde aquí el arroyo Alzolaras o Granada Erreka se dirige hacia el Urola; otros como el Asteasu lo harán hacia el Oria, en tanto que un tercer grupo de arroyos mantienen su cuenca independiente y desaguan directamente al mar a través de la vega de Zarautz. El río Oria, por su longitud (66 Km.) y tamaño de la cuenca, se constituye en la principal arteria guipuzcoana. Tiene su cabecera en la sierra de Aitzgorri, a escasa distancia de la del Urola, y como en él, han intervenido surgencias kársticas. Corre encajado, formando un valle estrecho que corta las unidades estructurales en sentido transversal, y sólo en contados tramos logra horizontes más amplios, al coincidir con zonas de materiales blandos como en la depresión margosa de Beasain-Zumarraga, o en la de Villabona-Andoain. Al llegar a Lasarte toma una dirección estructural, es decir, Este-Oeste y se abre paso fácilmente al pie del Mendizorrotz, describiendo una serie de meandros, mientras recibe por su margen izquierda los arroyos procedentes del Pagoeta y del Hernio. Sale hacia el mar, aprovechando las formas deprimidas del sector occidental del Mendizorrotz, ya transformado en ría-estuario, en cuyo fondo se instalan la villa y el puerto de Orio. La cuenca del Oria, que abarca 856 Km², se distribuye de forma desigual entre ambas márgenes; por la derecha recibe la mayor parte de sus afluentes, con módulos muy elevados por proceder de áreas de intensa precipitación. Aguas abajo de Segura recibe al Ursuaran, que desciende de Etxegarate; entre Beasain y Alegia se le unen los derrames de la sierra de Aralar (Agaunza, Zaldibia, Amezketa), en Tolosa el Araxes y el Zelai y finalmente en Andoain el río Leizaran, que drena una subcuenca de 122,8 Km². Los afluentes de la margen izquierda son cortos y de módulos más modestos, destacando entre todos el Estanda, en cuya cabecera hay una intensa labor erosiva en detrimento de la cuenca del Urola, y el Asteasu, que desagua en Villabona; los demás son regatas de pequeñas dimensiones y de escasa participación en el derrame global. El río Urumea inscribe su cuenca de 271,4 Km², a caballo entre los territorios de Navarra y Gipuzkoa, y aproximadamente la mitad del recorrido (longitud 39,5 Km.) lo hace en tierras navarras, corriendo encajado entre los montes de Leiza, Mandoegi e Irakurri, pertenecientes al macizo paleozoico de Cinco Villas. El gran desnivel que tiene que salvar entre el nacimiento y la desembocadura se traduce en un gradiente medio de pendiente superior al 2 %; en el tramo correspondiente al curso alto, estos valores superan al 3,5 %, de ahí su carácter torrencial y la capacidad erosiva que le ha permitido tajar un valle tan profundo y angosto hasta las proximidades de Goizueta. Durante el curso alto recibe numerosos arroyos procedentes de los montes vecinos, pero el mayor aporte lo constituye su principal afluente, el Añarbe, embalsado en Artikutza. Poco después de la confluencia de ambos, en las cercanías de Arano, penetra en Guipúzcoa tras un pequeño tramo de meandros, en los que ha servido de frontera entre las dos provincias. Abriéndose paso entre el monte Onyi y el Urdaburu, abandona el macizo y se dirige, ahora en sentido general Sureste-Noroeste, hacia las tierras más llanas del litoral. Pasa por Hernani, Astigarraga, Loyola y, encauzado en el último tramo, desemboca por San Sebastián, al pie del monte Urgull. Sus aluviones habían ido rellenando extensos sectores del curso bajo, hoy totalmente desecados, y con ellos contribuyó eficazmente a la formación del tómbolo de Urgull, sobre el que se asienta la parte vieja donostiarra, y cierra por el Este la bahía de la Concha. El Oiartzun se forma con los aportes procedentes de Peñas de Aia y Bianditz. Poco después de su nacimiento pasa a zonas más llanas, dando lugar a un valle abierto a su paso por el diapiro de Txoritokieta-Oiartzun. Aguas abajo de Errenteria, forma una amplia ría, en la que junto a un importante puerto, polarizador de asentamientos industriales, se han desarrollado las localidades de Lezo y Pasaia. Apenas tiene 15 Km. de longitud, pero resulta el segundo río guipuzcoano en módulo relativo, detrás del Urumea, debido al gran volumen de precipitación que se recoge en sus cuencas. El sector navarro que vierte al Cantábrico apenas equivale a una décima parte de la superficie provincial y se corresponde con el cuadrante nor-occidental, que es también la porción más húmeda. La gran mayoría de los derrames cantábricos forman parte de la red hidrográfica del Bidasoa. A ella escapan los vertidos a través del Urumea y del Oria, más las cabeceras de alguna corriente que escapa hacia Benabarra y Laburdi. La cuenca del Bidasoa abarca 830 Km² y comprende parte del macizo de Quinto Real o Alduides, del macizo de Cinco Villas y los Valles de Santesteban, Bertiz-Arana y Baztan. A lo largo de un recorrido de 70 Km., cambia varias veces de dirección, buscando los puntos más débiles y los accidentes estructurales del macizo. Nace en el pico de Astaté a 1.000 m. de altitud como un arroyo al que se le unen diversos derrames originados en los montes Autza, Gorramendi y Otsondo, y con el nombre de Baztán se introduce en la depresión de igual denominación que recorre en sentido Noreste-Suroeste hasta las proximidades de Irurita, en donde tuerce hacia el Oeste, para variar de nuevo en Santesteban hacia el Norte. Al pasar por Elizondo el nivel del lecho no supera los 200 m.; ha perdido ya el carácter torrencial del curso alto y sustituye el trabajo de excavado, que sólo aparecerá en algunos tramos o en períodos de crecida, por el de sedimentación. En Bertiz-Arana forma una hermosa vega sobre la depresión rellena de depósitos aluviales y recibe los aportes de la regata Zeberia, que desciende de Belate y el arroyo de Bertiz; antes, en Arraiotz, se le ha unido el Artesiaga, tras drenar una parte del macizo de Quinto Real. A partir de la confluencia con el Ezkurra en Santesteban, desarrolla un recorrido a través del macizo de Cinco Villas, en el cual alternan los pasos angostos con secciones más abiertas en base a una intensa erosión diferencial sobre materiales de diferente naturaleza, excava sin dificultad los terrenos blandos del Triásico y Cretácico, o se adapta a las líneas estructurales, como en el tramo de Sunbilla a Bera, donde, alojado en una fractura, realiza una serie de meandros que se repiten casi sin excepción hasta las proximidades de Endarlaza. Toda la cuenca se inscribe en la Navarra húmeda, donde las precipitaciones superan los 1.500 mm. anuales. Ello explica la importancia de su caudal, que se eleva a 35,5 litros/seg. por Km² en Endarlaza, al penetrar en Gipuzkoa. A partir de este punto y hasta la desembocadura en la bahía de Txingudi, sirve de frontera entre los dos estados. Cerca de Irun el valle se abre a la llanura litoral y el río se desliza con dificultad entre los depósitos aluviales, divagando y rodeando isletas que, como la de los Faisanes, accidentan el lecho del río ya convertido en estuario.” Ríos bizkainos El Ibaizabal por su longitud (43,5 Km.) y tamaño de su cuenca (475,7 Km. cuadrados) se constituye en una de las principales arterias fluviales en territorio vizcaíno; se forma por la reunión de varios arroyos procedentes del Udalaitz y Elgeta y aguas abajo de Elorrio, en pleno valle de Atxondo, incrementa su caudal con los aportes que llegan desde el Anboto, importante nudo hidrográfico que vierte también hacia el Mediterráneo. Atraviesa Vizcaya en sentido Sureste-Noroeste alojado en el gran sinclinorio de Bilbao; esta adaptación a la estructura, unido a la escasa coherencia de las formaciones margosas y de facies Flysch del Cretácico superior y del Eoceno por las que discurre, le han permitido crear sin dificultad un valle amplio, poco accidentado y rellenado en parte con sus propios sedimentos. Desde Elorrio se mueve ya sobre cotas inferiores a 200 metros, lo que da idea de la escasa pendiente que va a presentar hasta su desembocadura. Por la margen derecha recibe aportaciones del macizo de Oiz (arroyo de Bérriz, Orobio) y del Bizkargi (arroyo Larrea), que, juntamente con el Gaztelumendi y Berriaga, conforman el límite septentrional de su cuenca. El papel de gran colector que desempeña viene determinado por los aportes que le llegan a su margen izquierda procedentes del Anboto, Urkiola y Gorbea. En Durango recibe al Mañaria y poco antes al Mendiola y Arrazola. Pasado Euba, desarrolla un tramo de meandros poco antes de ver engrosado su caudal con el Arratia que, con su afluente el Indusi, canaliza un buen número de arroyos procedentes del macizo de Gorbea. Después de atravesar Galdakao, ya en las proximidades de Basauri, se funde con el Nervión, nombre con el que se le denomina a partir de este punto, aunque sería más exacto considerar al Nervión como afluente del Ibaizabal. El río Nervión (longitud: 43,8 Km.) distribuye los más de 550 Km. cuadrados de cuenca entre los territorios de Araba y Bizkaia. Nace a 900 m. de altitud, en la sierra de Orduña, cuyo flanco septentrional salva mediante un salto; corre encajado a través de la garganta de Delika y penetra en las tierras llanas de Orduña (Bizkaia) donde recibe el aporte de varios arroyos. De nuevo en tierras alavesas es engrosado por el río Lendoño que, desde sierra Salvada corre encajado en las calizas cretácicas. Aguas abajo de Amurrio el lecho del Nervión presenta niveles inferiores a 200 m. y recibe, por la izquierda, los últimos aportes de las estribaciones más septentrionales de sierra Salvada a través del Izoria. Desde allí desvía su curso en dirección al Noreste y corta transversalmente los pliegues que arman el anticlinorio de Bizkaia; ello confiere al valle un aspecto arrosariado, estrechándose al atravesar las barras calizas de los anticlinales y tomando formas más amplias cuando cruza los sinclinales. Poco después de atravesar Llodio, en término de Areta, se le une el Altube -nacido también en Araba- que incrementa notablemente su caudal gracias a lo que le han aportado sus afluentes Arnauri y Arbaiza procedentes de sierra Gorbea. Desde este punto, de nuevo en territorio vizcaíno, y hasta Miravalles donde desagua el río Zeberio por la margen derecha, desarrolla un tramo de meandros, luego el curso se regulariza, atraviesa Arrigorriaga y en término de Ariz, en Basauri, se une al Ibaizabal. En la localidad de Etxabarri traza dos grandes meandros flanqueados por terrazas aluviales, antes de convertirse en ría-estuario, la más importante de la costa cantábrica. La ría del Nervión-Ibaizabal se formó a raíz del ascenso que experimentó el nivel del mar al fundirse los hielos continentales del último período glaciar. Como consecuencia de esta elevación, conocida como transgresión Flandriense, el mar invadió el curso bajo de muchos ríos al par que desencadenaba un proceso de regularización de los cauces. En el Nervión las aguas marinas invadieron un trecho de más de 15 Km., el Arenal de Bilbao era cubierto por las mareas y el efecto de éstas alcanzaba incluso la isla de San Cristóbal. La variación del nivel de base dio como resultado una fase de intensa sedimentación en el estuario; se formaron grandes depósitos de limos y arenas que rellenaban el estuario y daban origen a diversas playas en las márgenes de la ría. Así se fue formando también la barra de Portugalete, que cerraba la salida de la ría y dificultaba seriamente la navegación. Ello obligó a poner en práctica numerosos trabajos con el fin de darle mayores posibilidades. En el último cuarto del siglo XIX se procedió a dragar el fondo y a modificar el trazado natural del río, mediante la construcción de diques y muelles para facilitar el acceso al puerto interior, al par que se procede a la construcción del puerto exterior en la bahía del Abra. Por la margen izquierda de la ría desaguan los ríos Kadagua y Galindo. El primero (longitud: 48,5 Km.) nace en el valle de Mena, provincia de Burgos, y penetra en Bizkaia para recorrer la comarca de Las Encartaciones, por cuya capital, Balmaseda, atraviesa. Cerca de la localidad de Sodupe recibe las aguas del Herrerías, que, con sus afluentes Llanteno e Izalde, contribuye a incrementar sensiblemente su caudal. En el curso medio corre encajado en las estribaciones más occidentales del anticlinorio vizcaíno, aislando al Este al Ganekogorta y al Eretza al Oeste. Poco antes de la desembocadura por Baracaldo-Burceña, cambia de dirección, adaptándose a la estructura. Entre Barakaldo y Sestao desagua el Galindo, corriente de dimensiones modestas que, desde El Regato, aúna las aguas de varios arroyos procedentes del Eretza y de Somorrostro. En la margen derecha de la ría vierten el Asua y el Gobelas. Este último, desde su nacimiento en los montes de Urduliz, presenta un tramo consecuente con la estructura, pero, antes de llegar a Berango, cambia de dirección describiendo un recodo y se dirige hacia el Sur para desaguar a la ría por Las Arenas. El Asua, más oriental, se forma con los arroyos procedentes de los pequeños relieves septentrionales de Berriaga y Gaztelumendi; bien adaptado a las formaciones estructurales, desarrolla un amplio valle de escasa pendiente. Pasa por las localidades de Derio, Asua y Erandio, en cuyo término, frente a Barakaldo, desemboca. El extremo occidental de Bizkaia se constituye en la cuenca de tres corrientes fluviales: el Barbadun o Somorrostro, el Mayor y el Karranza. El primero de ellos, nacido en Las Encartaciones, recorre en dirección Sur-Norte la comarca de su nombre. Recibe al Goritza cerca de Sopuerta y ya en Muzkitz se convierte en una pequeña ría-estuario. En cuanto al Mayor, y a pesar de su nombre, es una modesta corriente que atraviesa el enclave de Trucíos por su mitad oriental, y, tras un pequeño trecho por Bizkaia, se introduce en Cantabria por Agüera, localidad que da nombre al río a partir de este punto. En el sector más occidental, el Karrantza se erige en corriente principal con el conjunto de regatas que le llegan desde los montes de Ordunte; sale de la depresión por una estrecha garganta y se dirige a Cantabria para convertirse en uno de los afluentes del Asón, en su curso medio. La franja septentrional vizcaína está drenada por un conjunto de corrientes de modesto desarrollo, pero dotadas de un caudal relativo de cierta importancia. La comarca de Mungia forma la cuenca del Butron, de 24,5 Km. de longitud. El curso alto lo integran un gran número de arroyos procedentes del Bizkargi, Gaztelumendi y Sollube. Aguas abajo de Mungia y después de engrosar su caudal con los aportes que llegan desde el monte Jata, desarrolla un tramo meandriforme, y, abandonando su carácter ortoclinal, cambia varias veces de dirección hasta su desembocadura en Plentzia, ya convertido en ría. El río Oca, nacido en Ibarruri, a escasa altitud, se abre paso entre el macizo de Oiz y el Bizkargi, de los que recibe la mayor parte de su caudal, y desarrolla un curso en dirección Sur-Norte, atravesando la comarca de la Busturia. Recibe al Golako en Gernika por la margen derecha. La transgresión Flandriense convirtió en ría gran parte del curso bajo y en ella desemboca el río Busturia, procedente del Sollube. La ría se encuentra, en la actualidad, cegada y rellenada con los sedimentos aportados por el propio río, que dificultan el desagüe y le obligan a dividirse en varios brazos divagantes que discurren entre islotes ampliamente colonizados por vegetación. En ambas márgenes se asientan las localidades de Mundaka (que da nombre a la ría), Laga, Pedernales, Laida y frente a la embocadura se alza el pequeño islote de Izaro. En la cara Norte del macizo de Oiz se forman los ríos Lea y Artibai, que dan nombre a la comarca que les sirve de cuenca. Ambos tienen que salvar el obstáculo de los últimos contrafuertes montañosos del arco vasco, cortándolo transversalmente. Ello les obliga a correr encajados y cuando el valle se abre, como en el Lea cerca ya de la desembocadura, se mueven de forma divagante sobre depósitos aluviales. El Artibai engloba en su cuenca una pequeña porción de territorio guipuzcoano a través de su afluente el Urko, que se le une en Markina, poco antes de describir el tramo meandriforme que le caracterizará hasta convertirse en ría, en el término de Ondarroa. Ríos de la vertiente mediterránea La red hidrográfica alavesa presenta en conjunto una gran sencillez. A excepción de unos pocos aportes cantábricos, ya descritos, la totalidad de los ríos pertenecen a la vertiente mediterránea como afluentes del Ebro, y drenan el 80 % del territorio provincial. El conjunto se organiza teniendo como colector principal al Zadorra, cuyo trazado, a través de la cuenca de Vitoria primero y hacia el Suroeste más tarde, le permite aglutinar como cuenca a más de 1.340 Km² (equivalentes al 44 % del territorio). El sector occidental está drenado por el Omecillo y el Bayas. Sólo quedan al margen de los ya mencionados la porción riojana al Sur de la sierra de Cantabria y parte de la montaña alavesa que vierte hacia Navarra por medio del Ega, en la misma dirección que lo hace, más al Norte, el Araia al Arakil. El río Zadorra nace, o mejor, se forma cerca de Opakua, a expensas de un conjunto de arroyos procedentes de manantiales surgidos en la vertiente septentrional de las sierras de Encía e Iturrieta, y se dirige hacia la llanada tomando dirección Este-Oeste. Al paso por tierras de Barrundia recibe al colector del mismo nombre que le lleva los derrames meridionales de la sierra de Elgea. De ahí arranca el embalse de Ullibarri-Gangoa. En dirección al sur y bien instalado en las margas cretácicas de la llanada, es engrosado por las aguas del Santa Engracia y del Urkiola, igualmente embalsados en el pantano de Villarreal. Aguas abajo de Durana describe un recodo para retomar la dirección inicial, esto es Este-Oeste. En este punto aumenta notablemente el caudal gracias a los aportes que llegan desde los montes de Vitoria a través de los ríos Alegría, Errekaberri y, en las proximidades de la capital -que deja en su margen izquierda- el Santo Tomás y el Abendaño. Cuenta ya con un caudal notable, pero con un lecho de escasa pendiente cubierto de depósitos aluviales. El río Zalla por la margen derecha le incorpora los derrames del Gorbea, que atraviesan las tierras de Zigoitia y, poco después, en las proximidades de Iruña, cambia por tercera vez de dirección y abandona la llanada tras desarrollar un tramo de meandros; al dirigirse hacia el Sur por las Conchas de Arganzón, a través del pasillo abierto entre las sierras de Tuyo y Arrieta, inicia el curso bajo, y ya próximo a desembocar incrementa el caudal hasta sobrepasar los 20 m³/segundo con el aporte del río Ayuda que drena el Condado de Treviño. En los 79 Km. de recorrido presenta una pendiente muy escasa, de ahí su escasa capacidad erosiva para ahondar el lecho; desde la llanada apenas desciende 60 m. hasta su nivel de base local en el Ebro, situado a 470 m. de altitud. El río Purón (longitud 15,5 Km.), en el extremo sur-occidental alavés, desarrolla su curso alto, procedente del pico Recuenco, donde nace a 1.100 m. de altitud. Corre encajado, de forma torrencial y sobre un lecho de acusada pendiente. De mayor porte y caudal, aunque modesto en términos absolutos, el Omecillo establece su cuenca en la comarca de Valdegovía; poco antes de cambiar de dirección hacia el Sur, recibe al Tumecillo en término de Villanañe y desemboca, tras un recorrido de 32,5 Km., aguas abajo en Bergüenda. El Bayas es el río de la comarca de Kuartango, valle que se incrusta en la gran cuesta monoclinal que arma este sector alavés, resultado de la erosión remontante, actuando sobre la estructura monoclinal. Nacido en la vertiente meridional del Gorbea, atraviesa en su curso alto el valle de Zuia, en cuya capital, Murgia, recibe nuevos aportes montañeses. En este punto tuerce hacia el Suroeste, pero pronto retorna a la Norte-Sur inicial. Corre casi pegado al flanco occidental de la Sierra Brava de Badaia y desarrolla un hermoso tramo de meandros en uno de los cuales se le une el río Vadillo procedente de la sierra de Arkamo. A través de la garganta (portillo) de Techa sale hacia la Ribera alavesa que recorre de Norte a Sur para desembocar en el Ebro en las proximidades de Miranda. Con una longitud de 63,5 Km. logra agrupar una cuenca de 343,4 Km². Desde la sierra de Cantabria parte el río Inglares que hasta su desembocadura desarrolla un recorrido de 27 Km. para una cuenca de 100 Km². Organiza un valle longitudinal, en sentido Este-Oeste, paralelo a la dirección estructural de la sierra. A pesar del carácter montañoso de gran parte de su cuenca, al que debe la irregularidad del lecho, presenta un caudal modesto tanto en términos absolutos (0,89 m³/seg.) como relativos (8,93 1./seg. por Km²). Los derrames meridionales de la sierra de Cantabria forman una red de pequeñas corrientes nula o escasamente jerarquizadas. El gran desnivel que tienen que salvar entre nacimiento y desembocadura les confiere un alto poder erosivo, que les ha permitido tallar profundas incisiones sobre la vertiente meridional de la sierra. Entre los más largos destacan el Viñaspre-San Ginés, el barranco Valvaríñigo, el de Oyón... y en Navarra el Valdearas y Cornava. Álava comparte con Navarra la cuenca del río Ega, uno de los tres ríos que por su elevado caudal hacen al Ebro varón. En Álava desarrolla su curso alto, procedente de la sierra de Cantabria, a la cual se adapta en un amplio tramo. Aguas abajo de Bernedo se introduce en Navarra a través de una foz y, discurriendo por una pequeña fosa tectónica al pie de la sierra de Kodes, tuerce hacia el Noroeste y se hace de nuevo alavés al penetrar en la llanada de Santa Cruz de Campezo en donde la disposición estructural favorece la convergencia de varios arroyos procedentes de la montaña alavesa y de la sierra de Santiago de Lokiz, entre los que destaca el Izki. Poco después, el Ega, encajado al pie de la sierra de Lokiz, penetra en la Valdega, adaptado a la depresión tectónica parcialmente cubierta por el manto aluvial que el río ha formado. Antes de alcanzar Estella, el valle se estrecha y describe un recodo para orientarse hacia el Sur. Entonces recibe al Urederra, nacido en la sierra de Urbasa, cuyo manantial, al pie de un anfiteatro calizo, es un magnífico ejemplo de resurgencia kárstica de las aguas subterráneas que almacena este conjunto calizo. En Estella el caudal del Ega supera los 15 m³/seg., de los cuales algo menos de la mitad se lo debe al Urederra. A partir de Estella sigue por la comarca de la Solana en la que apenas recibe aportaciones, excepto el Iranzu y el arroyo de Río Mayor. El curso bajo se desarrolla sobre una llanura aluvial, en ocasiones con terrazas escalonadas, más amplia cuanto más al Sur, interrumpida por algún pliegue de yesos que el río corta sin dificultad y sobre la que se ha instalado una franja continua de regadío desde Lerín hasta la desembocadura cerca de San Adrián. En total las tierras que vierten al Ega suponen una extensión de 1.445 Km², de los que avena 11,61./seg. por Km² en Andosilla. Los derrames pirenaicos se canalizan hacia el Ebro a través de los ríos Arga y Aragón que llegan a confluir muy cerca ya del colector principal. Ambas cuencas suman 5.900 Km² (2.550 corresponden al Arga). Lagunas No hay endorreísmo en el País Vasco. Todos los ríos desaguan en el mar directamente o a través de una red hidrográfica más o menos compleja. Pero sí existen lo que podrían denominarse cuencas cerradas, pequeños derrames que escapan de la red superficial y desaparecen por infiltración constituyendo una circulación subterránea, no siempre bien determinada. Estos fenómenos son frecuentes en zonas de relieve kárstico, creado por un proceso por disolución en la caliza, roca muy abundante en el país. Como ejemplos de cuencas cerradas pueden citarse las de Lastur y las de Bidania, ambas en Gipuzkoa. En la zona correspondiente a la depresión, y en general en la vertiente meridional, hay sectores en los que todavía quedan algunos ejemplos de aguas estancadas, lagunas, balsas, como residuos de un antiguo endorreísmo que acompañó al proceso de desecación del mar interior que ocupó la cuenca en la Era Terciaria. Son lagunas muy modificadas por diques o canales de drenaje; algunas han sido total o parcialmente desecadas y en general sometidas a un fuerte proceso de evaporación. La más importante es la de Pitillas que cubre aproximadamente 300 Ha. y, aunque ha habido varios intentos de desecación, afortunadamente se ha conservado y en la actualidad está definida como reserva biológica. De origen similar son también las de Las Cañas, en Viana; Lor, en Cascante; Agua Salada y Valpertuna, en Tudela, y el Juncal, en Tafalla. De características diferentes son las balsas de Loza (drenadas hacia el río Juslapeña) y la de Sasi (en Burgui). Se trata en este caso de acumulaciones de agua, de carácter permanente, aunque llegan a secarse en épocas de estiaje, que ocupan depresiones de terreno cuyo subsuelo es impermeable. Aguas subterráneas Las características litoestructurales del País Vasco son de una gran variedad. Hay rocas intrusivas como el granito, metamórficas -esquistos, mármoles- y sedimentarias -calizas, margas, etc: de diferente textura y granulometría, tanto de origen interno como marino o de margen lacustre y continental, depósitos aluviales, y también, aunque más raramente, se pueden encontrar rocas de origen volcánico. Atendiendo a la estructura cabe diferenciar dos grandes conjuntos: las formas plegadas (a veces falladas) características del conjunto pirenaico, que se prolonga por el Oeste hacia el encuentro con la cordillera cantábrica, y las tierras pertenecientes a las depresiones, Ibérica y Aquitana, de estructura preferentemente horizontal o monoclinal. Alternan terrenos permeables con otros que no lo son y ello da lugar a distintos tipos de acuíferos que se ponen de manifiesto en una densa red de manantiales. La circulación subterránea evidentemente guarda muy poca relación con la superficial por lo que lo ya expuesto sobre vertientes y divisorias de aguas no puede aplicarse sin más. Los más importantes acuíferos, tanto en extensión como en volumen, se constituyen en rocas carbonatadas como calizas, dolomías o calcarenitas, en las que se ha desarrollado un karst por disolución con las clásicas formas como el lapiaz o lenar, dolinas, simas, grutas y conductos o galerías subterráneas. Estas rocas, impermeables en sí mismas pero capaces de absorber el agua superficial a través de las diaclasas y ponors que la disolución ensancha, suelen almacenar enormes cantidades de agua, especialmente cuando el nivel impermeable sobre el que descansan se encuentra a gran profundidad. El agua empapa la roca o circula (por gravedad o por presión) aprovechando fallas, planos de estratificación o galerías, y termina apareciendo de nuevo en superficie en forma de manantiales denominados surgencias para integrarse otra vez en la circulación superficial. Lógicamente el caudal de los manantiales, que de algún modo son exponentes del volumen de agua contenido por los acuíferos, reflejan con bastante fidelidad cronológica el régimen de precipitaciones que afectan a las respectivas áreas de recarga. Las rocas calizas forman grandes extensiones en el País Vasco, por lo que los acuíferos de naturaleza kárstica son muy numerosos. Un gran conjunto viene a estar constituido sobre las sierras de Aralar y Aitzgorri, Elgea, Amboto, Udala y Gorbea, prolongándose hacia la costa. Aquí alternan zonas de caliza masiva, fuertemente karstificada, con otras que presentan intercalaciones calizas y margas, más un tercer grupo de abundantes materiales en facies Flysch. A este conjunto pertenecen los acuíferos de Iribas, Latasa, Irañeta, Amezketa, Lizarrusti, Osimberde... y otros muchos de los que todavía no se conocen ni extensión ni funcionamiento. Su drenaje se efectúa hacia numerosos manantiales como Iturnoz, Ubao-Oñate, Iribas, Aitzarreta, Urruntzure, Irañeta, etc. Otra zona kárstica de gran importancia es la que aglutina los acuíferos de Larra. En ella las calizas alcanzan a veces un espesor de 350 m., dando lugar a un karst realmente espectacular. La caliza descansa sobre un zócalo paleozoico hundido ligeramente hacia el Norte, lo que hace que los principales manantiales descarguen en esa dirección. Los recursos del acuífero han sido evaluados en unos 240 Hm³/año que suponen un caudal específico de 65 1./seg. por Km². Las sierras de Urbasa y Andía, prolongándose en los montes de Vitoria, reúnen otro conjunto notable de acuíferos de esta naturaleza con los fenómenos de circulación subterránea y drenaje por manantiales ya descritos: los del sector más occidental vierten al Zadorra en tanto que los orientales lo hacen al Ega y Arga (Urederra, Arteta, Riezu, etc.). Un segundo tipo de acuíferos son los constituidos en los depósitos aluviales de los ríos, formados por conglomerados, arenas, arcillas y limos; la cantidad de agua que pueden almacenar es muy variable y depende en todo caso de las corrientes que circulan sobre ellos. La recarga se produce a partir de las precipitaciones, por infiltración y del caudal del propio río, especialmente en los momentos de desbordamiento e inundaciones en período de crecida. Los mejores ejemplos de acuíferos de este tipo se hallan en el Ebro y cursos bajos de sus afluentes: Zadorra, Arga, Ega y Aragón, y para la vertiente septentrional, en el Adour. El tema de las aguas subterráneas en el País Vasco ha recibido hasta ahora muy escasa atención; no obstante, empiezan a aparecer algunos trabajos de gran interés, debidos a iniciativas individuales, y sobre todo a partir de instituciones de carácter científico y entidades oficiales, como la Sociedad de Ciencias Aranzadi y las Diputaciones Las pesquerías artesanales vascas Las pesquerías artesanales se pueden definir sobre la base de dos características: la localización de los caladeros cercanos a la costa y el uso específico de modalidades de pesca artesana, como el palangre, el pintxo-caña, la lía de mano, el enmalle o las nasas, principalmente. La flota artesanal es muy heterogénea, ya que la componen desde embarcaciones pequeñas, hasta barcos grandes, como las merluceras y los palangreros. La flota del puerto de Hondarribia únicamente faena en la modalidad de pintxo-caña. Los puertos de Mutriku y Lekeitio, por su parte, se distinguen por su especialización en la modalidad de enmalle, y los de Ondarroa, Elantxobe y Armintza en la modalidad de palangre. En el resto de puertos, Getaria, Bermeo, Santurtzi, Pasaia, Donostia-San Sebastián, Orio, Mundaka y Plentzia, las flotas se dedican a más de una modalidad, pese a que en Bermeo hay un claro predominio del uso de la de palangre y en Getaria de la de enmalle, la más hogéneamente repartida en el conjunto de los puertos de Gipuzkoa y Bizcaia. Las pesquerías artesanales vascas no presentan un gran volumen de capturas, pero sí tienen un destacado valor en lo que se refiere a su poder social y ecológico. La proximidad de los caladeros respecto a los puertos de origen de las flotas permite mareas de menos de un día y la venta diaria de las capturas. Sin embargo, las aguas de faenando son zonas muy sensibles a la explotación, ya que tienen una reducida extensión y son áreas de cría para algunas especies marinas. Bibliografía • Fundación Euskomedia de Eusko Ikaskuntza. Fondo Bernardo Estornés Lasa. Enciclopedia Auñamendi. www.euskomedia.org • Diputación Foral de Gipuzkoa. Gipuzko Foru Aldundia. www.gipuzkoa.net Gipuzkoa en datos. Diputación Foral de Gipuzkoa. Cámara de Comercio y Navegación de Gipuzkoa. www.datuzdatu.com • I.K.T. 2001. Estado de los bosques del País Vasco según los criterios e indicadores paneuropeos de gestión forestal sostenible. • Eusko Jaurlaritza. 1.997. E.A.Eko 1996ko Baso Inbentarioa, udalerrien araberako emaitzak. Industri, Nekazaritza eta Arrantza saila. Gasteiz. • Eusko Jaurlaritza. 1994. Euskadiko baso plangintza: 1994-2030. Nekazaritza eta Arrantza saila. Gasteiz. • Sociedad Instituto Geográfico Vasco "Andrés de Urdaneta" - Euskal Geografi Elkargoa (INGEBA). www.ingeba.org • Euskalmet / Euskal Meteorologia Agentzia. Meteorologia eta Klimatologia Zuzendaritza. Dirección de Meteorología y climatología. Departamento de Transportes y Obras Públicas. 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