jueves, 29 de enero de 2026

ENSAYO, La Demogeografía.

En su acepción demográfica, la población es ante todo el conjunto de los habitantes de un país o de un área geográfica; pero también se utiliza para designar a conjuntos o grupos de individuos que componen una categoría particular. Así se habla de la población escolar, la población institucional, la población activa, la población ocupada o cualquier otra que esté sometida a un riesgo específico, aunque, en rigor, a los conjuntos que constituyen sólo una parte de los habitantes debería llamárseles subpoblaciones. Una población es un organismo en mutación constante, tanto cuantitativa como cualitativamente, por cuanto no sólo cambia su tamaño sino también su ocupación, esto es, el número de individuos que la componen y las características agregadas de los mismos. Esa renovación permanente resulta de los acontecimientos demográficos que afectan a los individuos y que determinan el movimiento de la población. En consecuencia, la población es un concepto eminentemente dinámico. Las políticas demográficas suponen la existencia de medidas tomadas por un gobierno que inciden en los resultados demográficos. Una estrategia, por tanto, para lograr una determinada pauta de cambio de la población. Múltiples medidas tomadas desde el poder, pese a no incidir de forma directa sobre las variables demográficas, pueden tener efectos indirectos, que, finalmente, condicionan la evolución y características de la población. La política de población puede encaminarse a influir en cualquiera de las variables demográficas, si bien es especialmente importante sobre migraciones y natalidad. La Geografía humana es una rama de la Geografía que se dedica al estudio, descripción y análisis de la relación entre los grupos humanos con el espacio físico en que viven. Su objeto de estudio son los procesos humanos sobre el espacio geográfico a lo largo del tiempo, así como la incidencia del espacio sobre la forma de vida de las personas. Aborda aspectos tales como la distribución espacial de la población, la evolución demográfica, y las regiones humanas y los paisajes culturales que los diferentes grupos humanos han ido constituyendo a lo largo de la historia. La importancia del estudio de la Geografía humana radica en que los seres humanos siempre transforman o modifican el espacio geográfico sobre el cual se asientan, y estas transformaciones son, a su vez, el reflejo de sus estructuras sociales y de todos los procesos que atraviesan: económicos, políticos, históricos, culturales, etc. Las ramas de la Geografía humana son: • Geografía económica: Se conoce como geografía económica aquella cuyo objeto de estudio es la relación entre las actividades económicas y el espacio físico en el cual se llevan a cabo, sus condiciones, la distribución geográfica de productores y consumidores, y la forma en que todos estos factores influyen sobre las relaciones económicas. • Geografía política: La geografía política es aquella que estudia la distribución y organización política de la superficie terrestre y su relación con el espacio que ocupa el ser humano. Sus estudios abarcan desde comunidades humanas organizadas hasta grandes bloques económicos de dimensión internacional. • Geografía urbana: Se llama geografía urbana aquella que estudia las aglomeraciones humanas que se concentran en los centros urbanos, su estructura, características, procesos, población, evolución histórica y funciones. • Geografía rural: La geografía rural, en oposición a la geografía urbana, estudia las regiones rurales y todo lo relacionado con las actividades humanas que se llevan a cabo en estos espacios y sus especificidades. • Geografía de la población: Se conoce como geografía de la población aquella que estudia los patrones de distribución de los grupos humanos sobre el planeta, así como todos los procesos relacionados con los fenómenos demográficos a lo largo del tiempo. • Geografía cultural: La geografía cultural se dedica a estudiar, describir y analizar los fenómenos y procesos que se producen en el espacio geográfico por intervención de los grupos humanos que lo habitan, y las relaciones entre los seres humanos y el paisaje. La geografía humana es una disciplina académica que trata de establecer las relaciones recíprocas entre el medio geográfico y la población que lo habita, haciendo especial énfasis en el impacto que tienen determinadas características espaciales sobre la sociedad así como la formación de paisajes voluntarios formados por la acción humana. Tiene una estrecha relación con las restantes ciencias sociales en concreto con la economía y la psicología, resaltando los lazos con la sociología y especialmente con la sociología urbana. El nacimiento de la disciplina está directamente ligado a posiciones deterministas que trataban de establecer una relación directa entre las características del medio espacial y las formas sociales. Pero esas posiciones han dado paso a otras perspectivas, destacando el enfoque positivista, desarrollado durante los años cincuenta y mitad de los sesenta, que incide en la determinación de las lógicas de localización, produciendo modelos sintéticos que posibilitarían la predicción de ciertos comportamientos espaciales. La crisis del positivismo da pie al desarrollo del enfoque conductista, cuyo principal objetivo es el establecimiento de aquellas pautas del comportamiento espacial de los individuos que son especialmente relevantes para explicar la estructura espacial. Así se impuso el enfoque de economía política, que incide especialmente en los efectos de la intervención sobre el espacio dentro de un marco capitalista. La crisis de este último enfoque desemboca actualmente en cierto eclecticismo, tal como sucede en todas las ciencias sociales. Estos enfoques no son siempre sucesivos, aunque el énfasis de cada uno de ellos varía con el tiempo, de forma que se puede decir que todos ellos perduran en la actualidad. La geografía humana posee tres principales campos de estudio, que son: • La distribución e interrelación de las poblaciones y culturas en la superficie terrestre. • El modo específico en que éstas interactúan con su medio ambiente. • El modo en que organizan sus sistemas políticos, económicos y sociales como parte de su ubicación geográfica. Todo ello permite un enfoque espacial de las actividades humanas, lo cual a su vez permite abordar problemas de tipo histórico, político, cultural o social. Puede definirse la demografía como el estudio científico de las poblaciones humanas, en especial en lo que atañe a su tamaño, crecimiento, estructura, distribución y movilidad. Por estructura se entiende su composición según un cierto número de características agregadas de los individuos que la componen, sobre todo edad y sexo, pero también estado civil, agrupación en núcleos familiares, hábitat o distribución en el espacio, e incluso relación con la actividad, educación y, en algunos países, raza o etnicidad. Aunque no desdeñe el estudio de las poblaciones desde una perspectiva estática, la demografía se interesa ante todo por la dinámica de las poblaciones, esto es, por los procesos de cambio que se producen a lo largo del tiempo en su tamaño y estructura. Los cambios numéricos y estructurales de las poblaciones resultan de la combinación de tres, y sólo tres, tipos de acontecimientos, conocidos en el lenguaje de la disciplina como “los componentes del cambio demográfico”: nacimientos, defunciones y migraciones. A ellos suele añadirse un cuarto, los matrimonios, por su relevancia estructural y su influencia sobre los primeros. En cuanto a la tabla de fenómeno o de eliminación explicaremos que en demografía es especialmente importante estudiar acontecimientos (o «fenómenos») que van afectando progresivamente a los miembros de una generación a lo largo de su vida, desde el momento mismo de su nacimiento. Esos acontecimientos «demográficos» suelen estar relacionados con los cambios en la situación vital o familiar, como formar pareja o tener hijos, pero cabe estudiar muchos otros con relación menos directa, como el inicio de la vida laboral, o la afección por un problema de salud. Su estudio requiere disponer de un registro continuado de esos acontecimientos a lo largo de todas las edades y hasta la completa extinción de esa generación, registro que en ciencias sociales resulta bastante inusual. Afortunadamente los sistemas estadísticos nacionales empezaron a recoger dicha información a través del «Registro Civil» hace ya más de un siglo, de manera que los demógrafos tenemos la suerte de poder manejar las fuentes estadísticas necesarias y, además, poder aplicarles las herramientas de análisis estadístico correspondientes. Sobre las fuentes de datos demográficos hay que tener en cuenta que la materia prima que maneja un demógrafo son los datos estadísticos sobre población. Estos datos no produce él, sino que los obtiene de «fuentes», operaciones estadísticas de conteo de personas o registros de acontecimientos. De tales fuentes se extrae, depura y publica la información agregada, en el pasado en forma de tablas impresas y, cada vez más en la actualidad, en formato digital con los microdatos individuales. Este trabajo, que generalmente realizan las propias instituciones estadísticas, como el INE en España, es el que permite después al demógrafo elaborar sus propios indicadores y análisis. Por último, registrar los acontecimientos nos permite construir una tabla por edades en la que anotaremos cuántas personas, entre las candidatas iniciales, podemos ir «eliminando» (de ahí lo de tabla de eliminación) a medida que van experimentando el acontecimiento que estudiamos, y ver cuántas quedan todavía por experimentarlo. Paralelamente podemos añadir a la tabla otra columna en la que reflejar, en cada edad, cuántas personas lo han experimentado ya, desde el nacimiento hasta la edad que nos interese (a estas dos columnas podemos seguir agregando otras que explicaré más adelante). Voy a continuar la explicación apoyándola en un ejemplo. Fenómenos hay infinidad (haber escrito una carta alguna vez, haber besado a alguien alguna vez, haber viajado a Japón alguna vez, empezar a trabajar por primera vez…), pero de muy pocos hay registros estadísticos disponibles. Pero vamos a imaginar que tenemos el registro de cuándo los miembros de una generación han visto el mar por primera vez. Fíjate en que la tabla no presenta los datos de registro referidos al momento exacto del acontecimiento. Para hacerlo debería detallar la duración exacta desde el nacimiento para cada una de las personas, y ésta podría ser muy variable en su distancia temporal entre individuos (el primero a los 2m 33s, el segundo a los 14m, 02s, el tercero a las 8h 9m 45s…). Si esta tabla ya resultaría demasiado larga para 1000 individuos iniciales, imagina el problema cuando se tratase de cientos de miles. Por eso las tablas se construyen siempre «por intervalos», y en cada categoría de intervalo se recoge el número de personas que lo han experimentado «dentro». De esta manera, dependiendo del fenómeno estudiado, de la cantidad de casos y de la necesidad de exactitud para su estudio, podemos escoger intervalos de días, semanas o años, pero también de segundos o de minutos (la «significación» estadística de la muestra disponible es un condicionante fundamental, si los datos son escasos no tiene sentido desagregarlos mucho en intervalos muy pequeños; de hecho obligan a trabajar con intervalos mayores con tal de tener casos suficientes en cada uno de ellos). Por ejemplo, es interesante estudiar «por días» o «por meses» fenómenos que guardan relación con las estaciones del año, como ciertas enfermedades. Pero no resulta de interés hacerlo si los acontecimientos registrados son tan pocos que su número pierde interés estadístico y hace recomendable clasificarlos en intervalos más largos donde sí se recoja un número suficiente. El intervalo más pequeño con el que las estadísticas oficiales suelen publicarse es el del año de vida, de manera que la tabla de eliminación más detallada suele ser la «tabla de edades simples». Pero suele emplearse también la «tabla abreviada», agregando las edades simples en intervalos mayores, como los quinquenales, decenales, etc. El calendario del fenómeno es la manera en que están distribuidas las experiencias del fenómeno a lo largo de la vida completa de la generación. Puesto que se trata de una distribución estadística a lo largo de las sucesivas edades, el calendario puede representarse en un gráfico, o resumirse en los «indicadores resumen» habituales en estadística (el promedio y la desviación, la mediana, los cuartiles, deciles, etc.). El más utilizado es el promedio, en este caso la «edad media». Este estudio del calendario es fundamental para la demografía. Y la tabla de fenómeno permite hacerlo con gran detalle, calculando información complementaria a partir del simple registro de los acontecimientos. Ya has visto que, conociendo el número inicial de miembros de la generación, y disponiendo del registro del fenómeno a lo largo de su vida, se puede calcular también, cuántos miembros se van acumulando desde el nacimiento hasta cada una de las edades, y también el total de los que todavía no lo han experimentado. Ambas son magnitudes complementarias, de manera que su suma siempre nos dará el total inicial. Pero es que también podemos calcular una tabla con las probabilidades de que el acontecimiento se produzca entre dos intervalos de edad, y también otra tabla con la probabilidad de que no se produzca. Y además, de cada una de esas nuevas variables que podemos ir calculando podremos obtener un gráfico que nos dará mucha información a simple vista (pautas típicas, inflexiones anómalas a ciertas edades, diferencias entre generaciones…). En definitiva, una tabla de eliminación permite un análisis muy exhaustivo del fenómeno estudiado. El mejor ejemplo de aplicación es el que se hace al estudiar la mortalidad. Ahora, hablaremos sobre la dinámica y estructura demográfica. Ya se ha explicado aquí el concepto de “estructura” poblacional. Baste con recordar que se refiere a cómo está compuesta una población, cómo clasificamos a sus componentes en función de un criterio diferenciador cualquiera, como el lugar de residencia, la estatura o la franja de ingresos. El criterio clasificatorio, eso sí, debe cumplir la condición de ser exhaustivo (todos los integrantes de la población deben aparecer en alguna de sus categorías) y sus categorías deben ser excluyentes (si se está en una de ellas no se puede estar en ninguna de las otras, lo que en teoría de conjuntos implica que no hay intersecciones entre los subconjuntos). Un ejemplo clásico es la estructura de clases sociales. Si nos preguntamos cómo calcular un porcentaje tendremos que señalar que en demografía, como en muchas otras disciplinas estadísticas y sociales, es muy corriente expresar relaciones entre dos magnitudes en forma de porcentajes o «tantos por ciento» (también en «tantos por mil», «tantos por cien mil», etc.). El cálculo del porcentaje es muy elemental, pero esta web es para personas muy variadas, muchos sois estudiantes de primeros ciclos, y ya he recibido varias comentarios con preguntas sobre la manera de hacer ese cálculo. En demografía, como en muchas otras disciplinas estadísticas y sociales, es muy corriente expresar relaciones entre dos magnitudes en forma de porcentajes o «tantos por ciento» (también en «tantos por mil», «tantos por cien mil», etc.). El cálculo del porcentaje es muy elemental. En cuanto al poblacionismo hay que empezar indicando que, las políticas demográficas no aparecieron hasta el siglo XIX porque la propia demografía no empezó a existir hasta entonces. Pero ello no significa que no hubiese “doctrinas sobre población” muchísimo antes, especialmente en el pensamiento económico que acompañó el surgimiento de los estados absolutos, tras la Edad Media. Durante los siglos XVII y XVIII proliferaron las teorías sobre la mejor gestión de la economía estatal, especialmente en la corriente que hoy conocemos como «mercantilismo», que veía en la población un factor importante para el poder económico de cualquier reino. Las teorías mercantilistas sobre ese papel de la población y sobre la manera de modelarlo se conocen como «poblacionismo». El poblacionismo no puede considerarse todavía política demográfica en sentido estricto, como tantas otras «doctrinas» anteriores al siglo XX, porque carece de las fuentes de datos y los métodos demográficos necesarios. Ni siquiera Malthus o Adam Smith fueron demógrafos, por mucho que incluyeran el volumen poblacional en sus consideraciones sobre el crecimiento económico. El poblacionismo debe contemplarse como un antecedente arcaico y de escasa fundamentación empírica, aunque todavía hoy se mantengan tesis políticas similares, especialmente entre los natalismos. El surgimiento de las monarquías absolutas fue acompañado de aparatos estatales mayores, más costosos y complejos, que los medievales. El pensamiento económico cambió en consecuencia, en ámbitos tan diversos como el papel del préstamo y los intereses, los aranceles e impuestos, la regulación estatal del comercio y la economía, el apoyo a los productores y comerciantes frente a los extranjeros. El mercantilismo suele ser: • «metalista» (es más rico el estado que más oro o plata acumula), • persigue una balanza comercial positiva con el extranjero, • impulsa el crecimiento de la producción y el comercio propios, y • atribuye al Estado un papel principal para conseguirlo. • Y es poblacionista como un componente más de ese conjunto de principios. Si considera que el aumento de la población es necesario y fundamental para que crezca la economía de un país. no lo hace concibiendo el propio país como el conjunto de sus pobladores, como ocurriría más tarde con el Estado nacional moderno. Todavía no hay identificación entre país, estado, nación y población. Por el contrario el poblacionismo mercantilista refleja el papel que la nobleza y las élites económicas atribuyen a la población: siervos, súbditos, lacayos, es decir, instrumento de las políticas, no su beneficiario. Si la población debía acrecentarse era porque así aumentaría la mano de obra y, consecuentemente, disminuiría su precio. El bajo coste del trabajo requería que los trabajadores, además de abundantes, fuesen pobres. Abundancia y pobreza de la población proporcionarían ventaja respecto a otros reinos. El poblacionsimo mercantilista generalmente parte del supuesto de que la población es holgazana por naturaleza. Si debe recibir el mínimo de subsistencia por su trabajo es también para que su laboriosidad no decaiga. Pero también se debe procurar que no haya desocupados. De nada sirve el crecimiento de la población si la parte que no trabaja aumenta, y esta mentalidad es muy visible en la Inglaterra que aprueba las Leyes de Pobres, que persigue a los vagabundos y dicta la obligación legal de trabajar, pero también en Francia, donde Colbert obliga a trabajar en las manufacturas reales a niños de seis años (esta preocupación será todavía visible en Malthus, cuya obra es un alegato directo contra el optimismo de la ilustración francesa y contra la multiplicación de los pobres si reciben ayuda más allá de lo que puedan ganar con su trabajo). El mercantilismo suele ilustrarse en sus grandes figuras inglesas (William Petty) o francesas (Juan Bautista Colbert), generalmente relacionadas con el aparato de gobierno. Pero su componente poblacionista no se entendería sin enfatizar un aspecto esencial de las grandes monarquías absolutas: sus colonias. Especialmente las colonias americanas son un marco necesario para entender buena parte las tesis poblacionistas, y en ello el papel de la corona española es principal, aunque la historiografía posterior, especialmente la anglosajona, lo haya tenido en poca consideración. La colonización americana fue un asunto poblacional para la monarquía española desde los propios Reyes Católicos, y los grandes cortesanos y hombres de estado teorizaron abundantemente sobre las ventajas e inconvenientes de la emigración de ultramar, la manera de mantener trabajando y produciendo a los pobladores indígenas, el estatus legal de los mestizos, la desertización de algunas regiones castellanas, la regulación del comercio con otros países europeos o el uso de los metales preciosos extraídos… Añádanse el fortísimo impacto demográfico de medidas como la expulsión de los judíos y musulmanes en los inicios del siglo XVI o, más tarde, la de los moriscos por parte de Felipe III al empezar el siglo XVII. El mercantilismo entró en declive a partir del siglo XVIII, frente a propuestas como las fisiócratas o las liberales. Sin embargo el componente poblacionista ha subsistido de forma independiente hasta nuestros días. Un economista fundamental durante el siglo XX, J.M. Keynes, es conocido por recuperar algunas componentes del mercantilismo, como la importancia de la cantidad de dinero en circulación, la balanza comercial y los tipos de interés, y también el poblacionismo: De hecho el principal debate demográfico del siglo XX ha sido descrito como una disputa entre las tesis maltusianas y las poblacionistas. Sobre pirámides mal hechas hay que destacar que en particular la correspondencia con un historiador, Fernando Manzano Ledesma (Universidad de Oviedo), me ha proporcionado ideas y materiales con los que abrir una serie sobre los errores más frecuentes en estos gráficos. Empezaré con un caso significativo, para ir añadiendo otros en el futuro. Se trata de la pirámide dibujada con datos correspondientes a intervalos de edad de distinta amplitud, cuando se dibuja directamente, sin ponderar tales amplitudes: • Un primer defecto, conceptual, es la confusión terminológica entre «distribución» y «estructura». Lo proporcionado en la tabla y lo representado en la pirámide es la distribución en números absolutos y, por lo tanto, no es la estructura (que siempre es en números relativos, casi siempre porcentajes). • Pueden hacerse pirámides tanto de números absolutos como de porcentajes, pero las primeras no tienen demasiada utilidad: si se trata de ver diferencias de volumen poblacional no tiene sentido complicarse haciendo pirámides; si se trata de ver diferencias en la estructura por edades inexcusablemente hay que hacer pirámides de porcentajes. • El paso que falta para hacer una representación correcta es repartir la población en intervalos iguales. En este caso, además, no queda más remedio que descender a los intervalos anuales simples, porque no hay ningún otro submúltiplo común a todas las amplitudes de intervalo que tenemos. Hay que hacer, por tanto, una nueva tabla por edades simples. • Un último comentario: aunque resulte extraño ver que se repite una misma barra en varios intervalos, ese es sólo un problema «de diseño gráfico» que se puede resolver de distintas maneras. Lo importante es que se redistribuyan las áreas representadas en función de las distintas amplitudes de intervalo. Acerca de la mortalidad infantil plantearemos lo siguiente: En 1765 María Luisa de Borbón-Parma se casó en con Carlos IV, rey de España y «Las Américas». Había nacido en 1751, puedes calcular con qué edad la llevaban a los altares. Era una joven sana, el primer embarazo llegó pronto, y los siguientes se sucedieron hasta sumar veinticuatro. Tuvo suerte, no era raro que las mujeres muriesen durante el parto, incluso las de clase alta. Pero diez de aquellos embarazos no llegaron a término, sólo catorce culminaron en nacimientos reales. Y de esos, la mitad murió durante su infancia. Los que llegaron vivos a edad adulta fueron siete. Si esto era corriente en las cortes de toda Europa, es fácil imaginar cómo era en el conjunto de la población, en todo el mundo, mayoritariamente compuesta por familias humildes. La duración de la supervivencia del conjunto de los que nacen, es decir, de toda la población, es lo que la demografía analiza ayudándose de estadísticas no siempre fáciles de obtener y depurar. Pero una vez calculadas, las tablas de mortalidad permiten seguir el transcurso de una generación de nacimientos y el impacto de la mortalidad en cada una de sus sucesivas edades hasta que se extingue por completo. En esas tablas, probablemente la herramienta más importante del análisis demográfico, siempre ha destacado, por su tremenda magnitud, la mortalidad durante el primer año de vida (es lo que se conoce como mortalidad infantil en sentido demográfico estricto, aunque a menudo se usa esa expresión para referirse a las muertes de niños de cualquier edad). La mortalidad del primer año era tan alta que las tablas de mortalidad abreviadas, construidas con intervalos quinquenales de edad (saltos de cinco años entre una edad y la siguiente), han descompuesto siempre el primer intervalo en dos partes, el primer año y los cuatro siguientes, y sólo a partir de ahí se sigue con una tabla realmente quinquenal. De hecho conviene analizar la distribución de las muertes infantiles incluso por días y por semanas, especialmente durante el primer mes, que concentraba más de la mitad de las muertes del primer año. El espectacular y definitivo quiebro de esta pauta ancestral empezó a gestarse hace más de un siglo pero únicamente en algunos países pioneros, y todavía en las últimas décadas había un enorme camino por recorrer en la mayor parte del mundo. La elevada mortalidad infantil que ha acompañado a la humanidad suele atribuirse únicamente a los avances sanitarios o higiénicos. Pero también estaba relacionada con la falta de herramientas eficaces para evitar embarazos y decidir conscientemente cuántos hijos se quería y podía tener. Hasta que se crearon y extendieron las nuevas herramientas de anticoncepción, fiables y asequibles, el control de la fecundidad era colectivo, no individual. Consistía en retrasar la edad de los casamientos y limitar la proporción de quienes podían casarse, todo ello sujeto, en el caso de la mujer, a un estricto control patriarcal, familiar, religioso o político. El principal modo de enfrentar embarazos no deseados era el abandono o el infanticidio, este último de forma muy extendida y aceptada en Asia. La iglesia católica, siempre implicada en el control de las relaciones sexuales, familiares y reproductivas, intentó poner también remedio a este problema creando instituciones que recogían los hijos abandonados facilitando el anonimato. Pero hasta amamantar a los expósitos se convertía en un grave problema, que se añadía a las malas condiciones en tales instituciones. La mortalidad en las inclusas era por tanto elevadísima (en algunas alcanzaba el 70%), de manera que contribuían a empeorar el problema general de mortalidad precoz. La reducción histórica de la mortalidad infantil sitúa en un estadio nuevo la eficiencia reproductiva humana y está en el núcleo explicativo de la Teoría de la Revolución Reproductiva. No solo añade población total al ampliar los años que cada nacimiento va a poder seguir siendo computado en cada recuento de población, sino que ha producido una revolución del crecimiento demográfico al permitir a la práctica totalidad de los nacidos alcanzar con vida las edades en que, a su vez, pueden tenerse hijos. Esa es la auténtica causa del boom demográfico experimentado por la humanidad durante el siglo XX, a la vez que se reducía la fecundidad. En cuanto al concepto de Población estacionaria, lo primero que hay que aclarar sobre este concepto es que las poblaciones estacionarias no existen, son únicamente herramientas teóricas de análisis. Jamás se ha conocido ninguna población real que fuese estacionaria. Recalco este punto porque se ha extendido una clasificación de las pirámides reales en la que algunas se etiquetan como estacionarias (junto a las «expansivas» y las «regresivas»). Es un error por partida doble, porque el término ya existe y significa otra cosa, y porque incluso el nuevo significado, divulgativo, es falso (tienes una explicación en La pirámide regresiva, una falacia). Pero, si existiese de verdad una población estacionaria, ¿qué condiciones debería cumplir? • Para empezar, estaríamos hablando de una población cerrada, en la que sólo se entra o sale por nacimiento o defunción (no hay migraciones). • Además, tendría volumen y estructura por edades constantes en el tiempo, nunca cambiarían. Esta segunda condición, aparentemente simple, no es sin embargo fácil de cumplir. • Sólo es posible mantener una población que no cambia, ni en número de personas ni en su distribución por edades, si también la mortalidad por edades (es decir, la tabla de mortalidad) se mantiene inalterable a lo largo de un tiempo indefinido (si la mortalidad cambiase en alguna edad, en los años posteriores también cambiaría la población superviviente en las edades siguientes y, por lo tanto, la pirámide dejaría de ser la misma). • Y para que se cumplan estos requisitos (que no cambie el volumen, ni la pirámide de población, ni la tabla de mortalidad), tiene que ocurrir también necesariamente que el número de nacimientos y de defunciones sean iguales y que ese número se mantenga año tras año sin ninguna alteración. Por tanto una población estacionaria tendría una tasa de crecimiento cero (no cambiaría de tamaño), y esa inmovilidad sólo es posible si sus respectivas tasas brutas de natalidad y de mortalidad son idénticas y se anulan mutuamente, y su estructura por edades (la pirámide) se mantienen inalterada en el tiempo. Como puede verse, son demasiados requisitos para que los cumpla una población de verdad. Pero la construcción teórica de un «artefacto» como este tiene utilidades muy interesantes para el demógrafo, especialmente cuando se quiere analizar en profundidad los efectos de una determinada tabla de mortalidad. Permite, por ejemplo, calcular el «volumen potencial» que llegarían a alcanzar poblaciones distintas si sólo las diferenciase su tabla de mortalidad, o qué población por edades llegaría a consolidarse con el tiempo si la mortalidad de una generación particular se repitiese indefinidamente en todas las generaciones posteriores. De la misma manera, es posible jugar todavía más con los datos añadiendo condiciones diferentes de fecundidad y comparar los respectivos pesos de ambos factores, la mortalidad y la fecundidad, en la población final resultante y en su ritmo de crecimiento o de disminución (en ese caso se habla de poblaciones estables, de las cuales las poblaciones estacionarias son sólo un caso particular). Ocurre que en cualquier tabla de mortalidad, entre sus diferentes funciones («columnas de la tabla») tenemos una, la del total de años vividos en una edad exacta (Lx), que coincide además con la población estacionaria «asociada» a esa tabla. Esto es así porque cada «año vivido» en esa tabla puede identificarse con una persona, es decir, es lo que los manuales de demografía llaman un «año/persona». Otra manera de entender esa Lx es como «la población en el punto medio del intervalo de edad. En cuanto al concepto de familia en las fuentes censales está claro que, el Censo está considerado como una de las fuentes sociodemográficas más completas que existe, dada su cobertura y la variedad de información que llega a recopilar periódicamente. Aunque su principal objetivo sea realizar un recuento de la población para así obtener conocimiento sobre la estructura de la población, la cantidad y variedad de preguntas que se incluyen en el cuestionario posibilitan acceder además de a información sobre aspectos intrínsecos de las personas (edad, sexo), a otras características más generales (estado civil, nivel de instrucción, relación con la actividad…) o a datos referentes a su forma de convivencia. Sobre esta última cuestión, la información acerca de la composición familiar de las personas, se pueden advertir, en los censos realizados y que contienen información al respecto, cambios significativos en la definición del término ‘familia’. El mayor inconveniente de estas variaciones surgen a la hora de realizar trabajos comparativos. En el censo de 1960 todavía no se recoge información referente a los tipos de núcleos y las formas familiares en la que se distribuye la población. Es en 1970 cundo se comienza a recoger información sobre las familias y los núcleos familiares, aunque no se ofrecen datos desagregados por edad y sexo de los componentes de dichas familias. En 1970 por ejemplo, la familia es definida como «…el grupo de personas, vinculadas generalmente por parentesco que hacen vida en común, ocupando normalmente la totalidad de una vivienda… incluidos, en principio, los huéspedes no familiares a los que se cede el uso de una o más habitaciones de la vivienda, así como otras facilidades (teléfono, baño, etc.), y a los que generalmente se presta servicios tales como arreglo y limpieza de la habitación, lavado de ropa, alimentación…». Esta concepción de familia también incluye a las personas que viven solas, denominadas familias unipersonales. La definición que ofrece el Censo en 1981 básicamente no difiere de la anterior, aunque se precisa la situación del servicio y de los huéspedes: en 1970 a los huéspedes no familiares se les cede el uso de una o más habitación, equipamiento de la misma y se les presta servicios tales como el de lavado de ropa o limpieza de la habitación. La condición de los huéspedes o personal de servicio para formar parte estadísticamente de la familia en 1981 es que pernocten en la vivienda. Pero el cambio más significativo se produce en el censo de 1991 y en su concepción de familia. Por un lado, la familia se define como «…el grupo de personas (dos o más) que residiendo en la misma vivienda familiar, comparten algunos gastos en común (que difiere de la vida en común de los anteriores censos) y están vinculadas por lazos de parentesco…(no sólo generalmente vinculados por lazos de parentesco)». Otra de las disparidades la encontramos en la forma de considerar a las personas que viven solas. Mientras que hasta 1981 se las consideraba igualmente familias (sin núcleo), en 1991, con la incorporación de un nuevo concepto, el de hogar, las antiguas familias unipersonales dejan de concebirse como tales, y pasan a constituir hogares unipersonales, ya que en 1991, se subraya, para poder formar una familia, el cumplimiento del requisito de constituir un grupo de personas (dos o más). Por otro lado, el ‘hogar’ se define como «…el conjunto de personas que residiendo en la misma vivienda comparten gastos comunes ocasionados por el uso de la vivienda y/o gastos de alimentación». Las principales desigualdades que encontramos en estos dos términos son: • Que el hogar puede ser unipersonal, mientras que la familia tiene que constar, por lo menos, de dos miembros, • que los miembros de un hogar multipersonal no tienen necesariamente que estar emparentados, mientras que los miembros de una familia sí • el término hogar viene a sustituir lo que en censos anteriores, se denominaba familia censal. El hogar incluye tanto a las personas emparentadas entre sí, como a otras que no lo están, como las personas del servicio doméstico y los huéspedes fijos. Excepcionalmente en una misma vivienda puede existir más de un hogar (por ejemplo, las viviendas habitadas por dos hogares totalmente autónomos, uno de los cuales reside allí en concepto de alquiler o realquilado). • Además de las definiciones que da el Instituto Nacional de Estadística, el Eustat, que comenzó a publicar y difundir estos datos a partir de 1981, también proporciona información censal, que en algunos casos presenta diferencias con las que publica el INE. Es el caso de las definiciones de ‘familia’ y ‘hogar’ de 1991 (6). • En la definición de familia de 1991 y 1996 el Eustat mantiene que la familia está «… vinculada generalmente por lazos de parentesco…hacen vida en común…», incluyen en esta definición a «…las personas que viven solas, como familias unipersonales» y también, en el padrón de 1996 a «…las familias residentes en establecimientos colectivos…las personas del servicio doméstico que pernoctan en la vivienda y los huéspedes en régimen familiar». Por tanto, la concepción de familia de este Instituto es bastante más amplia que la que presenta el INE a partir de 1991. Por otro lado, también introducen el concepto de ‘hogar’, como «el total de personas que ocupan o residen en una vivienda principal, independientemente del parentesco entre ellos… «. El Eustat no hace ningún tipo de mención sobre los gastos a compartir y considera que «… en un hogar puede haber dos familias o más cuando haya dos o más grupos familiares sin relaciones de parentesco entre ello». • Resulta conveniente por lo tanto, tener en cuenta las desigualdades existentes en torno a los conceptos de ‘familia’ y de ‘hogar’, en función de la fecha en el que se ha llevado a cabo la recogida de datos y la institución que los presenta, e intentar, de este modo, adaptar y homogeneizar dichos conceptos en los casos en los que se pretendan realizar trabajos comparativos. El movimiento de la población resulta, pues, de acontecimientos que afectan a los individuos, y para estudiarlo el punto de partida no puede ser otro que la observación de tales acontecimientos. Pero los acontecimientos singulares no interesan sino como partes del agregado que constituye el objeto de estudio. En consecuencia, el tratamiento de los mismos es siempre cuantitativo, estadístico. Ello implica recoger datos sobre la ocurrencia y características generales de los nacimientos, matrimonios, migraciones y defunciones que se producen en una población, contarlos y clasificarlos. A partir de esta materia prima se calculan las variables agregadas que determinan el cambio de las poblaciones: fecundidad, nupcialidad, movilidad y mortalidad. El examen diacrónico de las mismas pone de manifiesto sus tendencias de evolución. Pero la comprensión y explicación de variables y tendencias sólo puede proceder de su examen en el contexto más amplio en el que se producen, poniéndolas en relación con los factores biológicos, económicos, sociales, institucionales y culturales que las condicionan y con los que interactúan. La demografía es la ciencia que estudia la composición y la evolución de las poblaciones. En sentido estricto, el análisis demográfico se ocupa de la variación del número de individuos de una población, sin importarle las causas ni las consecuencias de estas variaciones. Una vez admitidas unas determinadas características de la especie humana, se trata, en cierto modo, de llevar una contabilidad de los humanos. En sentido amplio, la demografía analiza las causas y las consecuencias de las variaciones y, a partir de ahí, llega a los terrenos del análisis económico y social. En este último sentido, la demografía apela a gran número de ciencias. No obstante, la distinción entre estos sentidos mencionados de la demografía no es nada clara. A lo sumo, esperaríamos de la primera la abstracción matemática pura. Más acusada es, sin embargo, la diferencia entre los métodos y, sobre todo, entre las personas que se dedican a estas investigaciones. Unos, con formación matemática y estadística, se dedican exclusivamente al análisis, evitando a propósito los más arbitrarios y subjetivos aspectos del campo económico y social. Los otros, economistas y sociólogos, estudian sus dominios con métodos menos rigurosos y en ellos únicamente intervienen los fenómenos demográficos a título accesorio y casi siempre sin profundizar demasiado en el análisis matemático. De esta dualidad pueden derivarse conflictos pero también, gracias a la complementariedad de las investigaciones, fructuosas colaboraciones. La geografía humana es una disciplina académica que trata de establecer las relaciones recíprocas entre el medio geográfico y la población que lo habita, haciendo especial énfasis en el impacto que tienen determinadas características espaciales sobre la sociedad así como la formación de paisajes voluntarios formados por la acción humana. Tiene una estrecha relación con las restantes ciencias sociales en concreto con la economía y la psicología, resaltando los lazos con la sociología y especialmente con la sociología urbana. El nacimiento de la disciplina está directamente ligado a posiciones deterministas que trataban de establecer una relación directa entre las características del medio espacial y las formas sociales. Pero esas posiciones han dado paso a otras perspectivas, destacando el enfoque positivista, desarrollado durante los años cincuenta y mitad de los sesenta, que incide en la determinación de las lógicas de localización, produciendo modelos sintéticos que posibilitarían la predicción de ciertos comportamientos espaciales. La crisis del positivismo da pie al desarrollo del enfoque conductista, cuyo principal objetivo es el establecimiento de aquellas pautas del comportamiento espacial de los individuos que son especialmente relevantes para explicar la estructura espacial. Así se impuso el enfoque de economía política, que incide especialmente en los efectos de la intervención sobre el espacio dentro de un marco capitalista. La crisis de este último enfoque desemboca actualmente en cierto eclecticismo, tal como sucede en todas las ciencias sociales. Estos enfoques no son siempre sucesivos, aunque el énfasis de cada uno de ellos varía con el tiempo, de forma que se puede decir que todos ellos perduran en la actualidad. La Geografía humana estudia, entre otras cosas, la distribución de las poblaciones. Se llama geografía humana o antropogeografía a la segunda gran división de la Geografía, junto con la geografía física. Se ocupa, a diferencia de esta última, del estudio espacial de las sociedades humanas y sus relaciones con el medio ambiente. Es decir, se enfoca en los aspectos no naturales del planeta Tierra, como una especie de “ecología humana”. Su iniciador fue el alemán Karl Ritter (1779-1859) y su sucesor, el francés Élisée Reclus (1830-1905). La primera obra escrita de la disciplina apareció en el siglo XIX, con el nombre de antropogeografía y fue obra del alemán Friedrich Raztel (1844-1904), considerado a su vez como uno de sus fundadores. Ciencia que estudia la composición y la evolución de las poblaciones. En sentido estricto, el análisis demográfico se ocupa de la variación del número de individuos de una población, sin importarle las causas ni las consecuencias de estas variaciones. Una vez admitidas unas determinadas características de la especie humana, se trata, en cierto modo, de llevar una contabilidad de los humanos. En sentido amplio, la demografía analiza las causas y las consecuencias de las variaciones y, a partir de ahí, llega a los terrenos del análisis económico y social. En este último sentido, la demografía apela a gran número de ciencias. No obstante, la distinción entre estos sentidos mencionados de la demografía no es nada clara. A lo sumo, esperaríamos de la primera la abstracción matemática pura. Más acusada es, sin embargo, la diferencia entre los métodos y, sobre todo, entre las personas que se dedican a estas investigaciones. Unos, con formación matemática y estadística, se dedican exclusivamente al análisis, evitando a propósito los más arbitrarios y subjetivos aspectos del campo económico y social. Los otros, economistas y sociólogos , estudian sus dominios con métodos menos rigurosos y en ellos únicamente intervienen los fenómenos demográficos a título accesorio y casi siempre sin profundizar demasiado en el análisis matemático. De esta dualidad pueden derivarse conflictos pero también, gracias a la complementariedad de las investigaciones, fructuosas colaboraciones. La demografía es el estudio estadístico de una colectividad humana. La demografía realiza análisis estadísticos, dinámicos y comparativos que permiten elaborar teorías sobre los factores, procesos y tendencias de una población. Se utilizan como fuentes los censos, registros civiles y estadísticas demográficas, que recopilan y analizan datos sobre nacimientos, muertes, matrimonios, etc. La humanidad ha ido en aumento constante desde su aparición hasta nuestros días y este aumento se ha acelerado más que retardado en las últimas generaciones. La historia cultural de la raza demuestra que la mayoría de las sociedades prefirieron en otros tiempos crear su bienestar material a mantener la máxima población numérica en los mismos linderos del hambre. A ello contribuyeron también en muchos casos la escasez de conocimientos médicos y las mortandades producidas en las guerras. En 1800 la humanidad contaba por lo menos1.000.000 de años y la población de la Tierra era solo de 900.000.000; un promedio anual de 900 en el crecimiento demográfico del globo. Por otro lado, la densidad de población indica el grado de ocupación media de un territorio por parte de su población. Se expresa en número de habitantes por kilómetro cuadrado. Para ello se divide el número de habitantes entre los kilómetros cuadrados de superficie. En España la densidad de población es de 81 hab/km2. Por otra parte, el éxodo rural es un fenómeno consistente en el abandono del medio rural por parte de la población, que marcha hacia los núcleos urbanos buscando una mejora en el nivel de vida. En España, estas migraciones interiores se iniciaron con la aparición de las industrias en las ciudades que precisaban mano de obra. El excedente campesino, sin posibilidad de poder sostener a la familia, fue absorbido por los núcleos urbanos. Los campesinos, muchos de los cuales vivían en condiciones miserables, se dirigieron en masa a las ciudades. En otro sentido, el hábitat o poblamiento concentrado se da cuando las viviendas se agrupan formando núcleos compactos, pueblos o villas más o menos grandes, en general cerca de una fuente de agua. En cambio, se da el hábitat o poblamiento aislado si no hay núcleos de población reconocibles, las casas no se agrupan en pueblos ni aldeas y las viviendas rurales se distribuyen en modo independiente por el territorio, constituye un hábitat rural aislado. Este tipo de hábitat sólo se encuentra en la costa atlántica y en zonas de montaña muy lluviosas. Incluso, se da el hábitat o poblamiento disperso si existen pequeños núcleos de población o aldeas, con pocas casas, cerca del núcleo central, también pequeño, que concentra los servicios del municipio. Es propio de las zonas con lluvias importantes. Además, la población activa está compuesta por aquellas personas de un país entre los 16 y los 65 años que desempeñan o buscan desempeñar un trabajo (incluye a los parados). La Organización Internacional del Trabajo define población activa como el conjunto de personas que proporciona mano de obra disponible para la producción de bienes y servicios. Y, por el contrario, la población inactiva está constituida por las personas que, por su edad (menores de 16 años y mayores de 65 años), no deben trabajar. Se incluyen también aquellas que no tienen trabajo remunerado, como las amas de casa, los estudiantes, etc. Sin embargo, el régimen demográfico es una situación demográfica a lo largo de la cual la natalidad, la mortalidad y el crecimiento natural presentan unas tendencias homogéneas. La tasa de fecundidad es la relación entre el número de nacimientos y el número de mujeres en edad de procrear (que se establece entre los 15 y 49 años) por cada mil habitantes. La tasa de fecundidad española es de 1,2 hijos por mujer. Está muy por debajo de la necesaria para que se produzca un crecimiento natural de la población. La tasa de mortalidad infantil es la relación entre los niños menores de un año fallecidos a lo largo del año con respecto al total de nacidos. Se expresa en tantos por mil. Actualmente la mortalidad infantil española es del 4,9 por mil. Es una de las más bajas de Europa. La tasa de mortalidad son las defunciones que se producen en una población determinada. Su tasa es el número de difuntos en un año en relación a la población total por cada 1.000 habitantes. La tasa de mortalidad se considera alta si supera el 35 por mil, moderada si va del 15 al 35 por mil y baja si está por debajo del 15 por mil. Por su parte, la tasa de natalidad son los nacimientos que se producen en una población determinada. Su tasa es el número de bebés nacidos en un año en relación a la población total por cada 1.000 habitantes. La tasa de mortalidad se considera alta si supera el 35 por mil, moderada si va del 15 al 35 por mil y baja si está por debajo del 15 por mil. Por último, la transición demográfica es el paso del ciclo demográfico antiguo (caracterizado por altas tasas de natalidad y mortalidad) a un ciclo demográfico moderno (Bajas tasas de natalidad y mortalidad). En este proceso encontramos varias fases: Fase demográfica tradicional, Fase de descenso de la mortalidad, Fase de reajuste de la natalidad y la Fase demográfica moderna. En España no se desarrolla la última fase hasta 1950. No se olvide que las pirámides de población se realizan para estudiar y conocer la estructura de una población por sexo y edad. Son representaciones gráficas de dicha estructura. Se distinguen varios tipos: pagoda, bulbo, campana y as de picas. La dinámica y estructura de la población analiza los cambios ocurridos en la población al transcurrir el tiempo, considerándose variables fundamentales la cifra de población por edad, sexo, lugar de nacimiento y lugar de residencia (actual y previa). La dinámica poblacional estudia la composición de una población de la misma especie (número de individuos, edad, sexo, etc.) y sus variaciones a lo largo del tiempo. El estudio de parámetros demográficos como la supervivencia, el éxito reproductor, la distribución o la dispersión (emigración-inmigración) nos permiten conocer e identificar el futuro de una determinada especie así como detectar aquellos puntos donde es conveniente actuar para asegurar el mantenimiento de la población. La demografía es la ciencia que estudia la composición y la evolución de las poblaciones. En sentido estricto, el análisis demográfico se ocupa de la variación del número de individuos de una población, sin importarle las causas ni las consecuencias de estas variaciones. Una vez admitidas unas determinadas características de la especie humana, se trata, en cierto modo, de llevar una contabilidad de los humanos. En sentido amplio, la demografía analiza las causas y las consecuencias de las variaciones y, a partir de ahí, llega a los terrenos del análisis económico y social. En este último sentido, la demografía apela a gran número de ciencias. No obstante, la distinción entre estos dos sentidos mencionados de la demografía no es nada clara. A lo sumo, esperaríamos de la primera la abstracción matemática pura. Más acusada es, sin embargo, la diferencia entre los métodos y, sobre todo, entre las personas que se dedican a estas investigaciones. Unos, con formación matemática y estadística, se dedican exclusivamente al análisis, evitando a propósito los más arbitrarios y subjetivos aspectos del campo económico y social. Los otros, economistas y sociólogos, estudian sus dominios con métodos menos rigurosos y en ellos únicamente intervienen los fenómenos demográficos a título accesorio y casi siempre sin profundizar demasiado en el análisis matemático. De esta dualidad pueden derivarse conflictos pero también, gracias a la complementariedad de las investigaciones, fructuosas colaboraciones. La Geografía de la Población es el estudio de las poblaciones humanas; su composición, el crecimiento, la distribución, y los movimientos migratorios. Esta rama de la Geografía Humana contribuye al conocimiento del campo interdisciplinar de la demografía, a través del análisis de las implicaciones espaciales en el entendimiento de las problemáticas demográficas concretas, como comportamientos reproductivos, movimientos migratorios y envejecimiento de la población. Desde el año 20.000 a.C. hasta nuestros días, una proporción cada vez mayor de la humanidad vive de los recursos generados por la práctica de la agricultura y ganadería. La escasez de alimentos está relacionada, por tanto, con las circunstancias de una economía agrícola y ganadera. La estrella del momento es el hombre de cro-Magnon . La subsistencia del hombre está necesariamente ligada a la de los seres vivos de los que depende. La innovación del Neolítico consistió en que, con la domesticación de animales y plantas, los seres humanos se ocuparon de que animales y plantas estén bien nutridos. Para ello, los grupos de economía pastoril se desplazaban en busca de nuevos territorios en caso de agotamiento. Esto no sucedió en el caso de economías agrícolas. En ellas, la subsistencia sólo era posible si concurrían unas circunstancias: agua, insolación y riqueza del suelo. Por este motivo, el desarrollo de la agricultura tuvo lugar, al principio, en lugares muy determinados: el valle del Nilo, Mesopotamia, el valle del Indo, las cuencas de los ríos Amarillo y Azul y algunos otros lugares óptimos. La expansión hacia territorios menos propicios implicó el desarrollo de tecnologías como el riego, el abono o la rotación de cultivos, entre otros. La posibilidad de almacenar recursos alimenticios incluye la posibilidad de concentración desigual de la riqueza y, por lo tanto, el surgimiento de sociedades jerárquicas. En el momento en el que éstas aparecen, aparte del robo y la guerra, el hambre es una consecuencia directa de lo que sucede en el nicho ecológico. A partir de ese momento, el proceso social de distribución de la riqueza debe ser capaz de modularla e incluso de motivarla. En las posiciones dominantes de la jerarquía social, en muchas ocasiones, no llega más que un vago eco de las hambrunas generalizadas. En otras ocasiones, el hambre de unos se debe a la falta de hambre en otros. En tercer lugar, el desarrollo de la capacidad de almacenamiento implicó que los recursos almacenados no fuesen sólo alimentos o, en su caso, agua. La gama de bienes almacenados creció en diversidad, e incluía herramientas y artículos suntuarios. Esto posibilitó el intercambio, que pronto se convirtió en un comercio a larga distancia. Éste se convirtió en una importante actividad económica, es decir, en un importante método para evitar el hambre. Superurbanización es un término acuñado para definir la urbanización actual (finales del siglo XX y primera mitad del siglo XXI) en los países del Tercer Mundo. En comparación con el proceso de concentración de habitantes en ciudades ocurrido en Europa en el siglo XIX y buena parte del siglo XX, en los países pobres ese fenómeno parece actualmente desbordado y se afirma que existe un exceso de población en las ciudades, algo que a la larga generará problemas de viabilidad económica en esos núcleos urbanos y, probablemente, derivará en conflictos raciales, aumento de delitos… Lagos, la capital de Nigeria, es considerada en este sentido como una de las ciudades más inseguras del mundo. Dicho lo cual, el desarrollo teórico moderno del concepto se debe al sociólogo francés Pierre Bourdieu y al norteamericano James Coleman. El análisis de Bourdieu es instrumental, haciendo notar la interacción entre capital monetario, capital cultural y capital social. En estadística, el conjunto total de objetos de los cuales se busca información, y de la cual pueden extraerse muestras de diverso tipo; en demografía, el conjunto total de personas que viven en un área determinada, como una ciudad, país o región. La información sobre la población es fundamental en economía, pues a partir de ella pueden conocerse valores relativos al consumo, a la amplitud de los mercados, al empleo, etc. El número total de personas que habitan un país es conocido generalmente a través de los censos nacionales, que contabilizan los habitantes y, casi siempre, las viviendas, los establecimientos comerciales e industriales y otras variables de interés. Otros datos de población se obtienen mediante censos parciales y encuestas por muestreo de diverso tipo. El crecimiento de la población se expresa generalmente como un porcentaje de aumento con respecto a la población inicial del período. Su cálculo se efectúa sumando los nacimientos y restando las defunciones ocurridas durante el período y agregándole el saldo neto de las migraciones, o sea la diferencia entre la inmigración y la emigración. El valor así obtenido se denomina tasa de crecimiento y puede calcularse también mediante la resta entre la tasa de natalidad y la tasa de mortalidad, con lo que se obtiene la tasa de crecimiento vegetativo de la población; a éste se le añade (o resta) el porcentaje correspondiente a las migraciones para obtener la tasa efectiva de crecimiento. Las sociedades tradicionales tienen una baja tasa de crecimiento debido a la combinación de altas tasas de natalidad y de mortalidad. A medida que aumenta el desarrollo económico de un país, sin embargo, suelen descender ambas tasas, llegándose por lo general a una nueva situación de bajo crecimiento, como la que tienen en la actualidad los países más desarrolladas. En el período intermedio, que puede durar varias décadas, suele producirse sin embargo un aumento de las tasas de crecimiento: las tasas de mortalidad descienden rápidamente debido a la difusión de los adelantos médicos, en tanto que las tasas de natalidad bajan de un modo más lento, en la medida en que se producen cambios culturales que alteran el patrón de organización familiar. Durante este período, que se denomina transición demográfica, puede suceder que las tasas de crecimiento poblacional superen a las tasas de crecimiento económico o que tengan valores muy semejantes; ello retarda la expansión de la economía y genera, casi siempre, tensiones sociales de diverso tipo. Otra característica importante que define las poblaciones es la densidad de población, o número de individuos que habitan en una unidad de superficie o de volumen, como por ejemplo, el número de pinos por hectárea de bosque, los habitantes por kilómetro cuadrado, las algas diatomeas por metro cúbico de agua marina. Es una medida del progreso de una especie en el medio; el tamaño de población o número de individuos que la forman varía según la natalidad, mortalidad y las migraciones. La evolución de una población se representa normalmente con pirámides de edades, que representan, según su forma, la dinámica de las poblaciones; así, pirámides de base ancha, indican una población en crecimiento, formada por muchos individuos jóvenes; las de base estrecha indican que una población está envejeciendo y las pirámides regulares indican que existe un equilibrio entre los individuos jóvenes y los que van muriendo. Se puede estudiar la dinámica de la población con el tiempo estudiando distintas pirámides de la misma población a lo largo del tiempo. Las curvas de crecimiento de la población son gráficos que relacionan el número de organismos en función del tiempo. Son características de las poblaciones y no de especies aisladas, y son similares para casi todos los organismos, desde las bacterias hasta el hombre. L a tasa de natalidad de una población o nacimientos por unidad de tiempo, y la tasa de mortalidad, o individuos que mueren por unidad de tiempo, tienen unos valores teóricos, (máximos en el caso de la natalidad y mínimos en el de la mortalidad), que corresponderían a condiciones ideales, en las que no existen factores limitantes, y serían constantes para una población dada, por ejemplo, en el caso de la natalidad el número de huevos que una hembra produce por unidad de tiempo, o, en el caso de la mortalidad, el número de muertes por alteraciones fisiológicas debidas solamente al envejecimiento. Pero las tasas reales son inferiores en el caso de la natalidad, donde influyen las condiciones ambientales, por ejemplo, no todos los huevos sobreviven; y superiores en el caso de la mortalidad, que dependerá de factores físicos, del tamaño, composición y densidad de la población. La mortalidad suele variar con la edad, mientras que la natalidad es proporcional al número de sujetos con capacidad reproductora. En otro sentido, la demografía es una ciencia social que estudia las poblaciones humanas, su composición, distribución y evolución, esencialmente desde un punto de vista cuantitativo. La preocupación por el volumen y composición de las poblaciones ha existido desde los tiempos de la antigüedad; los gobernantes a lo largo de la historia han perseguido un conocimiento lo más exacto posible del número de individuos bajo su política; en especial han perseguido dos objetivos muy pragmáticos: el cobro de impuestos y la potencialidad bélica del territorio basada en las levas soldadescas. Sin embargo, este conocimiento de las poblaciones estaba muy lejos de ser ni efectivo ni eficaz, pues el sistema de registros y catastros estaba poco desarrollado; además, no existían prácticas ni herramientas estadísticas que permitieran realizar un estudio siquiera superficial del volumen y evolución de la población. Es por esta razón que no se conocen puntual y definitivamente las estadísticas demográficas hasta prácticamente la contemporaneidad; los datos barajados para los siglos anteriores son el resultado de estudios indirectos. Las bases científicas de la demografía comenzaron a fundamentarse entre los siglos XVII y XVIII; científicos de distintas ramas y nacionalidades (los ingleses J. Graunt y E. Halley, el alemán P. Süssmilch, el holandés W. Kersseboom, el francés A. Deparcieux y el sueco P. Wargentin) dieron origen a lo que acabó denominándose en la época “aritmética política”. Sin embargo, fueron algunos economistas del siglo XVIII (Cantillon, Malthus) los primeros en interesarse por los problemas relacionados con esa aritmética y con la evolución de la población, en especial todos aquellos que incidían de modo directo en el desarrollo de la economía. Sin duda, el trabajo de más trascendencia fue el publicado por Thomas Robert Malthus: Ensayo sobre el principio de la población y sus efectos sobre el mejoramiento futuro de la sociedad (1798), cuya tesis principal es la de evidenciar el déficit del crecimiento aritmético de los recursos alimenticios frente al crecimiento geométrico de la población. Sin embargo, al trabajar con fuentes fragmentarias y deficientes, éste y otros estudios basaban buena parte de sus análisis en elementos conjeturales, por lo que sus conclusiones eran precarias, cuando no directamente erróneas. No obstante, las polémicas y críticas levantadas por las teorías maltusianas evidenciaron la necesidad de un conocimiento lo más extenso y detallado posible de las respectivas poblaciones, por lo que la mayor parte de los países desarrollados tomaron conciencia del problema demográfico y comenzaron a establecer sistemas de registro. A mediados del siglo XIX fue utilizado por primera vez el concepto “demografía”; en 1855, Achille Guillard publicaba Elementos de estadística humana o Demografía comparada, con el que contribuyó a potenciar lo que con el tiempo acabó siendo la ciencia demográfica, si bien este trabajo -su título lo evidencia- centraba su atención en elementos puramente estadísticos. Esto fue facilitado por la práctica progresivamente generalizada y sistematizada de elaborar censos y registros periódicos que en la mayor parte de los países europeos y en Estados Unidos se llevó a cabo desde comienzos del siglo XIX. Estos censos constituyeron una base documental mucho más sólida que las fuentes anteriores y posibilitaron el desarrollo de la demografía; sin embargo, a lo largo de todo el siglo, ésta fue poco menos que una rama de la estadística, pues los trabajos realizados fueron exclusivamente cuantitativos, y además atendían a territorios muy determinados y sobre los que no se realizaba ningún estudio comparativo. El desarrollo de la demografía como ciencia social autónoma se produjo a lo largo del siglo XX. Desde diferentes universidades europeas, y con especial trascendencia desde la llamada escuela francesa (materializada en el InstitutNationald´EstudesDémographiques y representada por su figura más influyente, A. Sauvy), se conformó la demografía actual como una ciencia tendente no sólo a estudiar estadísticamente la población estática, sino a correlacionar los movimientos de población con elementos explicativos de carácter geográfico, socioeconómico y cultural. Desde mediados de siglo, la demografía, encabezada por la escuela estadounidense (W. Zelinsky, W. Borah), entró en una segunda fase de optimización de los recursos; la mejora de las técnicas de cuantificación, la multiplicación de los índices susceptibles de ser analizados y la utilización de medios electrónicos e informáticos ha producido un aprovechamiento más exhaustivo de las fuentes documentales a disposición de los demógrafos. En la actualidad, prácticamente todos los países disponen de instituciones censales y de investigación demográfica; en aquéllos cuyo nivel de desarrollo lo impide, la ONU es la encargada de realizar las estimaciones. Con los datos de todos estos centros se elabora el DemographicYear Book, anuario con la información esencial para establecer el estado de la población mundial. Esta evolución de la ciencia demográfica y de las técnicas que usa ha ido paralela a una búsqueda de resultados prácticos, especialmente requeridos desde los campos de la política y la economía. Por una parte, la exigencia de un intervencionismo político en la planificación general y el posterior desarrollo de una economía crecientemente globalizada han exigido el conocimiento lo más detallado posible de la situación coyuntural y la evolución de las poblaciones. Además, la preocupación por el crecimiento exponencial de la población y su incidencia en el aprovechamiento de los recursos naturales del planeta -tema que fue el potenciador de la aparición de las primeras estimaciones demográficas- se ha evidenciado como uno de los grandes problemas de la humanidad. Estas razones han hecho que la demografía alcance una nueva fase; de la mera contabilidad descriptiva positivista se ha pasado a la elaboración de proyectos y programas que ayuden a resolver los acuciantes problemas que plantea el volumen global de la población mundial y las amplias demandas que de su estudio existen. Ahora, vamos a ver la Geografia de la población. La antropogeografía es la parte de la geografía que se ocupa del estudio de la extensión y distribución del ser humano sobre la tierra y de su relación con ella. Las ciencias de la Tierra son una ciencia que tiene por objeto la descripción y explicación de los fenómenos físicos y humanos que se generan sobre la superficie de la Tierra; se diferencia así entre sus dos ramas principales, la Geografía Física y la Geografía Humana. Es una ciencia que versa sobre "ecología humana" y ha nacido como una auténtica disciplina de síntesis, situándose en el cruce de caminos entre las ciencias de la Tierra y las ciencias humanas clásicas, con los efectos negativos que de este hecho se derivan. La Geografía Física, por ejemplo, recurre a diversas disciplinas, como pueden ser la Geomorfología, la Edafología, la Biogeografía, o la Climatologia, entre otras. La demografía (del griego demos ‘pueblo’ y grafia ‘trazo, descripción’ –estudio de la población) es una ciencia que estudia estadísticamente las poblaciones humanas; su dimensión, estructura, evolución y características generales, así como los procesos concretos que determinan su formación, conservación y desaparición. Tales procesos son los de fecundidad y migración: emigración e inmigración. La variedad de combinaciones de estos fenómenos, interdependientes entre sí, supone la velocidad de las modificaciones de la población, tanto en sus dimensiones numéricas como en su estructura poblacional. La demografía es un campo científico interdisciplinar que estudia el tamaño de la población, su composición y distribución espacial, así como de los cambios en la misma y de los componentes de dichos cambios, como fecundidad, mortalidad y migración. Dicho campo científico ha evolucionado gracias a las contribuciones teóricas y metodológicas de distintas disciplinas, como sociología, economía y geografía. Aunque las preocupaciones demográficas han estado presentes desde la antigüedad en muchas civilizaciones —para preservar su permanencia y su capacidad militar y laboral— vemos su utilización práctica por primera vez durante una reacción en el Imperio romano ante un problema concreto. A causa de las guerras civiles del siglo I a. C., se produjo una crisis de natalidad ante la que reaccionó César Augusto aprobando en el año 18 a. C. la lex Iulia de maritandis ordinibus —ley Iulia matrimonial— que buscaba fomentar el matrimonio y la natalidad además de penalizar a los no casados y matrimonios sin hijos. Ibn Jaldún (1332-1406), historiador, sociólogo, demógrafo y humanista es reconocido como el padre de la demografía, ya que fue el primero en considerar los datos estadísticos en sus estudios para representarlos y obtener nuevos datos más representativos. Asimismo se considera al inglés John Graunt (1620-1674) como uno de los primeros demógrafos y fundador de la bioestadística y el precursor de la epidemiología con la publicación, en 1662, de su obra Natural and Political Observations Made upon the Bills of Mortality. El alemán Johann Peter Süssmilch (1707-1767), estadístico y demógrafo, elaboró tablas de vida, utilizadas en ciencias actuariales y seguros, fue citado por Malthus. En 1798 Thomas Robert Malthus, el padre de la demografía moderna junto a Graunt, publicó su clásica obra, Ensayo sobre el principio de la población, en la que, entre otras cosas, advertía de la tendencia constante del crecimiento de la población humana superior al de la producción de alimentos, e informó de los distintos factores que influían sobre este crecimiento: la guerra, el hambre, la enfermedad y la anticoncepción. Sus predicciones alarmistas le dieron y dan aún fama y reconocimiento. Pero Malthus se equivocó en sus predicciones temporales sobre la fecha de la catástrofe malthusiana pero no en su análisis sobre el crecimiento de la población. La ciencia ha conseguido aumentar la producción de alimentos, especialmente en los países industrializados, donde muchos de ellos se han convertido en exportadores de productos agrícolas (a las que se han incorporado los denominados alimentos transgénicos). Pero el verdadero problema actual está, aunque parezca paradójico, en la superproducción de alimentos y no porque no existan necesidades de ellos, especialmente en los países pobres, sino porque quienes más los necesitan no los pueden adquirir. No hay que olvidar que la posibilidad de estudiar la población nace con la estadística y, también, con la elaboración de censos regulares y universales. Por ello se distingue entre época preestadística y estadística. No obstante, el intento de censar a la población para conocer su número, y recaudar impuestos, es muy antiguo; desde los romanos hasta la Edad Moderna hay noticias en este sentido. Pero las dificultades técnicas para un recuento rápido no permitían la realización de tales estudios. A pesar de los avances del siglo XX, la misma situación se presenta en muchos países subdesarrollados o con conflictos políticos y militares. El estudio de la población antigua se hace por medio de fuentes indirectas: series, diezmos, recuentos de fuegos o una supuesta densidad demográfica óptima, para poder vivir en un territorio, cuando las poblaciones estudiadas son muy antiguas. Y en la Edad Antigua surgió, con el desarrollo del Imperio romano, la magistratura del censor, encargado de hacer los inventarios de población (censos) con fines tributarios en todo el territorio imperial. Existen algunos datos desde la antigüedad que permiten observar una curva de crecimiento, que en los últimos años sigue una proporción geométrica. Así, se estima que hace unos dos mil años había una población total cercana a los doscientos cincuenta millones de personas. Para llegar a esa cifra se habían necesitado casi un millón de años, si admitimos esa fecha como la de aparición de los primeros representantes de nuestra especie. Un milenio y medio después, hacia 1650, la población de la tierra era ya el doble, y cuatro veces más, tres siglos después, en 1850. Desde esa fecha, cuando se inicia a gran escala la revolución industrial, las cifras se han disparado. Nos encontramos entonces con que en el curso de solo cien años, en 1950, y después de las grandes sangrías que supusieron las dos guerras mundiales, las estimaciones dan un total de dos mil quinientos millones de habitantes, es decir, dos veces y media más que en 1992. Para aumentar otros dos mil millones hacen falta solo veinticinco años y para finales del siglo XX, veinticinco años más a contar desde esa fecha nuestro planeta dispondrá de más de seis mil millones de personas. En la actualidad, ya se ha superado la barrera de los siete mil millones de habitantes y sigue creciendo. Este aumento cuantitativo según algunos autores puede ser desmesurado, teniendo en cuenta que los recursos disponibles no aumentan en igual proporción. Los dos tipos o partes de la demografía están interrelacionados y la separación es un tanto artificial, puesto que el objetivo de estudio es el mismo: las poblaciones humanas. • Demografía estática: Es la parte de la demografía que estudia las poblaciones humanas en un momento de tiempo determinado desde un punto de vista de dimensión, territorio, estructura y características estructurales. 1. La dimensión es el número de personas que residen normalmente en un territorio geográficamente bien delimitado. 2. El territorio es el lugar de residencia de las personas que puede globalizarse o desagregarse como, por ejemplo, una nación, una región, una provincia, una ciudad, un municipio, etc. 3. La estructura de una población es la clasificación de sus habitantes según variables de persona. Según las Naciones Unidas, estas variables son: edad, sexo, estado civil, lugar de nacimiento, nacionalidad, lengua hablada, nivel de instrucción, nivel económico y fecundidad. • Demografía dinámica: Es la parte de la demografía que estudia las poblaciones humanas desde el punto de vista de la evolución en el transcurso del tiempo y los mecanismos por los que se modifica la dimensión, estructura y distribución geográfica de las poblaciones. Ejemplos de tales mecanismos son la natalidad, la mortalidad, la familia, la fecundidad, el sexo, la religión, la edad, la educación, el divorcio, el envejecimiento, la migración, el trabajo, la emigración y la inmigración. Su expresión son las tablas demográficas, que son los datos estadísticos numéricos y gráficos. Los administradores utilizan el censo total (real (cada diez años) o muestreos (estimados) mensuales o anuales). Tienen que estar diseñados de forma que no solo se puedan establecer estadísticas descriptivas, sino que también puedan realizarse análisis demográficos cruzados. Un ejemplo son: los sueldos anuales y las edades o la distribución por sueldos, por clases sociales, en la nación y en una comunidad, por viviendas y familias, etc. Tópicos generales o variables básicas son la riqueza, el poder y la movilidad social. Los datos estadísticos sobre las poblaciones también son sometidos a análisis predictores o de futuro: interpolaciones, extrapolaciones, series de tiempo, curvas logísticas, patrones de crecimiento según tipo de sociedad, patrones de disminución por desastres naturales o epidemias o guerras, etc. Desde el siglo XIX se descubrió que la gráfica del crecimiento de las poblaciones sigue la forma de una S alargada, de crecimiento rápido o modelo exponencial, llega a un punto de inflexión y continúa con un crecimiento suave, y es un reflejo del paso de una sociedad agrícola a una sociedad industrial: la reducción en el número de nacimientos y el aumento en la población que se halla en la tercera edad. Según el modelo de la transición demográfica los cambios en una población tienen tres componentes: nacimientos, muertes y migración. La transición demográfica como proceso, disminuye el efecto de cuatro grandes riesgos sociodemográficos: la alta mortalidad, la elevada fecundidad, el acelerado crecimiento demográfico y la estructura joven. Con mayor o menor intensidad y velocidad, todos los países de América Latina han iniciado el proceso de la transición demográfica, porque todos han empezado a reducir sus tasas de fecundidad y mortalidad. El Celade ha elaborado topologías para identificar los riesgos sociodemográficos por los que atraviesan los países, según el grado de avance de la transición demográfica. La transición demográfica se caracteriza por diferentes fases. • La transición incipiente: con alta natalidad y mortalidad y con un crecimiento natural moderado, del orden de 2.5 %, tienen una estructura por edades muy joven y una alta relación de dependencia. • La transición moderada: alta natalidad pero cuya mortalidad es moderada. Por este motivo su crecimiento natural es todavía elevado, cercano al 3%. • La plena transición: con natalidad moderada y mortalidad moderada o baja, lo que determina un crecimiento natural moderado cercano al 2%. Aquí el descenso de la fecundidad es reciente y la estructura por edades se mantiene todavía relativamente joven, aun cuando ya ha disminuido la relación de dependencia. • La transición avanzada: con natalidad y mortalidad moderada o baja, lo que se traduce en un crecimiento natural bajo, del orden del 1%. El concepto de la segunda transición demográfica fue creado por Lesthaghe y D.J. van de Kaa en 1986. Es un concepto nuevo que procura dar cuenta de fenómenos emergentes en países desarrollados, pero que también parece que se confirma en países de América Latina. La segunda transición demográfica, en un contexto estable de baja fecundidad y mortalidad, describe los cambios en la composición de la familia y de las uniones en los patrones de reconstitución de las familias en países occidentales. Además de niveles de fecundidad inferiores al nivel de reemplazo y sostenidos en el tiempo, la segunda transición demográfica se caracteriza por: (I) incremento de la soltería, (II) retraso del matrimonio, (III) postergación del primer hijo, (IV) expansión de las uniones consensuales, (V) expansión de los nacimientos fuera de matrimonio, (VI) alza de las rupturas matrimoniales, (VII) diversificación de las modalidades de estructuración familiar. La teoría de la revolución reproductiva es crítica a las limitaciones de la teoría general de la transición demográfica derivadas de su metodología de investigación —apoyada en estudios transversales y expresada en las pirámides de población— ya que proyectaría una visión incompleta no holística de la dinámica población (nuevas fases se deben incorporar a la transición demográfica para dar cuenta de nuevos fenómenos) dejando sin explicación algunos de los mecanismos de reproducción de las poblaciones en la sucesión intergeneracional que se están manifestando en las sociedades modernas. Como propuesta de cambio de paradigma la revolución reproductiva —apoyada en estudios longitudinales— pretende dar cuenta de los cambios demográficos de manera sistémica y no alarmista ni catastrofista, integrando en buena medida las consecuencias sociológicas que caracterizan la segunda transición demográfica. La teoría de la revolución reproductiva está descrita por John MacInnes ] y Julio Pérez Díaz en sus publicaciones The reproductive revolution de 2005 y de 2009 La tercera revolución de la modernidad. La revolución reproductiva. Los autores señalan la radical relevancia que tiene en su teoría y en los nuevos fenómenos demográficos el concepto de eficiencia reproductiva, así como la longevidad y el reemplazo generacional en las sociedades modernas. Siguiendo el hilo conductor de las ideas de Kingsley Davis (1908-1997) expuestas en 1937 sobre el futuro de la familia y de la fecundidad, establece consecuencias muy distintas sobre las implicaciones y consecuencias que la revolución reproductiva tiene en el descenso del trabajo reproductivo: el declive del patriarcado, la desregulación social de la sexualidad, el paso del género a la generación como eje de distribución de roles productivos-reproductivos, el reforzamiento de lazos familiares y otras consecuencias positivas de la madurez de masas —el mal llamado envejecimiento de la población—. En la mayoría de países del mundo la población de las mujeres es mayor a la de los hombres, aunque en unos pocos países como Andorra, Albania, China, Costa Rica, Filipinas, India, la mayor parte de los países de Oriente Medio, Panamá, Paraguay y República Dominicana entre otros, se estima con una población masculina mayoritaria. Sin embargo, el caso de los países donde la mayoría son personas de sexo femenino, es porque se incluye la ancianidad en las estimaciones. Las personas de sexo femenino de la población de la tercera edad son mayoría en todo el mundo. Esto está de acuerdo con la ciencia que establece que la mujer disfruta de más longevidad que los hombres. No obstante, si dejamos esta etapa a un lado encontraremos que la población de niños, adolescentes y adulta muchas veces los varones son mayoría, por ejemplo en países como Alemania, Francia, Japón, Corea del Sur, Cuba, Bélgica, España, Italia, Reino Unido, etc. En estos últimos años los niños y adolescentes en la población de sexo masculino superan a las personas de sexo femenino, pero en la población joven y adulta las personas de sexo femenino siguen siendo mayoría, por ejemplo en países como Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, El Salvador, Estados Unidos, Filipinas, Guatemala, Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau, Perú, Portugal, Puerto Rico, Rusia y algunos países de los Balcanes entre otros. Además se estima que en algunos países como Bélgica, Canadá, Cuba, Francia, Israel, Japón, Puerto Rico algunos países árabes y entre otros, la población masculina podría igualar y superar a la población femenina, ya que en estos países existe un franco crecimiento. Para captar la importancia de demografía, diremos que ésta se usa en la salud pública para la: 1. Elaboración de tasas y otros indicadores de salud. 2. Estudios en epidemiología. En los estudios epidemiológicos se necesitan datos de la población y de su distribución según características de persona, lugar y tiempo. 3. Planificación de la salud pública. 4. Planificación de producción alimentaria (alimentación humana). 5. Planes generales de desarrollo nacionales o regionales. 6. Proyectar adecuadamente el plan de la salud pública. En tiempos recientes se ha tendido a ir hacia unos caminos que muestran la presencia de todo un conjunto de saberes y disciplinas que aparecen enlazadas bajo una concepción y denominación más o menos común. De este hecho se deriva la presencia de importantes solapamientos con otras disciplinas científicas y conlleva que el tan famoso problema de la unidad de la Geografía siga siendo actual. Un ejemplo claro lo encontramos en la diferenciación clásica entre Geografía física y Geografía humana, así como en la posterior aparición de la Geografía regional. La fundación de la Geografía moderna dio lugar en el siglo XIX a la escisión entre dos campos fundamentales, el de Geografía física y el de la Geografía humana, término este último introducido por J. Brunes a principios del siglo XX (1910), aunque se encuentra un claro antecedente en la Antropogeografía de F. Ratzel (1882). La Geografía física quedó englobada dentro del gran conjunto de las Ciencias de la Tierra y la Geografía Humana en el campo de las Ciencias sociales. La Geografía humana, por su parte, nació con la Geografía moderna y engloba múltiples disciplinas como la Geopolítica, la Geografía de la población, Geografía rural, Geografía urbana, Geografía estadística, Geografía social y la Geografía histórica, entre otras. Esta nueva orientación se planteaba como una ciencia dirigida esencialmente al estudio de las relaciones Hombre-Medio. Su posterior evolución hizo que simplemente se encargara de los hechos humanos (fenómenos sociales), así como la Geografía física lo hacía con los hechos y fenómenos naturales. Finalmente, mencionar que el conocimiento geográfico siempre se ha hecho eco tanto del desarrollo general de las ciencias como de los problemas políticos y sociales; en el primer caso se desarrolló la conocida Geografía analítica, que se fundamentó básicamente en las teorías y en los modelos matemáticos (así nació la Geografía coremática, que entendía y contemplaba el espacio como una dimensión esencialmente geométrica) y en el segundo caso, la Geografía radical, también conocida como la "geografía del compromiso político", en cuyo seno surgió una geografía de corte marxista. . ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ Diseño de portada Nombre del autor: Ignacio Ramón Echeburúa Estévez Nombre del autor en la portada: Ignacio R. Echeburúa Título del Libro: La Demografía Texto solapa portada (máximo 400 caracteres con espacios). Biografía del autor: Sólo voy a citar mis últimas publicaciones. En esta última órbita, se sitúa el libro titulado “El Griego y su Literatura Clásica”, que sacó a la calle la Editorial pc de Palma de Mallorca, en su sede de Barcelona. Le siguió un libro sobre “ASTRONOMÍA”, que editó en junio de 2022, la Editorial Autografía de Barcelona. Asimismo, los tres libros siguientes han sido publicados por la Editorial Autografía. En junio de 2023 vio la luz el libro titulado “Historia de la física”. Este libro tiene 282 páginas y forma parte de la colección Fondo de la editorial. Se puede adquirir en librerías online como Librería Oxford, Buscalibre y Agapea. En enero de 2024 salió a la calle el libro titulado “JOSÉ ORTEGA Y GASSET y la razón histórica”. Ortega nos dice que necesitamos una razón que sea capaz de describir los sentidos del mundo humano, que nos permita entender la realidad humana. A la razón pura le es imposible captar al hombre en su singularidad, en sus realizaciones históricas, la razón pura no nos sirve; la razón matematizante... Por otro lado, “Mis Relatos” es mi única obra de narrativa, la cual contiene tres relatos cortos, como son “¡Una boda que se las trae!”, “Aires de romería: El Rocío” y, para terminar, “Con faldas y ¡a lo loco!”. Fue puesta en la calle en marzo de 2025 por la mencionada Editorial Autografía, en la categoría de Ficción. Ya está en la editorial el libro titulado “Nuevos Relatos”, que saldrá a la calle en septiembre de este año y contendrá cinco narraciones, cuyos títulos son: a) El Gernika; b) EL suicidio de un filósofo; c) En una casa que no quiero recordar; d) San Juan de Gaztelugatxe, y e) Deporte Rural Vasco. Por último, quiero indicar que Ediciones Europa acaba de enviarme una propuesta editorial por la que se compromete a publicarme el título “Mis Cuentos”, que se integra por las narraciones siguientes: a) Leyendas y sagas de la mitología nórdica, b) Los vikingos y su mitología, y c) La vida desde los inicios, para los niños. Su correo electrónico es: editor3@grupoeditorialeuropa.es/ Sin embargo, tengo redactada mi primera novela, de la que no falta ni un detalle, que se titula “Una comunidad de Carmelitas descalzas”, incorporando a este título sendas fotografías. Son sus dos personajes centrales Jorge y Luis Enrique, quienes con diálogos llenos de frescura y sinceridad nos abren las puertas del convento de Santa Teresa de San Sebastián. Dicha novela, que se trata de ser una novela histórica, se encuentra en la bandeja de entrada, pero aún no tiene un destinatario concreto. Y, últimamente, se ha redactado otra novela, titulada Un catamarán nuevo, con una extensión parecida a la anterior, aunque el nº de capítulos se queda en seis. Asimismo, tengo otras dos novelas en su correspondiente borrador: El advenimiento de la ultraderecha, obra bien documentada, que acontece en el aula magna de la Universidad de Buenos Aires, donde dialogan un grupo de alumnos y su catedrático en ciencia política; y Una cuadrilla de amigos, en la que se hace un estudio de la verdadera amistad, colándonos en una cuadrilla de txikiteo, contándose con seis protagonistas: Juan, Fernando, Moncho, Emilio, Ricardo e Iñaki, que soy yo mismo (el narrador). Texto de la contraportada (máximo 500 caracteres con espacios). Sinopsis: La demografía puede definirse como el estudio científico de las poblaciones humanas, en especial en lo que atañe a su tamaño, crecimiento, estructura, distribución y movilidad. Por estructura se entiende su composición según un cierto número de características agregadas de los individuos que la componen, sobre todo edad y sexo, pero también estado civil, agrupación en núcleos familiares, hábitat o distribución en el espacio, e incluso relación con la actividad, educación y, en algunos países, raza o etnicidad. Aunque no desdeñe el estudio de las poblaciones desde una perspectiva estática, la demografía se interesa ante todo por la dinámica de las poblaciones, esto es, por los procesos de cambio que se producen a lo largo del tiempo en su tamaño y estructura. Los cambios numéricos y estructurales de las poblaciones resultan de la combinación de tres, y sólo tres, tipos de acontecimientos, conocidosen el lenguaje de la disciplina como “los componentes del cambio demográfico”: nacimientos, defunciones y migraciones. A ellos suele añadirse un cuarto, los matrimonios, por su relevancia estructural y su influencia sobre los primeros. El movimiento de la población resulta, pues, de acontecimientos que afectan a los individuos, y para estudiarlo el punto de partida no puede ser otro que la observación de tales acontecimientos. Pero los acontecimientos singulares no interesan sino como partes del agregado que constituye el objeto de estudio. En consecuencia, el tratamiento de los mismos es siempre cuantitativo, estadístico. Ello implica recoger datos sobre la ocurrencia y características generales de los nacimientos, matrimonios, migraciones y defunciones que se producen en una población, contarlos y clasificarlos. A partir de esta materia prima se calculan las variables agregadas que determinan el cambio de las poblaciones: fecundidad, nupcialidad, movilidad y mortalidad. El examen diacrónico de las mismas pone de manifiesto sus tendencias de evolución. Pero la comprensión y explicación de variables y tendencias sólo puede proceder de su examen en el contexto más amplio en el que se producen, poniéndolas en relación con los factores biológicos, económicos, sociales, institucionales y culturales que las condicionan y con los que interactúan. Texto solapa contraportada (máximo 300 caracteres con espacios): La observación de regularidades y la construcción de tablas de mortalidad constituye la primera de las tres tradiciones rastreables en la demografía contemporánea. La segunda hunde sus raíces en la economía política clásica, y más precisamente en la obra de Robert Malthus, a quien correspondió el honor de ser el primero en pasar del estadio de la observación al de la formulación de principios con pretensiones de universalidad. La tercera, de filiación matemática, se interesó ante todo por la dinámica de las poblaciones y las propiedades de los sistemas demográficos, alcanzando su fruto más granado en los trabajos de Alfred Lotka sobre las poblaciones estables, en la primera mitad del siglo XX. La primera y la tercera de estas líneas han convergido en uno de los dos hemisferios que acostumbran a distinguirse en nuestros días en la disciplina, el que habitualmente se conoce como “demografía formal”; por su parte, la tradición iniciada por Malthus ha dado lugar al otro hemisferio, el denominado “estudios de población”. Esta distinción apunta a la doble naturaleza que caracteriza a la demografía en nuestros días. La “demografía formal” sigue teniendo su centro de gravedad en la recogida de datos y en el análisis estadístico de los parámetros y de la dinámica de las poblaciones. Es el reino del análisis demográfico, y su espíritu es matemático y formal. ¿Qué concepto –o conceptos- pretende transmitir en su Libro? Los “estudios de población”, por su parte, se interesan por los factores condicionantes de los hechos demográficos o, mejor, por las complejas interacciones que ligan a la población con la economía, la sociedad y el entorno natural circundantes. Su propósito es comprender por qué los fenómenos ocurren como ocurren y explicar los procesos y los regímenes demográficos en el contexto ecológico y social en el que se producen. En el terreno de la explicación, Su alma pertenece a la familia de las ciencias sociales, de cuyas teorías y métodos se nutre. En esta esfera la indagación demográfica deviene multidisciplinar. La relativa independencia y la mutua interdependencia de estos dos hemisferios disciplinares ha sido acertadamente descrita mediante una metáfora que representa a la demografía como una esfera compuesta por un núcleo duro de carácter matemático y una corteza más blanda de naturaleza a la vez biológica y socioeconómica. El núcleo central está formado por un conjunto de proposiciones matemáticas relativas a la estática y la dinámica de las poblaciones y a las relaciones entre las variables y las estructuras, y de él emanan las diversas técnicas de medida y análisis. La atmósfera que se respira en este núcleo es puramente numérica y formal. Pero las poblaciones viven en un mundo real, y cambian en respuesta a factores externos de naturaleza biológica y social. Su comprensión sería imposible sin el arsenal de hechos y marcos explicativos que constituyen la corteza externa de la demografía. Sin ésta el núcleo sería puramente abstracto, numérico, y carecería de relación con el mundo real; sin el núcleo central, la demografía perdería su personalidad diferenciada y quedaría reducido a mero campo de estudio. ¿Qué significa el título del Libro? La demografía es una disciplina rica en modelos y técnicas analíticas, pero pobre en teorías; empírica y técnicamente potente, pero débil en la explicación de procesos sociales y en la inspiración de políticas públicas. Cumple satisfactoriamente su primer cometido, la elucidación de las tendencias demográficas, proporcionando información razonablemente precisa y completa sobre las mismas, e incluso reconstruyendo no pocas del pasado; ello es posible gracias a técnicas depuradas de recogida y producción de datos y a métodos ingeniosos de estimación y cálculo. También ha desarrollado valiosos instrumentos analíticos, tales como el análisis longitudinal, el llamado event history analysis o la perspectiva edad-cohorte-momento. Mucho se ha avanzado en el conocimiento de los determinantes inmediatos de la fecundidad. Y, beneficiándose de la naturaleza cuantitativa de los datos demográficos y el reducido número de parámetros que maneja, el análisis demográfico ha sido capaz de desarrollar sofisticadas técnicas analíticas y refinados modelos matemáticos, en terrenos tales como la teoría de poblaciones estables o las tablas de mortalidad. Sin desconocer avances en el conocimiento de los determinantes socio-económicos de las tendencias de la fecundidad o la mortalidad, o de las relaciones que vinculan las estructuras familiares e instituciones intermedias con respuestas demográficas, lo cierto es que no existe un cuerpo de teoría como tal ni abundan las proposiciones teóricas de carácter general. ¿Cuál es el público principal al que va dirigido el Libro? Apenas se ha teorizado sobre el funcionamiento de los sistemas demográficos. De hecho, los estímulos teóricos más atractivos para la comprensión de los procesos demográficos han tendido a proceder en tiempos recientes de disciplinas vecinas, como la economía y la antropología. En realidad, en su estado actual, nada define tanto a la demografía como la combinación de un conjunto de técnicas cuantitativas y un relevante campo de estudio cultivado con enfoques eclécticos e interdisciplinares. -------------------------------------------------------------------------------------------------------

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