viernes, 3 de abril de 2026

ENSAYO, La Prehistoria en España.

1.- CONCEPTO La Prehistoria abarca desde el origen del ser humano, hace unos cinco millones de años, hasta la aparición de la escritura, hace unos seis mil años. Durante este periodo de tiempo tiene lugar un proceso de hominización que culminará en los seres humanos actuales (Homo sapiens) y que conlleva una serie de adquisiciones fundamentales para los homínidos de carácter físico (bipedismo y capacidad de lenguaje) y culturales (fabricación de utensilios, descubrimiento del fuego, ritos funerarios y las manifestaciones artísticas). En la Prehistoria se distinguen tres etapas: - Paleolítico: va desde la aparición de los primeros homínidos hasta hace 10.000 años. Se divide en tres etapas: Paleolítico Inferior, Medio y Superior. Eran sociedades nómadas que se convirtieron en cazadoras-recolectoras, controlaron el fuego y fabricaron útiles de piedra tallada. - Neolítico: se extiende desde 10.000 hasta 4.000 años. Aparecen las sociedades estables con los primeros poblados en Oriente Medio, la agricultura, la ganadería y la fabricación de objetos cerámicos y textiles. Surge una nueva técnica para la factura de los útiles de piedra, el pulimento. - La Edad de los Metales: Subdividida por el metal dominante en tres periodos: Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro. Los metales comienzan a producirse desde hace 7.000 años, pero se intensifican desde hace 4.000. Aparecen la rueda, la vela y el arado. 2.- PALEOLÍTICO La evolución humana ha sido un largo proceso que se inició en África hace unos cinco millones de años, con los Australopithecus, que desembocan en el género Homo. Será el Homo ergaster el que hace un millón y medio de años saliera por primera vez de África, para extenderse por Próximo Oriente y Asia, donde evolucionaría al Homo erectus. En Europa los primeros homínidos aparecen hace aproximadamente un millón de años, extendidos por las zonas más meridionales del continente, entre ellas la Península Ibérica, ya que en las tierras del norte el frío intenso y la escasez de alimentos dificultaban la vida. 2.1.- PALEOLÍTICO INFERIOR En la Sierra de Atapuerca (cerca de Burgos aparecieron en 1994, en la Gran Dolina, 36 fragmentos óseos (piezas dentales fragmentos de cráneo, así como abundantes restos de la cara, huesos de manos y pies, vértebras...) de al menos seis individuos. Estos fósiles fueron datados en 780.000 años, convirtiéndose en los restos humanos más antiguos del continente europeo. Además, presentaban unos rasgos morfológicos tan novedosos que obligaron a los científicos de Atapuerca a dar un paso poco frecuente: la creación de un nuevo tipo humano: el Homo antecessor. En su análisis, la nueva especie nació en África evolucionando a raíz del Homo ergaster y de allí salió a Europa hace un millón de años. Sería, por tanto, la especie del primer africano que abandonó su continente y se internó en Europa, donde evolucionaría hacia el Homo neandertalensis y representa también a la población que dio origen a nuestra propia rama en el continente africano. Sería, por tanto, el origen de dos ramas paralelas: el Homo neandertal y el Homo sapiens. De ahí su nombre antecessor, cuya raíz latina deriva de la palabra que designaba a los exploradores o avanzados de las legiones romanas, "pionero", el que antecede a los demás. La cultura material de estas sociedades cazadoras-recolectoras del Paleolítico Inferior, inicialmente está representada por cantos trabajados de la pebble culture, que evoluciona hacia grandes útiles líticos tallados por las dos caras o bifaces. Otros yacimientos destacados en la Península Ibérica son Torralba y Ambrona, un cazadero de elefantes en la provincia de Soria, y las terrazas de los ríos Manzanares y Tajo. 2.2.- PALEOLÍTICO MEDIO Esta etapa se asocia en el continente europeo a los neandertales y a la cultura musteriense, que poblaron Europa y el Próximo Oriente entre los 100.000 y los 30.000 años. Aunque tradicionalmente se han considerado como una evolución del Homo erectus, Esta etapa se asocia en el continente europeo a los neandertales y a la cultura musteriense, que poblaron Europa y el Próximo Oriente entre los 100.000 y los 30.000 años. Aunque tradicionalmente se han considerado como una evolución del Homo erectus, los descubrimientos en la Esta etapa se asocia en el continente europeo a los neandertales y a la cultura musteriense, que poblaron Europa y el Próximo Oriente entre los 100.000 y los 30.000 años. Aunque tradicionalmente se han considerado como una evolución del Homo erectus, los descubrimientos en la Sierra de Atapuerca le han colocado como descendiente del Homo antecessor, con un paso intermedio: el Homo heidelbergensis. Los neandertales deben su terminología al hallazgo de fósiles producido en 1856, en el valle del río alemán de Neander. La mayor parte de su presencia en Europa coincide con la glaciación Würm, por lo que presentan una gran adaptación a condiciones climáticas duras con una gran consistencia física. Eran también cazadores-recolectores pero con estrategias más avanzadas de caza que les permitían atrapar piezas mayores. Su cultura material, conocida como Musteriense se caracterizaba por una mayor diversidad y especialización de los utensilios, como los raspadores y raederas, así como el desarrollo de nuevas técnicas de talla (técnica Levallois de útiles sobre lasca). Parecen haber desarrollado creencias de tipo espiritual plasmadas en posibles enterramientos, como el de Cueva Morín (Santander). La Península Ibérica cuenta con numerosos restos, destacando los dos cráneos de Gibraltar (los primeros documentados de este tipo humano), y los fósiles de La Carihuela (Granada), Banyoles (Gerona), y Cova Negra (Játiva). Tradicionalmente se consideraba al neandertal como el escalón evolutivo previo al Homo sapiens, sin embargo, en la actualidad se cuestiona su adscripción a nuestra línea evolutiva, situándolos en una línea paralela extinguida. 2.3.- PALEOLÍTICO SUPERIOR Esta fase se desarrolla en Europa desde el 35.000 hasta el 8.000 a.C. y está asociada al Homo sapiens u Hombre de Cromagnon, término que proviene de un abrigo rocoso en Dordoña donde fueron descubiertos los primeros restos de Homo sapiens en 1968. Según las últimas teorías, el Homo sapiens no evoluciona a partir del Homo neandertalensis, sino que surge en África, en Herto (Etiopía) hace 160.000 años y desde allí emigra hacia el resto de los continentes. En Europa convivirá durante algún tiempo con los neandertales, quienes paulatinamente fueron reemplazados por el sapiens moderno, hasta su completa extinción. Para ella se proponen hipótesis tan pintorescas como la aniquilación completa a manos de los sapiens (genocidio), o la mezcla genética de unos y otros con supremacía de los sapiens. Aunque la más probable quizás sea la retirada progresiva de los neandertales frente a un grupo más ambicioso y numeroso que iría acaparando los mejores territorios de caza, provocando el aislamiento y la extinción del neandertal. El número de yacimientos del Homo sapiens es muy abundante lo que indica un aumento considerable de la población debido a una dieta más diversificada que incluía además de la caza y la recolección, la pesca y el marisqueo. Se constituían en grupos nómadas que ocupaban alternativamente zonas de caza con asentamientos estacionales junto a ríos y cuevas. Los animales dominantes en esta economía depredadora eran grandes herbívoros adaptados al clima frío de la última glaciación: bisontes, renos y uros. La industria lítica experimenta un proceso de mejora en las técnicas de fabricación, se diversifican los útiles, convirtiéndose en específicos para cada función y además comienzan a utilizarse materiales distintos a la piedra, como el marfil y el hueso. Características de la última fase del Paleolítico Superior, el Magdaleniense, son las manifestaciones artísticas: arte mobiliar y parietal. El arte mobiliar está representado por plaquetas de piedra con animales grabados, objetos como bastones de mando o propulsores y estatuillas femeninas o Venus, aunque de estas últimas no se han encontrado en España. El arte parietal o rupestre se concentra en el sur de Francia y la cornisa cantábrica española. Destacan las pinturas de las cuevas de El Castillo, Tito Bustillo y Altamira (Santillana del Mar). Las imágenes aparecen en lugares recónditos representando animales de especies diferentes (caballos, bisontes y ciervos, en su mayoría), sin componer escenas, sólo son figuras aisladas, a menudo superpuestas. Raramente aparecen imágenes humanas. Sorprende la representación naturalista de los animales, casi siempre en colores rojo y negro, aprovechando los entrantes y salientes de techos y paredes para dotar de volumen a las figuras, como en el caso de Altamira. Existen diferentes teorías para explicar el significado de estas obras, como que las imágenes eran símbolos que reflejaban su visión del mundo, pero la más difundida es la que considera estas obras como parte de un ritual mágico para propiciar la caza de los animales representados. 3.- NEOLÍTICO Hacia el 9.000 a.C. finaliza la última glaciación y se inicia la fase climática actual. Los hielos permanentes se retiran hacia el norte y el Mediterráneo se vuelve más cálido y seco. En estos momentos y hasta el 6.000 a.C. surge el periodo denominado Epipaleolítico o Mesolítico, que se caracteriza por la pervivencia de la economía depredadora paleolítica, pero con una cierta presión demográfica al desaparecer los grandes herbívoros de clima frío. La forma de vida cazadora resulta cada vez más difícil para una población en aumento. Los objetos líticos sufren un proceso de microlitización con el fin de adaptarse a los nuevos recursos disponibles: caza menor, pesca… Surge el Neolítico con el crecimiento de la población y la disminución de la caza, que obligan a pasar de una economía depredadora a una de producción, basada en la agricultura y la domesticación de animales y con ellas la tendencia a la sedentarización. Este proceso, denominado Revolución neolítica por V. Gordon Childe, se origina en el Próximo Oriente y desde allí se extiende por el Mediterráneo, llegando a la Península Ibérica hacia el 5.000 a.C a las zonas del sur y del levante. Los primeros cultivos eran de trigo y cebada, mientras que los primeros animales domesticados fueron el perro, la oveja, la cabra y la vaca. Se suceden las novedades técnicas, como el desarrollo de la pulimentación de la piedra y nuevos útiles líticos: azadas, hachas y molinos de mano. Pero sobre todo destaca la aparición de la cerámica a mano, esencial para el transporte, almacenaje y cocción de los alimentos. Los grupos humanos se hicieron sedentarios, por lo que se agrupó en comunidades, que formaron poblados, dando lugar a las primeras ciudades, siendo Jericó la más antigua. La sedentarización y el control de los excedentes alimentarios hicieron que los grupos fueran adquiriendo una complejidad creciente, apareciendo la división social del trabajo (jefes, guerreros, agricultores) y diferencias de riqueza y poder. El Neolítico peninsular tiene tres fases: la Cultura de la cerámica cardial en Levante y Andalucía, la Cultura de los sepulcros de fosa en Cataluña y la Cultura de Almería. Desde el Mesolítico hasta la Edad del Bronce, con un periodo de apogeo en el Neolítico, se desarrolla una nueva forma de decoración pictórica en las paredes de los abrigos rocosos, el arte rupestre levantino. Se caracteriza por la estilización y esquematización de las figuras, la presencia de representaciones humanas, el desarrollo de escenas caza, recolección, guerra o danza, la monocromía de las imágenes con colores como el rojo, el negro y el blanco y la aparición de animales pertenecientes a la fauna actual. Destacan las pinturas de los abrigos de Cogull, Valltorta y Alpera. 4.- EDAD DE LOS METALES El uso de los metales supone un avance decisivo en el desarrollo cultural, a partir del 2.500 a.C. cuando la población de la Península Ibérica comenzó a utilizar la metalurgia, que se orientó a la fabricación de armas para alcanzar la supremacía militar y después se elaboraron objetos de adorno e instrumentos de trabajo. El Edad de los Metales se divide en tres periodos: - Edad del Cobre o Calcolítico: aún conviven útiles líticos con los primeros objetos de cobre. - Edad del Bronce: el bronce es una aleación de cobre y estaño, de mayor dureza que el cobre. - Edad del Hierro: el hierro es un material más resistente y abundante, pero requiere una tecnología mucho más avanzada. 4.1.- CALCOLÍTICO El Calcolítico se extiende entre 2.500 y 1.700 a.C. La localización de minas de cobre en el sureste peninsular explica el origen en dicha zona de la primera cultura que utiliza este metal en España, la Cultura de los Millares (Almería). Atraídos por la riqueza minera habían llegado, desde el Oriente Próximo, buscadores de metal (prospectores) que trajeron los primeros indicios de vida urbana y favorecieron el desarrollo de esta cultura. En el poblado de Millares destacan las imponentes murallas y las obras de fortificación, así como las viviendas circulares y las tumbas colectivas de cámara y corredor de acceso, además del desarrollo de una agricultura avanzada mediante el regadío. También a este periodo corresponde la Cultura del Vaso Campaniforme, que recibe este nombre por el uso de recipientes cerámicos que tienen forma de campana invertida. Además de esta cerámica son característicos una serie de elementos metálicos que se repiten en los ajuares de las tumbas, como los puñales de lengüeta y puntas de tipo Palmella, que demuestran la existencia de unas élites sociales diferenciadas por su riqueza. Este tipo cerámico se difunde por toda Europa y en la Península destaca el yacimiento de Ciempozuelos en Madrid. En esta época se desarrolla un fenómeno cultural que ya había comenzado en el Neolítico, la aparición de los monumentos megalíticos surgidos en la Europa atlántica. Destacan los dólmenes o sepulcros colectivos construidos con piedras de gran tamaño cubiertas por losas horizontales. Al exterior el conjunto se recubría de tierra formando un túmulo o colina artificial. Los principales dólmenes se encuentran en el sur, como el Menga (Antequera), el Romeral (Málaga). Otros megalitos son los menhires o enormes piedras monolíticas situadas verticalmente en el suelo y los cromlech o círculos de piedras de discutida finalidad, como la de los menhires. Hacia el 2.000 se desarrolla en las Islas Baleares la Cultura Talayótica con grandes obras ciclópeas como los talayots o torres defensivas, las taulas o altares de sacrificio y las navetas, edificios rectangulares que servían de enterramiento colectivo. 4.2.-EDAD DEL BRONCE La Edad del Bronce en la Península Ibérica transcurre entre el 1.700 y el 750 a.C. Será en las zonas del sur peninsular donde encontremos la principal cultura del Bronce Pleno: la Cultura de El Argar (Almería). Se caracteriza por ser una sociedad dedicada a la agricultura y a la ganadería y en menor medida a la explotación de la metal. Se acentúa la diferenciación social con las sociedades de jefatura, hecho que se refleja en la riqueza de los enterramientos. Se abandonan las tumbas colectivas y aparecen los sepulcros individuales en cista o caja de piedra y en tinaja. 4.3.- EDAD DEL HIERRO El periodo que transcurre desde el 800 al comienzo de la conquista romana en el 218 a.C. se denomina Edad del Hierro, fase que se mezcla en la Península Ibérica con la etapa de las colonizaciones de pueblos mediterráneos: fenicios, griegos y cartagineses. En esta época conviven rasgos autóctonos de las culturas nativas con la influencia cultural exterior, que produce una diferenciación entre los pueblos mediterráneos, más avanzados, y las culturas del interior. La Edad del Hierro trae, además, una serie de novedades importantes como la introducción del uso del hierro, la utilización del torno de alfarero para la fabricación cerámica que produce la estandarización de las piezas, la aparición de los primeros textos escritos en lengua íbera, aún sin descifrar, que hacen que esta etapa se conozca también con el término de Protohistoria. Además aparecen los primeros textos que hablan de la Península Ibérica, como la Biblia, en la que se hace referencia al reino de Tartessos o los textos griegos, que nos permiten conocer el nombre de los pueblos prerromanos que habitaban el territorio. 4.3.1.- TARTESSOS Tartessos es el primer estado de la Península Ibérica del que existe constancia histórica. Se trata de un reino situado aproximadamente en la Andalucía occidental, con el eje central en el Valle del Guadalquivir, dominando los enclaves mineros de Río Tinto y Sierra Morena, con su capital situada en un lugar impreciso, que pudiera corresponder con Huelva. Las fuentes literarias se hacen eco de las riquezas y el poderío de Tartessos, como la Biblia que habla de las naves de Tarsis o las fuentes griegas que mencionan el nombre de los reyes Gerión y Argantonio. Parece que alcanzaron cierto esplendor, primero, a través de la economía ganadera y agrícola, y más tarde, con la explotación de las minas. Su momento de máximo desarrollo (siglos IX a VII a.C.) coincide con la etapa en la que los fenicios se asentaron en factorías costeras para adquirir los metales a cambio de productos elaborados para la élite tartésica. Uno de los signos del esplendor de Tartessos fue la magnífica orfebrería, en parte debida a las técnicas importadas por los fenicios, como lo demuestran los tesoros hallados en La Aliseda (Cáceres) y El Carambolo (Sevilla). A partir del siglo VI a.C. Tartessos entra en decadencia, 4.3.2.- PUEBLOS PRERROMANOS En los momentos previos a la conquista romana existen en la Península Ibérica una serie de pueblos de los cuales conocemos su existencia gracias a las fuentes escritas. Estos pueblos se agrupan en dos zonas claramente diferenciadas con predominio íbero en la costa este y meridional de la Península y céltico en el resto del territorio. A.- LOS ÍBEROS La cultura ibérica se extendió por todo el área levantina y el sur peninsular. Eran pueblos autóctonos que recibieron el influjo de los colonizadores fenicios y griegos y estaban plenamente desarrollados hacia el siglo V a.C., perdurando hasta la romanización, a partir del 218 a.C., truncando su desarrollo con el dominio externo. Los nombres de las tribus ibéricas aparecen citados en las fuentes clásicas y reciben denominaciones como: Turdetanos, Ilergetes, Edetanos… Se trataba de un mosaico de pueblos rivales entre sí, con poblados en cerros, dotados de sólidos sistemas de defensa, como los de Azaila y Ullastret. Las casas eran de planta cuadrada o rectangular, distribuidas de forma irregular, con calles estrechas y tortuosas. En las afueras de los poblados se encontraban las necrópolis, donde los difuntos, tras ser incinerados, eran depositados en urnas rodeadas de un ajuar funerario que variaba según la riqueza, donde destacan las armas, como la espada ibérica o falcata. Dos recipientes funerarios destacados son las esculturas de la Dama de Elche y la Dama de Baza, ambas con una cavidad posterior para depositar las cenizas. Su economía se basaba en la agricultura y la ganadería aunque también en el comercio, con productos artesanos y minerales que intercambiaban con comerciantes extranjeros. Por influencia fenicia o griega tenían un sistema monetario y acuñaban moneda propia. Su organización política era ya de tipo estatal, con Estados formados por una o varias ciudades con un sistema de gobierno monárquico, bajo el gobierno de los régulos. Culturalmente eran pueblos avanzados, con lengua y escritura propia en caracteres ibéricos. B.- PUEBLOS CÉLTICOS Los pueblos célticos ocupaban el área centro, norte y oeste peninsular. Se trata de poblaciones indoeuropeas celtas procedentes de Centroeuropa con aportaciones importantes como la metalurgia del hierro, la cerámica a torno y la incineración. En la zona del valle del Ebro, en ambas mesetas y en el norte encontramos pueblos como los astures, vacceos, lusitanos, vettones y las tribus del área celtibérica (arévacos y pelendones) que conocemos por las fuentes escritas y con diferentes grados de desarrollo entre sí. Ocupaban poblados en alto, bien fortificados que reciben el nombre de castros, como los de Cogotas, Santa Tecla o Coaña, con viviendas rectangulares o circulares, como en el caso de la Cultura de Castros gallega. Las necrópolis son de incineración, con urnas rodeadas de armas, como las espadas de antenas en las tumbas de los guerreros. Este rito de cremación ya existía en el noreste de la Península Ibérica, con la Cultura de los campos de urnas, cuyos primeros ejemplares los encontramos en la primera Edad del Hierro. La economía céltica era preferentemente ganadera, aunque las tierras del Duero de la tribu de los vacceos fueron un núcleo cerealista muy importante. El comercio era escaso y el uso de la moneda casi desconocido. Todos estos pueblos estaban organizados en tribus y clanes basados en grupos de parentesco. Su organización política era de tipo preestatal con jefes que basaban su poder en el prestigio personal y grupos entre los que no existían grandes desigualdades de riqueza. Las manifestaciones artísticas de estos pueblos son muy pobres, limitándose a decoraciones cerámicas esquemáticas y a un importante grupo de esculturas toscamente esculpidas en granito que representan cerdos, toros y jabalíes, denominadas genéricamente verracos y que se encuentran diseminadas por las provincias de Ávila, Salamanca y Cáceres. 4.3.3.- LAS COLONIZACIONES Esta etapa se extiende a lo largo del primer milenio a.C., cuando la Península se incluye definitivamente en los circuitos comerciales del Mediterráneo. Las colonizaciones se limitaron a asentamientos muy escasos y efímeros. Los pueblos que las emprendieron, fenicios, griegos y cartagineses, tuvieron más empeño en comerciar y asegurarse el control de las riquezas mineras para sus metrópolis, que de realizar poblados estables en el territorio peninsular. A.- FENICIOS Los fenicios eran un pueblo de expertos navegantes y comerciantes, venidos del Próximo Oriente, de las ciudades de Tiro y Sidón, en el actual Líbano. Su colonización fue exclusivamente comercial y para asegurarse los puntos estratégicos de la ruta de los metales, establecieron factorías en las costas del sur de la Península Ibérica. La más importante fue Gadir (Cádiz), fundada en 1100 a.C., por lo que probablemente sería la ciudad más antigua de España. Otras factorías se asentaron en Malaka (Málaga), Sexi (Almuñecar) y Abdera (Adra). Los fenicios llegaron atraídos por la fama de las riquezas mineras del reino de Tartessos, pero no se ocuparon directamente de la explotación de las minas, sino que monopolizaron la distribución y el comercio de los metales (oro, plata, cobre y estaño). Las factorías serían lugares de comercio encargados de traficar con los centros de producción metalúrgica del interior. Al comerciar con los pueblos indígenas les transmitieron el alfabeto fenicio, el sistema decimal, nuevos cultivos como la vid y el olivo, nuevos sistemas de construcción de ciudades, explotación de salinas, técnicas para la conservación del pesado en salazón y nuevos métodos para el trabajo artesanal de los metales preciosos.. B. GRIEGOS En su deseo de acercarse al comercio de los metales y siguiendo la ruta de las islas del Mediterráneo occidental, los focenses (marineros comerciantes griegos que procedían de la ciudad jonia de Focea, en la actual Turquía) fundan Massalia (Marsella) en la costa sur de Francia, lo que constituyó el punto de partida para el establecimiento de colonias en la costa mediterránea española a partir de los siglos VIII y VII a.C. De la mayoría de las colonias griegas citadas en los textos no existen restos arqueológicos. Posiblemente fueron enclaves iberos o fenicios usados por los griegos para pernoctar y comerciar con los indígenas, y a los que acabaron por dar sus propios nombres griegos. Está probada la fundación griega en las colonias de Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias), mientras que las referencias a otras fundaciones como Hemeroskopeion (¿Denia?), Mainake (¿Vélez Málaga?) y Akra Leuke (¿Alicante?) carecen de confirmación arqueológica. Emporiom fundada por colonos de la ciudad de Massalia en el 600 a.C., se convirtió rápidamente en una próspera colonia, cabecera de intercambios con el interior: los griegos traían cerámicas de lujo, perfumes, vino y aceite y a cambio exportaban metales, sal, esparto y lino. Las colonias griegas del Mediterráneo pretendían ser establecimientos definitivos, por lo que crearon su propia industria, moneda y cultivaron los campos, imitando la forma de vida y cultu cultura griegas en las nuevas colonias. La influencia griega fue muy importante en las poblaciones iberas mediterráneas, entre las cuales difundieron su alfabeto, sus producciones cerámicas, su industria artesanal, su religión y su arte. C. CARTAGINESES El apogeo de la presencia púnica en la Península abarca los siglos VI y III a.C. Esta primera fase de la colonización cartaginesa es heredera de la fenicia, tras la caída de su capital, Tiro, cuando Cartago, colonia fenicia se hace cargo del comercio colonial mediterráneo. Por tanto, sustituyeron a los fenicios y se instalaron en sus factorías comerciales desde las que controlaban los productos del interior, sobre todo las minas de Cástulo (Linares). A esta fase le sigue una segunda (a fines del siglo III a.C.) de carácter militar, que condujo a la ocupación del sur y del sudeste de la península, causa quizás de la desaparición del reino de Tartessos. Los roces por el control del Mediterráneo, que surgieron con otro estado que estaba en crecimiento y expansión: Roma, provocan este cambio de orientación en la política cartaginesa. Los cartagineses intervinieron directamente en la península creando Cartago Nova (Cartagena) e iniciaron una sistemática explotación de las minas de Sierra Morena, el Moncayo y Almadén. Sus ejércitos se nutrieron de tropas mercenarias, reclutadas entre los indígenas peninsulares. BIBLIOGRAFÍA BÁSICA 1.- Manuales V. Fernández, Prehistoria. El largo camino de la humanidad, AE, Madrid, 2007. J. 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CAZADORES RECOLECTORES Concepto que designa las sociedades de economía predadora, que obtienen sus recursos de la caza de animales salvajes, de la recolección de plantas silvestres y ocasionalmente de las pesca. Es un concepto fundamental en la definición del Paleolítico, cuando toda la población mundial era cazadora-recolectora. Estas poblaciones fueron quedando relegadas desde el Neolítico, con la expansión de las sociedades productoras de alimentos que practicaban la agricultura y la ganadería, pero han perdurado hasta la actualidad en grupos residuales de aborígenes australianos, bosquimanos africanos o esquimales. La interpretación de la organización social de los grupos de cazadores-recolectores en la Prehistoria se basa en la Arqueología y sobre todo en la Antropología. Eran grupos de unos 30 o 50 individuos, nómadas o seminómadas, que habitaban en cuevas, abrigos o cabañas precarias al aire libre, y que explotaban los recursos naturales de territorios amplios. Según la teoría del evolucionismo cultural contemporáneo, la forma de sociedad de los cazadores-recolectores corresponde al primer estadio de desarrollo sociocultural, el de las sociedades de bandas: sociedades igualitarias, con una economía de subsistencia en la que las formas de integración siguen principalmente pautas de reciprocidad en las que no existe el poder político, sino formas de liderazgo circunstancial por parte de las personas de mayor prestigio, y cuya organización social básica es la banda patrilineal (filiación por línea paternna)m exogámica (matrimonio fuera del grupo consanguíneo), virilocal y patrilocal (residencia de la unidad doméstica según la residencia masculina). En estas sociedades el parentesco no está jerarquizado, y tiene nás importancia la residencia que la descendenciam por lo que la patrilocalidad refuerza la cohesión del grupo de grupo de cazadores y la exogamia amplía la red de relaciones de parentesco. Las creencias y ritos de los cazadores-recolectores prehistóricos han sido asociados al chamanismo. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la analogía etnográfica puede dar lugar a extrapolaciones no fundamentadas. CARESTÍA Designa la carencia colectiva de alimentos básicos. El concepto, sin embargo, es ambivalente. Puede indicar una aguda escasez de alimentos, o una situación en la que los alimentos no son asequibles para el conjunto de la población debido a un aumento de los precios. PALEOLÓTICO INFERIOR Y MEDIO Los grandes periodos en que dividimos la Era Cuaternaria, en sus dos grandes fases (Pleistoceno y Holoceno), alcanzan tal magnitud que la cronología se establece por comparación a los distintos estadios de polaridad del campo terrestre (paleomagnetismo) o por correlación con períodos geológicos o climáticos. De tal forma, las magnitudes son tan elevadas que es difícil definir fechas absolutas, por lo que nunca se emplea la fórmula “antes de Cristo” (a.C.), sino que antes del momento actual o presente, empleando la terminología inglesa “Before Present” La cronología del Pleistoceno (primera fase de la Era Cuaternaria o Antropozoica) viene marcada por el fenómeno geológico de las glaciaciones. Su mecanismo, dividido en un período glacial y un período interglacial, marca los diversos estadios climáticos a los que se adapta el hombre. EL ARTE PALEOLÍTICO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA Con un foco principal en la cornisa cantábrica, el arte paleolítico tiene numerosos puntos dispersos en la geografía de la Península Ibérica. En la España cantábrica son más de 60 las cuevas con arte. La concentración de lugares con pinturas y grabados en esta región explica la tradicional denominación de arte franco-cantábrico, de utilización general, al igual que la de arte cuaternario. Pero ahora que el arte paleolítico se extiende por casi toda la Península, acaso sería más lógico denominarlo arte paleolítico hispano-francés, aunque con ello se seguiría excluyendo el arte italiano de esta época. Y si se incluye, como parece lógico, el arte mueble o mobiliar, debería hacerse referencia también a los yacimientos de las grandes llanuras del centro y oriente de Europa, e incluso de Siberia. Con el presente texto se pretende presentar un panorama muy sintético del arte paleolítico en nuestro entorno más próximo. Su conocimiento ha avanzado mucho en los últimos decenios y raro es el año en el que no se produzca algún nuevo hallazgo. Respecto a la bibliografía nos remitimos a las grandes obras de conjunto de uso común. La compilación bibliográfica muy restringida que hemos empleado se refiere a los principales descubrimientos llevados a cabo a partir de los años 1958-1960. Como es lógico, prescindimos de los numerosos e importantes trabajos que se refieren a problemas de cronología, técnicas, interpretación, etc. (a partir de 1980 se da un repertorio bibliográfico sistemático en la revista "Ars Praehistorica"). Tanto por ser la primera cueva con arte paleolítico descubierta -en 1879 por M. Sanz de Sautuola- como por la importancia de su decoración, hay que citar en principal lugar la caverna de Altamira (Santillana del Mar). A Altamira le sigue en interés el núcleo troglodítico del Monte del Castillo, en el pueblo de Puente Viesgo, en la orilla izquierda del río Pas. La cueva del Castillo, descubierta en 1903 por H. Alcalde del Río -publicada en "Les cavernes de la region cantabrique"-, fue objeto de importantes excavaciones dirigidas por Obermaier y Breuil (estudiadas por V. Cabrera). De las mismas procede un buen lote de arte mueble, en su mayor parte estudiado por M. Almagro Basch, incluida la serie de los omóplatos grabados pertenecientes al MagdaIeniense superior con arpones. Las paredes de la cavidad contienen unas 150 figuras zoomorfas, un centenar de manos y otro centenar de signos. Destacan un panel bastante deteriorado con bisontes polícromos de estilo altamirense, las bellas ciervas grabadas con técnica de raspado, el gran macho cabrío grabado, etcétera. Se hallan en galerías paralelas y en niveles distintos, unidos por una vasta zona de hundimientos.Indudablemente en El Castillo hay muchas cosas diversas. El abate Breuil, en 1912, realizó el primer análisis topográfico de los diferentes temas: manos, signos, figuras negras, etcétera. El trabajo de Leroi-Gourhan confirmó la hipótesis de Breuil acerca de la existencia de dos grandes períodos en El Castillo. El más antiguo sería del Estilo III, con manos negativas, bisontes sencillos y signos plenos. Estos configuran un espacio muy particular en el llamado rincón de los tectiformes, comparable al de La Pasiega. Otro santuario se repite más hacia el interior y termina con líneas de grandes puntos y un pequeño mamut. Una parte de estos puntos está en indudable relación con banderas estalagmíticas que sirvieron como litofono. Antes se encuentra la gran columna estalactítica con su hombre-bisonte. En ella -como para las máscaras y otras figuras- se han utilizado los relieves naturales.En el mismo Monte del Castillo se hallan las galerías de la cueva de La Pasiega, descubierta en 1911 por H. Obermaier, P. Wernert y H. Alcalde del Río, de la que realizó los calcos el abate Breuil y se publicó en 1913 con el título de "La Pasiega á Puente Viesgo". En su forma actual, con dos entradas artificiales, se pueden visitar las galerías B y C, accediéndose desde la primera a la galería A, todo ello con un complicado recorrido. El número total de representaciones es de unas 250, cuyo inventario aproximado es el siguiente: 46 caballos, 17 bisontes, 65 cérvidos, 12 cápridos, 14 uros, 2 manos, 2 antropomorfos, 13 indeterminados y más de 80 signos. Entre todas estas representaciones destacan una figura fantástica semihumana, un bello grupo de 20 signos en un lugar muy escondido y otro que parece una inscripción. Como corresponde a la intrincada topografía y a las varias entradas antiguas, en La Pasiega se pueden identificar varios santuarios. Estos son del Estilo III, aunque de un carácter menos arcaico que Lascaux (Solutrense evolucionado al final del Magdaleniense antiguo) y del Estilo IV antiguo del período de los claviformes. La tercera cueva del Monte del Castillo es la de Las Monedas, descubierta por iniciativa de A. García Lorenzo en 1952 y publicada por E. Ripoll en 1972. Su nombre se debe a un pequeño lote de monedas del siglo XVI, perdido allí por un ignoto explorador que recorrió la vasta cavidad en aquel tiempo. En una pequeña sala, no lejos de la entrada de esta caverna, hay 35 siluetas zoomorfas -entre ellas algunos renos, los primeros en ser identificados en el arte paleolítico español- y diversos signos, todo en color negro y sin ninguna presencia de grabados. Leroi-Gourhan interpretó el santuario de Las Monedas como un tipo característico de su Estilo IV reciente, con la ventaja de no haber sufrido sobrecargas ulteriores, siendo el único testimonio español del último período de las cuevas santuarios. Nosotros lo atribuimos a los artistas del Magdaleniense IV/V, o sea, cronológicamente, hacia los años 12000 a 10000 a. C., en números redondos. Los caballos y los bisontes se parecen a los de Niaux, Le Portel, Trois-Fréres y El Pindal. Todo lo cual no puede apoyarse en la arqueología pues las excavaciones en la primera sala no dieron ningún resultado (más tarde se encontró en ella un escondrijo con materiales de la Edad del Bronce, hoy en el Museo de Prehistoria de Santander). Por último, la cueva de Las Chimeneas, en el mismo conjunto de Puente Viesgo que venimos describiendo, fue descubierta en 1953 por A. García Lorenzo, J. Carballo y F. Puente, realizando los calcos M. A. García-Guinea. Las monografías son obra de J. González Echegaray en 1963 y 1974. Su nombre es debido a las simas por las que, desde una cueva en un nivel superior -actual entrada-, se alcanzó la cueva pintada y grabada. La entrada original todavía permanece colmatada por derrubios y formaciones calcáreas. La cueva contiene unas 40 figuras que van desde toscos grabados sobre la roca descompuesta -¿un mamut?- hasta grabados finos y una serie de bellas siluetas de ciervos de color negro y de un gran realismo pintados en un estrecho divertículo de la cavidad. Las astas, cornamentas, orejas, así como el uso de la perspectiva torcida, al igual que un ciervo con las patas rígidas y separadas hacia adelante y hacia atrás, son características del Estilo III. La cueva de Chufín (Riclones) es interesante por contener dos santuarios, uno exterior con grabados sencillos, en parte de trazo muy profundo, que forman figuras incompletas de cápridos y cérvidos, y otro interior, con pinturas rojas y grabados finos y raspados, con predominio de los signos. Las manifestaciones externas han sido atribuidas al Auriñaciense y las internas al Solutrense. A este último período corresponde el yacimiento de la entrada, con una fecha de C 14, 15.530 años. Los estudios y excavaciones fueron realizados por M. Almagro Basch, V. Cabrera y F. Bernaldo de Quirós. La caverna de Hornos de la Peña (San Felices de Buelna), tenía también ambos tipos de santuario. Del exterior queda sólo la parte posterior de un caballo fuertemente inciso en la roca, casi igual a otro grabado sobre hueso hallado en el nivel auriñaciense de la misma zona del vestíbulo (excavaciones del Institut de Paléontologie Humaine a principios de siglo). En el interior de la cueva hay un buen número de paneles grabados, uno de los cuales contiene un grabado que representa un antropomorfo, una de las primeras o la primera conocida de este tipo de figuras (hasta el punto que, en un principio, fue interpretado como un simio). También hay un amplio espacio ocupado por trazos digitales. Desde hace algunos años el conjunto está siendo copiado y estudiado por un equipo dirigido por P. J. Ucko. El yacimiento de la cueva de El Juyo (Igollo), en curso de excavación por L. G. Freeman y J. González Echegaray, tiene niveles del Magdaleniense III y IV, con fechas de 14.440 BP ± 180 y 13.290 BP ± 240. En relación con una estructura seguramente ceremonial se encontró una extraña roca tratada como una cabeza o máscara humana. También proceden de dichos niveles varias piezas de arte mueble, incluido un cérvido recortado sobre hueso, con la técnica que los franceses denominan "contour découpé".En la misma región de Cantabria se encuentran algunas otras cuevas con arte, pero con un número mucho menor de representaciones: Micolón (Riclones) (con unas pocas pinturas y grabados de una fase muy antigua, seguramente auriñaco-gravetiense), El Pendo (zona litoral) (con un solo grabado -¿un pingüino?-, pero con diversos objetos de arte mueble), La Meaza (Ruiseñada), Clotilde de Santa Isabel (con grabados zoomorfos de tipo muy arcaico: cabeza de felino, bóvidos y un signo), Santián (valle del Pas) (con una serie de claviformes de color rojo), Cobrantes, La Pila, Emboscados y Patatal (Matienzo), Salitre (Miera), etc. Otro núcleo troglodítico se halla en los alrededores de la población de Ramales de la Victoria, en la zona limítrofe entre Santander y Vizcaya. En él destaca la cueva de Covalanas, que contiene 20 figuras de animales (de ellas, 17 ciervas), cuya silueta está diestramente realizada con la técnica de puntillado que corresponde al Estilo III tardío, correspondiente al Solutrense final cantábrico (contemporáneo del Magdaleniense inicial francés). Seis de las ciervas forman probablemente una escena y aquí hay que recordar la rareza de las composiciones en el arte paleolítico. Muy cerca de Covalanas se halla la cueva de La Haza, con una serie de siete figuras de color rojo (3 caballos, 2 carniceros, 1 posible cierva y 1 indeterminado). Ambas fueron descubiertas en 1903 por L. Sierra y H. Alcalde del Río, y luego publicadas en "Les cavernes de la region cantabrique".En la misma zona se encuentra la enorme cueva de La Cullalvera en la que, a 700 metros de la entrada, se encuentran dos grupos de claviformes en rojo y en negro, y a 1.200 metros, las siluetas lineales en negro de dos caballos, figuras que son, con mucho, las más alejadas de la entrada entre todas las cuevas peninsulares con arte. En la misma zona hay otras cuevas menores con manifestaciones artísticas: Sotarriza, Peña del Cuco (Castro Urdiales), Covanegra, La Lastrilla y La Hoz.Uno de los más recientes hallazgos de Cantabria es el de la cueva de Fuente del Salín (Muñorrodero, valle del río Nansa) (1985), con un importante conjunto de manos que viene a plantear de nuevo toda la problemática de este tipo de representaciones. Un primer estudio ha sido publicado por A. Moure, M. González Morales y C. González Sainz. LA PINTURA PREHISTÓRICA LEVANTINA Tanto por su estilo como por su temática, el denominado Arte rupestre levantino es una de las manifestaciones plásticas más personales de la Prehistoria hispana ya que no existen paralelos próximos en otros círculos culturales peninsulares, europeos o incluso de otros continentes, pues las semejanzas aducidas con determinadas manifestaciones pictóricas, como pueden ser algunos conjuntos africanos de la región sahariana entre otros, no pasan de ser convergencias bastante puntuales que no mantienen su paralelismo tras un minucioso análisis, tanto desde el punto de vista artístico, como temático. Sin embargo, también es cierto que bajo la denominación de Arte rupestre levantino se encuadran manifestaciones pictóricas de diversa naturaleza, lo que nos impide reconocer un círculo artístico monolítico, circunstancia que puede deberse a la dinámica evolutiva que sufre a lo largo de su dilatado ciclo cronológico así como a las lógicas variantes de carácter regional y local. Es el apartado más interesante del Arte levantino, ya que debido a su carácter narrativo y a la variedad de actividades que refleja, así como al detallismo que ofrece en la reproducción de útiles e indumentaria, constituye un documento de enorme importancia para el conocimiento de las actividades y formas de vida de sus autores. Los aspectos que se reproducen pueden quedar englobados en tres grandes apartados: actividades económicas, actividades bélicas y manifestaciones de carácter lúdico o religioso, si bien existen algunas escenas difíciles de clasificar como puede ser la monta y, sobre todo, aquellas que presentan problemas de interpretación, bien porque no nos resultan suficientemente comprensibles, bien porque su mala conservación nos ha privado de datos y que complican su lectura. Se ha pensado que también pueden interpretarse como escenas de pastoreo las agrupaciones de grandes bóvidos en actitudes estáticas que encontramos en diversos abrigos como la Cueva de la Vieja de Alpera, La Vacada, La Cocinilla del Obispo, El Prado de las Olivanas o Cogull. En todos ellos los animales están en actitud de pacer reposadamente sin ser acosados por ningún cazador ni presentar ningún tipo de herida, pero el hecho de que, en algunas ocasiones, aparezcan ciervos en asociaciones y actitudes semejantes no permite formular la hipótesis de que esta especie llegó a estar domesticada, pues no existen indicios arqueológicos que la avalen. Por tanto, también en el caso de los bóvidos habría que manejar la interpretación de la domesticación con mucha precaución. EL ARTE CALCOLÍTICO A mediados del siglo XIX cuando el sistema de las Tres Edades (Piedra, Bronce y Hierro), propuesto por el danés Christian Thomsen, privaba como esquema básico para clasificar y ordenar los objetos prehistóricos, atendiendo a la materia prima y a la tecnología, el español Casiano del Prado, ingeniero de Minas y pionero de la prehistoria madrileña, defendió la individualidad de una etapa del Cobre, base del concepto actual del Calcolítico. La aceptación de esta propuesta, que fue ganando adeptos entre los prehistoriadores nacionales y extranjeros hasta convertirse en referencia común en las secuencias de la Prehistoria, supuso reconocer que, con anterioridad a la aleación del cobre y estaño, las sociedades del pasado superaron una etapa metalúrgica mucho más primitiva. Esta idea reforzaba el sentido unilineal del progreso humano, basado en la evolución técnica como medio efectivo para dominar la naturaleza. Con un sentido equivalente al de Edad del Cobre, la nueva nomenclatura pasó a diferenciar e identificar un periodo intermedio o de tránsito en el avance de los conocimientos relativos a las primeras experiencias metalúrgicas. Asimismo, se aceptó la alusión expresa al cobre porque los testimonios apuntaban (y no lo han desmentido) que éste fue el primer metal extraído por reducción de diversos minerales cupríferos. En efecto, a partir de las primeras experiencias, una vez rebasado el mero aprovechamiento de los minerales nativos, se emprendió la imparable carrera de la transformación del mineral y de su aplicación más generalizada: fabricación de armas, útiles de trabajo y adorno personal, objetos relativamente escasos en los comienzos, pero ampliamente documentados durante la denominada Edad del Bronce. El nombre griego del cobre (jalkós) prestó su etimología para formar el nuevo vocablo, Calcolítico, sinónimo a su vez de Eneolítico, palabra derivada en este caso del término latino aeneus. Sea cual sea la nomenclatura que elijamos, hemos de entender que la referencia lleva implícita una triple connotación: 1. Tecnológica. Una etapa en la que por primera vez el arte del fuego se aplica al trabajo de los metales y la metalurgia del cobre es, a nivel de innovaciones técnicas, la primera consecuencia. Por otra parte, la manipulación del oro aluvional, por martillado, recocido y batido, origen de la primera orfebrería española, es paralelo al desarrollo del cobre. Así, los objetos fabricados en oro y en cobre fundido son los testimonios más antiguos del uso del metal en la Península Ibérica. 2. Cronológica. En la secuencia clásica de la Prehistoria europea, el Calcolítico se sitúa tras el Neolítico (etapa en que las sociedades conocen la producción de alimentos merced al cultivo de plantas y a la domesticación de animales) y antecede a la llamada Edad del Bronce, avance metalúrgico que conlleva no sólo la aleación de los metales sino una mayor producción y circulación de los objetos metálicos.Sin entrar en la polémica sobre el origen de la metalurgia, baste decir que la expansión del trabajo del cobre en Europa, implicando muy directamente a España, coincide con el transcurso del tercer milenio a. C. No obstante conviene hacer notar que la cadencia en el disfrute o en el trabajo del metal no es uniforme ni homogénea y, técnicamente, la personalidad del territorio español acusa cierta diacronía. Por ello, aunque convencionalmente el Calcolítico se hace corresponder con el tercer milenio a. C., algunos autores emplean para los comienzos la etiqueta de Neoeneolítico, indicando la no discontinuidad y el impreciso momento del tránsito, a comienzos del tercer milenio, exista o no documentación que asegure el empleo de metal. Pero si el comienzo es resbaladizo también lo es el final. Sin entrar en problemas regionales, baste decir que el Calcolítico se prolonga hasta las primeras centurias del segundo milenio a. C. y en términos, siempre generales, podemos aceptar que entre 1800 y 1700 a. C. se considera superada la etapa del Cobre. 3. Cultural. En la perspectiva actual éste es el criterio unánime. Más que entender el comienzo de la metalurgia como motor de las transformaciones culturales habidas durante el Calcolítico, el beneficio del metal tiende a considerarse como efecto derivado de la complejidad socio-económica dentro de un largo proceso que alcanza su cenit durante esta etapa. De este modo, frente a lo que se entiende por Neolítico o Bronce Antiguo, la connotación cultural es mucho más profunda que la idea de poseer o no un determinado objeto de cobre fundido o de haber iniciado el beneficio del metal. En este sentido, el término Calcolitico hace referencia a los cambios surgidos al consolidarse la subsistencia agropecuaria y recae en los patrones sociales; económicos e ideológicos que definen y enmarcan una realidad arqueológica en cuyo desarrollo convergen, primero, la extensión y apogeo del megalitismo; más tarde, en la plenitud de la etapa, hacia finales del tercer milenio, el avance de las novedades impuestas por la renovación campaniforme, fenómeno que a su vez actúa de contrapunto y propicia la transformación y el agotamiento del periodo Calcolítico. En este proceso y en la diversidad de contextos se justifica e identifica el arte del Calcolítico, entendido como un componente más de la cultura, relativo a la expresión estética y al lenguaje elegido para la comunicación gráfica y simbólica de un tiempo muy particularizado. Por ello, antes de introducirnos en las manifestaciones artísticas es preciso comentar, aunque sea brevemente, las características principales de este proceso, en donde el denominado arte esquemático es otra consecuencia de la complejidad mental que se trasluce en la interactuación de los fenómenos. A mediados del siglo XIX cuando el sistema de las Tres Edades (Piedra, Bronce y Hierro), propuesto por el danés Christian Thomsen, privaba como esquema básico para clasificar y ordenar los objetos prehistóricos, atendiendo a la materia prima y a la tecnología, el español Casiano del Prado, ingeniero de Minas y pionero de la prehistoria madrileña, defendió la individualidad de una etapa del Cobre, base del concepto actual del Calcolítico. La aceptación de esta propuesta, que fue ganando adeptos entre los prehistoriadores nacionales y extranjeros hasta convertirse en referencia común en las secuencias de la Prehistoria, supuso reconocer que, con anterioridad a la aleación del cobre y estaño, las sociedades del pasado superaron una etapa metalúrgica mucho más primitiva. Esta idea reforzaba el sentido unilineal del progreso humano, basado en la evolución técnica como medio efectivo para dominar la naturaleza. Con un sentido equivalente al de Edad del Cobre, la nueva nomenclatura pasó a diferenciar e identificar un periodo intermedio o de tránsito en el avance de los conocimientos relativos a las primeras experiencias metalúrgicas. Asimismo, se aceptó la alusión expresa al cobre porque los testimonios apuntaban (y no lo han desmentido) que éste fue el primer metal extraído por reducción de diversos minerales cupríferos. En efecto, a partir de las primeras experiencias, una vez rebasado el mero aprovechamiento de los minerales nativos, se emprendió la imparable carrera de la transformación del mineral y de su aplicación más generalizada: fabricación de armas, útiles de trabajo y adorno personal, objetos relativamente escasos en los comienzos, pero ampliamente documentados durante la denominada Edad del Bronce. El nombre griego del cobre (jalkós) prestó su etimología para formar el nuevo vocablo, Calcolítico, sinónimo a su vez de Eneolítico, palabra derivada en este caso del término latino aeneus. Sea cual sea la nomenclatura que elijamos, hemos de entender que la referencia lleva implícita una triple connotación: 1. Tecnológica. Una etapa en la que por primera vez el arte del fuego se aplica al trabajo de los metales y la metalurgia del cobre es, a nivel de innovaciones técnicas, la primera consecuencia. Por otra parte, la manipulación del oro aluvional, por martillado, recocido y batido, origen de la primera orfebrería española, es paralelo al desarrollo del cobre. Así, los objetos fabricados en oro y en cobre fundido son los testimonios más antiguos del uso del metal en la Península Ibérica. 2. Cronológica. En la secuencia clásica de la Prehistoria europea, el Calcolítico se sitúa tras el Neolítico (etapa en que las sociedades conocen la producción de alimentos merced al cultivo de plantas y a la domesticación de animales) y antecede a la llamada Edad del Bronce, avance metalúrgico que conlleva no sólo la aleación de los metales sino una mayor producción y circulación de los objetos metálicos.Sin entrar en la polémica sobre el origen de la metalurgia, baste decir que la expansión del trabajo del cobre en Europa, implicando muy directamente a España, coincide con el transcurso del tercer milenio a. C. No obstante conviene hacer notar que la cadencia en el disfrute o en el trabajo del metal no es uniforme ni homogénea y, técnicamente, la personalidad del territorio español acusa cierta diacronía. Por ello, aunque convencionalmente el Calcolítico se hace corresponder con el tercer milenio a. C., algunos autores emplean para los comienzos la etiqueta de Neoeneolítico, indicando la no discontinuidad y el impreciso momento del tránsito, a comienzos del tercer milenio, exista o no documentación que asegure el empleo de metal. Pero si el comienzo es resbaladizo también lo es el final. Sin entrar en problemas regionales, baste decir que el Calcolítico se prolonga hasta las primeras centurias del segundo milenio a. C. y en términos, siempre generales, podemos aceptar que entre 1800 y 1700 a. C. se considera superada la etapa del Cobre. En la perspectiva actual éste es el criterio unánime. Más que entender el comienzo de la metalurgia como motor de las transformaciones culturales habidas durante el Calcolítico, el beneficio del metal tiende a considerarse como efecto derivado de la complejidad socio-económica dentro de un largo proceso que alcanza su cenit durante esta etapa. De este modo, frente a lo que se entiende por Neolítico o Bronce Antiguo, la connotación cultural es mucho más profunda que la idea de poseer o no un determinado objeto de cobre fundido o de haber iniciado el beneficio del metal. En este sentido, el término Calcolitico hace referencia a los cambios surgidos al consolidarse la subsistencia agropecuaria y recae en los patrones sociales; económicos e ideológicos que definen y enmarcan una realidad arqueológica en cuyo desarrollo convergen, primero, la extensión y apogeo del megalitismo; más tarde, en la plenitud de la etapa, hacia finales del tercer milenio, el avance de las novedades impuestas por la renovación campaniforme, fenómeno que a su vez actúa de contrapunto y propicia la transformación y el agotamiento del periodo Calcolítico. En este proceso y en la diversidad de contextos se justifica e identifica el arte del Calcolítico, entendido como un componente más de la cultura, relativo a la expresión estética y al lenguaje elegido para la comunicación gráfica y simbólica de un tiempo muy particularizado. Por ello, antes de introducirnos en las manifestaciones artísticas es preciso comentar, aunque sea brevemente, las características principales de este proceso, en donde el denominado arte esquemático es otra consecuencia de la complejidad mental que se trasluce en la interactuación de los fenómenos. EL MEGALITISMO El nombre de megalítico (con matiz diferente del término ciclópeo) hace referencia a una arquitectura de grandes piedras toscamente desbastadas (del griego niega: grande, y lithos: piedra). Es anterior y distinta a la denominada arquitectura talayótica en Baleares, mucho más moderna. El hombre megalítico se aplica a diversas categorías de estructuras funerarias y a otros monumentos de finalidad más discutida (menhires, alineaciones, cromlechs...), interpretados siempre en términos religiosos. Sin embargo, la denominación es reduccionista porque el concepto incluye a su vez otra serie de construcciones funerarias, no megalíticas, pero consideradas dentro del mismo fenómeno: estructuras funerarias en mampostería y falsa bóveda (denominadas tholoi), cuevas artificiales... coincidentes en su planta y destino con las sepulturas megalíticas en sentido estricto. La utilización de estas estructuras para enterramientos múltiples, así como la monumentalidad, son dos atributos compartidos, unificadores del concepto megalítico, obviando las divergencias en el aparejo o en la naturaleza de los materiales. A excepción de las denominadas cuevas artificiales (receptáculo fúnebre labrado en una roca relativamente blanda y adoptando un espacio equivalente al de las construcciones externas), todos estos panteones, sin importar morfología y dimensiones, se cubrían y ocultaban con un enorme túmulo de tierra o piedras, de disposición meticulosa y cuidada, normalmente marcando el perímetro por un anillo de piedras más pequeñas. Así pues, el paisaje de los megalitos no sería la desnudez que hoy contemplamos en la ruina de estos monumentos, sino un montículo cuya planta puede oscilar entre 10 ó 30 metros y superar los 2,5 m de altura. Incluso es factible, y así lo avalan algunos testimonios, que el colorido externo de algunos de estos estímulos no quedara camuflado en el paisaje, sino que la propia tierra o la alternancia combinada de guijarros o piedras de distinta naturaleza, diera unas coloraciones especiales que realzaran inclusive la artificialidad de estas colinas fúnebres. La construcción de uno de estos monumentos requiere algún tiempo y la colaboración de un cierto número de personas, siempre en función de su magnitud, pero su arquitectura repite soluciones muy simples, tanto si se opta por el sistema arquitrabado, lo más general, o por la cubrición en mampostería y falsa bóveda por aproximación de hiladas (tholoi). Las piedras verticales (ortostatos), generalmente de granito o pizarra, dependiendo de la oportunidad local de la geología (en ocasiones se recurre al transporte de varios kilómetros) se sostienen merced a su afianzamiento en una pequeña zanja y al uso de piedras menores, a modo de calzas, favoreciendo la sujeción y el levantamiento de cada una de las losas. El encaje en la tierra y la dispersión del empuje en el acoplamiento mutuo al cerrar el perímetro, así como su leve inclinación hacia el centro de la cámara, son suficientes para permanecer en pie, desafiando los siglos. Las tierras del montículo e incluso un anillo de piedras más pequeñas, alrededor de la cámara, sirven de plataforma y plano inclinado para el ascenso de la enorme piedra monolítica que actúa como techo de la cámara. La preparación del suelo puede ser por simple batido aunque en casos excepcionales se aprecia una especie de enlosado, más o menos tosco según la categoría del sepulcro. La cubrición del conjunto con las tierras del túmulo ocultarán a los ojos de los vivos el exterior del monumento, debidamente preparado para permitir las sucesivas inhumaciones, de acuerdo a las circunstancias. En la actualidad rara vez está conservado el túmulo, pero este elemento es consustancial a estas construcciones, unificadas externamente por su aspecto específico y valor simbólico del espacio consagrado al emplazamiento de la tumba, a veces marcado con la presencia de betilos, pequeñas columnas troncocónicas carentes de decoración y más raramente con auténticas estelas a modo de señalizaciones o hitos funerarios. Atendiendo a la morfología se distinguen tres tipos primarios: - El dolmen, palabra bretona que significa mesa. El esquema básico es una cámara simple, circular, poligonal, ovoide..., cubierta con una sola piedra (excepcionalmente techada con madera y ramajes). - La tumba de cámara y corredor. Se añade al tipo anterior un pasillo de acceso, normalmente más bajo, también adintelado. En el caso de que se trate de un tholos, se construye con aparejo de mampostería en seco y la cubrición se cierra por aproximación de hiladas. En ocasiones se recurre a una solución mixta combinando ortostatos y mampostería. El esquema en forma de tholos se ejemplifica en la necrópolis megalítica correspondiente al poblado fortificado de Los Millares, con más de un centenar de tumbas. Posiblemente este tipo de sepulturas, así como la variante en cueva artificial, representan los tipos más modernos, como una modalidad propia del Calcolítico, frente a la cubierta plana originada ya durante el Neolítico. La llamada Cueva del Romeral (Antequera, Málaga) o la de Matarrubilla (Valencia de Alcor, Sevilla), en este caso auténtica cueva artificial, están entre los megalitos más monumentales. - Galería cubierta. Adopta planta trapezoidal, sin diferenciación neta entre cámara y corredor. La cubrición es adintelada y según la anchura se colocan pilares intermedios que sirven de sostén. La monumental Cueva de Menga en Antequera (Málaga) sigue esta morfología. Nichos, divertículos anexos, puertas perforadas para delimitar el paso a la cámara, pilares divisorios... así como las variantes adoptadas por la planta, dimensiones e incluso la naturaleza de las piedras, reflejan unas divergencias, ligadas posiblemente a las particularidades del grupo social y a matizaciones más locales, entendiendo que aunque el sepulcro sea siempre colectivo (desde unos pocos individuos hasta más de 50), no significa la igualdad ni la uniformidad en los sepulcros y ajuares, ni en los ritos mortuorios. A las casuísticas apuntadas hay que añadir que la investigación ha puesto de manifiesto que la construcción de estas tumbas está ritualizada y las inhumaciones sometidas a una intensa manipulación de los cadáveres, lo que lleva a suponer que, en muchos casos, se trata de enterramientos secundarios después de haber practicado la descamación e incluso de haber coloreado de rojo los huesos. Cremación parcial, fuegos, depósitos votivos..., y otras actividades difíciles de encasillar en una normativa, no siempre apreciables cuando la tumba ha sido violada o su excavación es antigua, formaron parte del complejo ritual. Aparte del ajuar de cada individuo y de los materiales que propician los ritos, no es infrecuente evidenciar que este tipo de tumbas, sea en la puerta de entrada o en el interior de las paredes, se complementan con la ornamentación, desde el simple teñido de rojo hasta una recubrición de yeso, soporte de complicados dibujos geométricos (rojo, negro, blanco, amarillento...), simulando una especie de tapiz, pasando por grabados lineales más o menos profundos representando motivos solares, líneas onduladas, signos curvilíneos e incluso figuras humanas... Otro elemento omnipresente son las denominadas cazoletas, pequeñas cavidades, picando la superficie de la piedra, sin llegar a la perforación. En casos más excepcionales, se reconocen al exterior de las piedras desnudas dibujos comparables a la pintura rupestre, sin que quede claro hasta qué punto son sincrónicos a la construcción del monumento o han sido ejecutados con posterioridad, una vez desmoronado el túmulo. Las tumbas megalíticas se extienden por todo el territorio peninsular, llegando incluso a Baleares (dolmen de Ca Na Costa en Formentera). La incidencia es muy escasa hacia Levante, centro y meseta oriental (utilización de cuevas naturales). Por el contrario, el área pirenaica, fachada occidental, y Andalucía, documentan una enorme variedad y densidad de estos sepulcros cuya construcción se inicia con anterioridad al Calcolítico y se prolonga hasta el segundo milenio. Los Millares (Reconstrucción del poblado). Este poblado condensa el patrón urbanístico de una arquitectura defensiva, estructurada ya en la etapa antigua del Cobre. La Fase II (2.400-2000 a. C.) marca el apogeo, expresado con cuatro potentes murallas, reforzadas con torres de planta oval y cuadrada. Con el tiempo se desmanteló uno de los recintos (lienzo de rayas discontinuas) y se protegió mejor el exterior mediante una gran barbacana. También se amplió la entrada, dotada de 27 saeteras. Todo el aparejo es de mampostería macizado con grava (espesor medio de 2 a 3 metros). Las viviendas, de planta circular (5 a 7 metros de eje) tienen cimientos de piedra y alzado de barro y ramajes. Los edificios de carácter comunal, entre ellos un taller de metalúrgico, son de planta cuadrangular. ARTE PREHISTÓRICO EN LAS BALEARES Las navetas de habitación son construcciones de planta alargada terminada en ábside, con puerta de acceso al lado contrario y probable cubierta de cañizo y barro. Sus paredes suelen ser de considerable grosor, con una media aproximada a los dos metros de anchura en los lados mayores, que en la cabecera aumenta y da lugar a ábsides apuntados, o mantienen un grosor similar al de los muros y forman ábsides de tendencia circular. La cámara interior es muy variable, acoplada al muro del monumento y con frecuentes irregularidades. Las paredes largas son en unos casos rectas, mientras que en otros tienden a estrecharse hacia la puerta. En general, la pared interior del ábside adopta forma semicircular, pero a veces dobla en ángulo recto, lo que produce una cámara rectangular. En ocasiones las paredes se estrangulan a mitad de la cámara, quizá con la intención de distinguir espacios en el conjunto de la habitación. Otras veces esta división se lleva a cabo mediante muros transversales, aunque es difícil comprobar si son siempre contemporáneos a la utilización antigua del monumento u obedecen a modificaciones posteriores. La distribución espacial de las navetas indica la existencia de núcleos de población en los que viven unas pocas familias con un aprovechamiento inteligente de los recursos naturales, cerca de barrancos u otros puntos con posibilidad de proveerse de agua potable. Su disposición interna en el caso de la naveta Alemany, en Magaluf (Calviá), presenta un espacio habitable en torno a los setenta metros cuadrados y un claro carácter de unidad familiar doméstica, con un hogar en su zona central, molinos de piedra y vasos cerámicos de uso cotidiano, unos utilizados como vajilla y otros como recipientes para almacenamiento. En Menorca se conocen dos yacimientos bien excavados de esta misma tipología: Son Mercer de Baix y Clariana. El primero está formado por dos navetas principales y otras estructuras complementarias, una de ellas un pequeño taller de fundición de cobre, lo que hace pensar en una aldea con dos unidades de habitación de unos treinta metros cuadrados de superficie cada una de ellas. En Clariana también se identificaron dos unidades constructivas básicas. La mejor conservada presenta una superficie interna útil en torno a los 35 m2. Un talaiot es una construcción realizada en mampostería en seco a partir de bloques de sección paralelográmica cortados más o menos regularmente, en ocasiones retocados para que encajen entre sí y proporcionen mayor consistencia a la obra. Los talaiots aparecen indistintamente aislados, en conjuntos, dentro de los poblados o formando parte de sus murallas. Su complejidad constructiva es grande y muchas sus posibilidades de variación. La estructura más corriente se corresponde con la planta circular o ligeramente oval, como el de Sa Canova, posiblemente el mejor conservado de Mallorca, o el de Torelló en Menorca. Suelen estar levantados mediante hiladas bastante regulares de piedras bien cortadas que forman un muro de espesor variable, en el centro del cual se sitúa la habitación circular con un corredor de acceso al interior cubierto por losas. El espesor de los muros es variable, si bien en la mayoría de los casos oscila entre tres y cuatro metros. También varía el tamaño de la cámara central, aunque su diámetro rara vez baja de cinco metros o sobrepasa los seis, lo que proporciona un espacio interno útil en torno a los veinte metros cuadrados, incluyendo el destinado a la columna de sujeción del techado. Otro tipo de talaiot frecuente es el de planta cuadrangular. Resulta habitual encontrarlo en poblados junto a los circulares. Es interesante observar que, generalmente, se presta gran atención a la solución de sus esquinas, formadas por grandes bloques escogidos, aun en los casos en que el resto de la obra esté realizada con piedras groseras. Los ángulos debieron suponer un mayor problema a la hora de su construcción que la solución en continuidad en los de planta circular u oval. Con frecuencia su cámara interior es cuadrada, con lados que oscilan entre cuatro y cinco metros, lo que proporciona un espacio interior útil semejante al de los talaiots de planta circular. Al igual que en estos últimos, se accede a la cámara por un pasillo cubierto por losas. Más raro es el talaiot construido a modo de túmulo escalonado, como los de Son Oms, en Palma, o Binixica, en Maó. Están formados por varios troncos de cono superpuestos, en el caso de los circulares, o de pirámide en los cuadrangulares, que disminuyen de tamaño a medida que ascienden, lo que les da aspecto de torres escalonadas a base de plataformas superpuestas. También excepcional es el talaiot, tanto de planta circular como cuadrada, que se asienta sobre una plataforma. El ejemplo más característico y mejor conservado es seguramente el del Puig de Son Corb, en Son Servera. La plataforma está formada por muros entre uno o dos metros de altura situados a escasa distancia del lugar donde se alza el edificio principal y todo el espacio intermedio se rellena con tierras y piedras que forman una especie de túmulo artificial, para el que hacen de contrafuertes los muros exteriores. Un elemento básico de los talaiots es su columna central, formada por tambores de piedra que ganan en diámetro a medida que ascienden, logrando un punto de apoyo amplio en la parte superior que hace más fácil el techado. En algunos casos, la columna está construida con bloques verticales de sección paralelográmica, bastante bien cortados y que recuerdan el aspecto de una pilastra clásica conseguida mediante la superposición de varios elementos. A diferencia de lo que ocurre en los nuraghes sardos, que conocen la falsa bóveda por aproximación de hiladas gracias tal vez a sus contactos con navegantes micénicos, en Mallorca y Menorca la cubierta de los talaiots debió hacerse mediante lajas, en unos casos apoyándose en la columna central y en otros reduciendo hábilmente la luz superior mediante la técnica de acercar las paredes a medida que ascienden. Se conocen casos, como en el poblado de Sant Agustí, en Menorca, de utilización de vigas de madera de sabina para contribuir al techado. En general, puede decirse que la técnica constructiva empleada para cubrir estas torres es bastante rudimentaria, lo que contrasta con la capacidad de los baleares para levantarlas hasta una altura considerable o abrir en su interior cámaras y corredores. EL ARTE FENICIO Y PÚNICO El último milenio anterior a nuestra Era fue una época de profundos cambios y agitaciones en el mundo mediterráneo. La irrupción desde Oriente de los pueblos del mar acabó con hititas y micenios, puso en crisis a los egipcios y promovió emigraciones masivas de gentes de todo tipo que navegaron hacia Occidente para encontrar regiones distintas. Es una época en la que los historiadores griegos enumeran a las talasocracias, porque en ellas se sucedían los períodos de hegemonía sobre el mar de grupos de comerciantes, piratas y guerreros, bajo la bandera de una ciudad costera o de una nación que conseguía detentar el poder sobre las otras. Los fenicios eran reconocidos como una de aquellas talasocracias antiguas y también puede decirse que su sistema de organización política y de presencia en el Mediterráneo fue siempre de una potencia naval, primero bajo la dirección de Tiro, Sidón y las metrópolis de la costa libanesa, y luego con el gobierno imperialista establecido en Cartago. Muchas otras ciudades fundadas por los fenicios detentaron también el poder marítimo sobre la pesca y el comercio; en Occidente, Cádiz fue la dueña de las rutas atlánticas y base para la exportación de los metales andaluces, hasta mucho después de la llegada allí de los romanos. La unidad artística y cultural entre las ciudades fenicias y sus colonias occidentales se mantuvo siempre a través de las relaciones mercantiles, de forma que su poder y su influencia pervivieron en el mar a pesar del predominio político de otras naciones. Por ello, el arte fenicio será siempre una síntesis de las variadas relaciones con otros pueblos al servicio de los intereses comerciales; en España, este arte se manifestará en la importación de productos exóticos, en la producción de los objetos que mayor éxito podían obtener entre el público local y en la aportación de nuevos conocimientos técnicos. ARTE GRIEGO EN ESPAÑA Podríamos hoy aproximarnos al arte griego en España desde una multitud de puntos de vista. Cada uno de estos ángulos de observación nos llevaría a una consideración distinta de lo griego. Con toda justicia, presentaríamos entonces bajo un mismo título aproximaciones parcial o, incluso, completamente diferentes. Ante todo será, pues, preciso indicar qué vamos a entender aquí por arte griego para definir, en la medida de lo posible, nuestra perspectiva y, con ella, los limites de nuestro encuentro. Los investigadores de comienzos del siglo XX hubieran preferido tal vez llamar a este trabajo, personalizando el título, "el arte de los griegos en España", pues a los autores de entonces les agradaba vincular estrechamente el genio de un pueblo con sus manifestaciones artísticas. En efecto, al menos hasta los años 40, el estudio del arte griego en el Mediterráneo y, en concreto, en España se había asociado con frecuencia a una extendida concepción occidental de la civilización que encubría una valoración jerárquica de las culturas y adoptaba un narcisista eurocentrismo de raíces grecorromanas. En esta línea de pensamiento, la historiografía arqueológica más tradicional había sobrevalorado durante muchas décadas lo griego frente a lo bárbaro. En el arte griego clásico se condensaría lo civilizado y lo perfecto -como modélico y canónico- en contraposición con un mundo periférico. Aquél se caracterizaría por su plenitud frente a éste, marcado por la inmadurez de las imitaciones. El modelo estaba en Grecia y se querían hallar sus reflejos, como en un espejo, en el Occidente antiguo. Para ello se buscaba en los datos históricos transmitidos por las fuentes escritas la justificación que sustentara un desarrollado arte griego en España, que hasta entonces permanecía impreciso, indefinido, evanescente, es decir, más como una proyección teórica que como una realidad palpable. Por el prestigio de la cultura clásica, a inicios del siglo XX se siente la necesidad de inventar un arte griego en España. La época de Adolfo Schulten asociaba también muy estrechamente el arte griego en España a la colonización jonia en el extremo Occidente. Consideraban en la presencia griega más sus supuestos aspectos civilizadores que los prioritariamente comerciales. Por tanto, la principal manifestación de aquélla era la gran escultura o los grandes epígrafes -éstos tan escasos, por otra parte- y no la más humilde y funcional cerámica del comerciante que nos ha ocupado a los arqueólogos preferentemente en estas últimas décadas. Pues prevalecía además, en estos autores, una concepción jerárquica, heredada del neoclasicismo, que distinguía artificialmente entre artes mayores y menores. En este ambiente, José Ramón Mélida, a quien podemos considerar con justicia el padre de la arqueología clásica en España, buscaba en las esculturas los testimonios de la colonización y del comercio griego en la Península: el pequeño Hércules en mármol de Alcalá la Real, en el Museo Arqueológico Nacional, que hoy clasificamos como una copia clasicista de época romana, fue considerado entonces por Mélida como un original griego del último arcaísmo. Paralelizó históricamente su hallazgo al del Esculapio de Ampurias, éste sí, efectivamente griego. Pero, al contrario que en Ampurias, Alcalá la Real no es un yacimiento griego por lo que Mélida, en 1930, tuvo que proponer que allí "sin duda fue llevada la estatuita como objeto de culto, y acaso de Mainake, la colonia griega que se cree existió en la costa al lado occidental de Málaga". Los modelos clásicos de la escultura y una modernizante concepción colonial de la polis -al modo de las colonias europeas a lo ancho del mundo- estaban presentes con frecuencia en el pensamiento de nuestros predecesores. Todo ello condicionaba en el arqueólogo la clasificación misma, la interpretación, los resultados. Pues habría de ser función de las supuestas colonias griegas en el extremo occidente el extender entre los indígenas de la Península el arte superior de su pueblo. Con anterioridad a Mélida, el investigador norteamericano Rhys Carpenter había publicado en 1925 un precioso librito -The Greeks in Spain-, "Los Griegos en España", donde se plantea de nuevo la relación del arte griego con la colonización jonia en el Extremo Occidente. Quiso establecer los vínculos entre la perfección técnica del arte griego y una emulación inmadura, lastrada por la falta de medios técnicos, de los iberos. Pocas ciudades antiguas del occidente mediterráneo poseen un interés histórico y arqueológico tan acentuado como el que presenta la antigua ciudad griega, romana y altomedieval de Ampurias, cuya dilatada vida se extendió a lo largo de unos siglos en los que el mundo europeo meridional conoció, sucesivamente, la colonización griega; la gestación, plenitud y caída del imperio romano; la subsiguiente aparición de los reinos bárbaros y la emergencia del imperio musulmán, a cuyo socaire, en nuestra Península, aparecieron los reinos y condados medievales cuya huella marca aún hoy de forma tan indeleble el ser y la idiosincrasia de la España moderna. En todos estos formidables sucesos podemos afirmar que Ampurias jugó un cierto papel, modesto las más de las veces, más importante otras, pero siempre significativo, al menos en lo que atañe a ciertos aspectos relativos a la entrada en el ámbito peninsular de muchas influencias foráneas, pues no hemos de olvidar que fue ésta la única tierra conspicuamente griega de la Península; que fue también éste el lugar escogido por Roma para poner por vez primera el pie en Iberia y que, finalmente, fue Ampurias un lugar privilegiado en lo concerniente a la llegada y posterior difusión del cristianismo en Hispania. Si a todo ello le añadimos que hasta el siglo XI Ampurias constituyó la capital del condado de su mismo nombre, originariamente carolingio y más tarde independiente, comprenderemos el alto valor histórico de la ciudad y la notable y emblemática importancia que muchos de sus diversos restos materiales en ese sentido tienen. EL ARTE TARTÉSICO En las primeras décadas del siglo XX el investigador idealista alemán Adolfo Schulten buscó un fabuloso Tartessos en las costas atlánticas de Andalucía. Allí, entre las dunas arenosas del coto de Doñana, pretendía hallar las ruinas de una floreciente civilización sepultada que visitaron los griegos. Le aguardaba -soñaba Schulten hacia 1920- una ciudad que escondería esplendorosos tesoros y obras de arte de tal magnitud que permitía a los investigadores europeos reelaborar y reescribir la historia universal del arte griego. En esta figura tan característica de una arqueología utópica y colonial se proyectaba de hecho toda una centuria larga de investigaciones y búsquedas arqueológicas en el Mediterráneo en la cual el hilo conductor, el modelo, había sido sobre todo Grecia. Schulten basaba en gran parte su interpretación helenizante de Tartessos en las lecturas de los autores clásicos, y en especial de Heródoto. El historiador clásico de Halicarnaso hablaba de un opulento monarca tartesio, Argantonio, que acogió a los griegos con amistad y generosidad regias, propias de un tirano oriental (Libro 1, 169). Si la amistad entre poderosos ha de reflejarse en regalos espléndidos, los palacios de Argantonio deberían, pues, estar llenos de obras de arte griegas. Pero nada de esto se halló entonces en las numerosas prospecciones que hizo Schulten en la costa atlántica andaluza en torno a los años 20. Sin embargo, más adelante veremos lo que hoy, de forma mucho más matizada, se conoce sobre esa efectiva presencia griega en el Sur peninsular, presencia que Schulten no supo encontrar pues la buscó con ojos diferentes, idealizadores. Tartessos es un nombre cargado de resonancias históricas, tanto si se presta oído al eco que tuvo en la misma Antigüedad, cuanto -o más- si la atención se ciñe a la animada polémica que viene suscitando en nuestro tiempo, entre historiadores y arqueólogos, y desde hace no pocos años. El hispanista alemán Adolfo Schulten, responsable principal de una particular agitación por lo tartésico a comienzos del siglo XX, dejó en su testamento científico la encomienda inaplazable de desenterrar Tartessos. Y así se ha hecho, aunque no como él imaginaba, ni sólo en el lugar donde sus pesquisas le llevaron a hurgar en busca de la mítica ciudad perdida, como una Atlántida orteguiana: en el Coto de Doñana. Sí es un hecho que en el último medio siglo se ha puesto cerco al problema histórico de Tartessos con una intensa y fructífera investigación arqueológica, con el trasfondo de una mirada -todo lo atenta que ha sido menester- a los datos lingüísticos y a los textos antiguos, interpretables de mejor manera a partir de las nuevas referencias. Los muchos problemas que se aprietan en la cuestión tartésica no están, ni mucho menos, resueltos; pero en el estado actual de la investigación pueden proponerse líneas básicas de los procesos culturales e históricos, en las que asentar con bastante firmeza la realidad histórica y cultural de Tartessos. Ha gozado de mucha aceptación la hipótesis que veía en Tartessos el fruto de una evolución milenaria enraizada, al menos, en el Calcolítico, la época en que, por buena parte del Mediodía peninsular, brillaron las primeras culturas del metal; grandes sepulturas colectivas de cámara y recios poblados amurallados -como los de Zambujal, junto a Lisboa, y Los Millares, en Almería, por citar dos puntos extremos geográficamente- son sus manifestaciones materiales más importantes. ARTE IBÉRICO Y CELTIBÉRICO En el panorama de nuestra Antigüedad, las culturas protohistóricas tienen un gran atractivo cuando se las contempla desde la particular sensibilización de la conciencia histórica de la época en que vivimos. Sea porque la curiosidad intelectual conduce a ponderar con especial énfasis las etapas de formación; sea porque los problemas que siempre arrastran consigo estos períodos consustancialmente oscuros -en los que anidan con éxito las fábulas o las leyendas inventadas de entonces a ahora-, son un constante reto para quienes gustan de los platos fuertes en materia histórica; sea porque la búsqueda de justificaciones a nacionalismos o raíces culturales, con propósitos menos o más inocentes, suele conducir a hurgar en estos períodos formativos para alimentar argumentos o urdir coartadas; sea por todo ello y alguna cosa más, la civilización tartésica, la cultura castreña, las culturas celtibéricas y la misma cultura ibérica y otras de nuestra Protohistoria despiertan un considerable interés. La cultura ibérica, entre otras e importantes razones de su indiscutible atractivo, tiene en su haber la producción de un arte personalísimo, un arte que se constituye por méritos propios en argumento de uno de los grandes capítulos de nuestra Historia del Arte. Pero esta realidad incuestionable conviene contemplarla conscientes también de que es un arte cargado de facetas problemáticas, de aspectos discutidos y discutibles, para lo que conviene la reflexión introductoria de que se ocupa este texto. Es bueno apresurarse a decir que, a la altura de la investigación más reciente, muchos problemas están resueltos, o despejadas algunas de las incógnitas que lastraban el camino ascendente de su mejor comprensión. Pero algunos progresos son todavía muy recientes, fruto a veces de hallazgos afortunados de los últimos años, y apenas tienen eco, si alguno tienen, en mucha de la literatura habitualmente disponible; y sigue habiendo problemas en bastantes cosas. De lo esencial de todo ello, de los problemas aún existentes, o de las soluciones últimamente obtenidas, daré resumidas cuentas en las páginas que siguen. Para empezar no está de más pararse en una cuestión previa: la de si puede hablarse, sin equívocos, de un arte propiamente ibérico. O, dicho de otra manera, si el arte ibérico es un concepto claramente perfilado en sus connotaciones culturales, en su ámbito geográfico, en su marco cronológico.Porque en esto, como para el conjunto de la cultura a la que corresponde, la delimitación del arte ibérico se presta a confusión, ya que no sólo por los lógicos cambios de la evolución en el tiempo, sino por la diversidad de las culturas del ámbito que, en principio, puede aceptarse como ibérico, las manifestaciones artísticas y culturales no se muestran con la misma intensidad o los mismos caracteres en todas partes. Por ejemplo, con argumentos culturales o lingüísticos suele insistirse en la clara diferencia que ofrecen las culturas ibéricas que se desarrollan en el territorio comprendido desde la alta Andalucía al Levante peninsular, respecto a la documentada en la baja Andalucía; en esta última región se desarrolla la cultura turdetana, heredera directa de la tartésica, que se presenta con rasgos distintos a las ibéricas del Sudeste y Levante, según algunos las única y propiamente ibéricas, de modo que en la consideración de lo ibérico habría que excluir las manifestaciones de la baja Andalucía. En cualquier caso, es indiscutida la clara distinción respecto a las culturas del interior y de la vertiente atlántica, menos evolucionadas y con creaciones artísticas y culturales muy distintas, y con un importante componente étnico en las causas diferenciadoras por la repartida presencia de elementos célticos. Un cuadro así, muy simplificado sin duda, pero muy mostrativo de la realidad con que se suele topar, enriquecida en sus matices, cualquier interesado en esta cuestión, muestra ya en su radical simplicidad la dificultad de aceptar, sin más consideraciones, planteamientos de partida que pueden resultar, a la larga, engañosos. En principio, la penetración, al menos cultural, de las activas civilizaciones de la periferia peninsular hacia el interior va mostrándose cada vez más acusada y desde tiempos más antiguos según avanza la investigación, de forma que el celtiberismo como fenómeno cultural, y en menos medida de fusión étnica, va cobrando nueva apariencia, desdibujando las fronteras de las radicales distinciones de antaño. También, en sentido contrario, la penetración étnica y cultural de los celtas en las culturas desarrolladas de la periferia es un fenómeno indiscutible, sin que sea el caso entrar ahora en pormenorizar dónde y con qué intensidad según los tiempos. Más que entrar en ello, resulta conveniente dedicar algunas líneas a aclarar lo que más directamente interesa aquí, que es el sentido de lo ibérico. TEATRO GRIEGO El PARTENÓN DE FIDIAS DAMA DE BAZA TESORO DEL CARAMBOLO BODEGAS LECEA FOTOGRAFÍA DE IÑAKI PARA LA PORTADA Diseño de la portada Nombre del autor: Ignacio Ramón Echeburúa Estévez Nombre del autor en la portada: Ignacio R. Echeburúa Título la obra en cuestión: La prehistoria en España. Texto solapa portada (máximo 400 caracteres con espacios). Biografía del autor: Sólo voy a citar mis últimas publicaciones. En esta última órbita, se sitúa el libro titulado “El Griego y su Literatura Clásica”, que sacó a la calle la Editorial pc de Palma de Mallorca, en su sede de Barcelona. Le siguió un libro sobre “ASTRONOMÍA”, que editó en junio de 2022, la Editorial Autografía de Barcelona. Asimismo, los tres libros siguientes han sido publicados por la Editorial Autografía. En junio de 2023 vio la luz el libro titulado “Historia de la física”. Este libro tiene 282 páginas y forma parte de la colección Fondo de la editorial. Se puede adquirir en librerías online como Librería Oxford, Buscalibre y Agapea. En enero de 2024 salió a la calle el libro titulado “JOSÉ ORTEGA Y GASSET y la razón histórica”. Ortega nos dice que necesitamos una razón que sea capaz de describir los sentidos del mundo humano, que nos permita entender la realidad humana. A la razón pura le es imposible captar al hombre en su singularidad, en sus realizaciones históricas, la razón pura no nos sirve; la razón matematizante... Por otro lado, “Mis Relatos” es mi única obra de narrativa, la cual contiene tres relatos cortos, como son “¡Una boda que se las trae!”, “Aires de romería: El Rocío” y, para terminar, “Con faldas y ¡a lo loco!”. Fue puesta en la calle en marzo de 2025 por la mencionada Editorial Autografía, en la categoría de Ficción. Ya está en la editorial el libro titulado “Nuevos Relatos”, que saldrá a la calle en septiembre de este año y contendrá cinco narraciones, cuyos títulos son: a) El Gernika; b) EL suicidio de un filósofo; c) En una casa que no quiero recordar; d) San Juan de Gaztelugatxe, y e) Deporte Rural Vasco. Por último, quiero indicar que Ediciones Europa acaba de enviarme una propuesta editorial por la que se compromete a publicarme el título “Mis Cuentos”, que se integra por las narraciones siguientes: a) Leyendas y sagas de la mitología nórdica, b) Los vikingos y su mitología, y c) La vida desde los inicios, para los niños. Su correo electrónico es: editor3@grupoeditorialeuropa.es/ Sin embargo, tengo redactada mi primera novela, de la que no falta ni un detalle, que se titula “Una comunidad de Carmelitas descalzas”, incorporando este título sendas fotografías. Son sus dos personajes centrales Jorge y Luis Enrique, quienes con diálogos llenos de frescura y sinceridad nos abren las puertas del convento de Santa Teresa de San Sebastián. Dicha novela se encuentra en la bandeja de entrada, pero aún no tiene un destinatario concreto. Y, últimamente, se ha redactado otra novela, titulada El advenimiento de la ultraderecha, con una extensión parecida a la anterior. Texto de la contraportada (máximo 500 caracteres con espacios). Sinopsis: El ensayo presente se titula La prehistoria en España, por lo que va a estar dedicado a nuestra Prehistoria. En primer lugar, vamos a definir el término PREHISTORIA. Entonces, Prehistoria designa el período de la historia humana anterior a la aparición de la documentación escrita, así como la disciplina que se ocupa del estudio de la historia de ese período a través de los restos de cultura material y paleoambientales, es decir, de la arqueología y ciencias afines. La Prehistoria es por tanto la historia anterior a la invención de la escritura, así como la finalidad de la Prehistoria en cuanto disciplina es la misma que la de la historia: el estudio e interpretación de las sociedades y culturas del pasado. Se han estudiado las glaciaciones que tienen escasa incidencia en la Península Ibérica. Sólo son significativas las glaciaciones de Riss (300.000) y Wurm (80.000) que afecta a la zona de Pirineos, Macizo Cantábrico, norte del Sistema Ibérico, Sistema Central y Penibético. La delimitación de la Prehistoria en cuanto período histórico es variable en el tiempo y en el espacio. El límite inferior, que cada vez se retrotrae más, se encuentra en unos 2,5 millones de años en África oriental, pero en otras zonas es mucho más reciente; el poblamiento de América, por ejemplo, es de hace unos 30.000 años. El límite superior señala la aparición de la escritura en Oriente Próximo hacia el 3.200 a.C., pero en otras zonas es muy posterior, y llega a los siglos XVIII y XIX d.C. para algunas áreas del África negra y Siberia. Texto solapa contraportada (máximo 300 caracteres con espacios): Paleolítico viene del griego, antiguo y piedra, término acuñado por J. Lubbock en 1865 para subdividir la Edad de Piedra, que designa el uso de la piedra tallada, en contraposición a Neolítico, que indica la aparición de la piedra pulida. El Paleolítico es la fase más larga de la Prehistoria: abarca desde la aparición de los primeros representantes del género homo hace unos 2,5 millones de años hasta el final de la glaciación Würm y el cambio climático del Holoceno hace unos 10.000 años. La definición y subdivisión del Paleolítico en cuanto fase tecnotipológica en la periodización arqueológica de la Prehistoria se circunscribe al Viejo Mundo. Desde un punto de vista económico y social, el Paleolítico se caracteriza por una economía depredadora y las poblaciones de cazadores-recolectores. Algunos autores consideran que en los inicios del Paleolítico Superior (40.000-35.000 a.C.) se produjo un importante punto de inflexión que se asocia a cambios tecnológicos y aumento de la eficiencia en las industrias de lascas. Esta “revolución” del Paleolítico Superior se caracteriza por la aparición de prácticas de caza cooperativas, el incremento de la densidad de población y la aparición de la variabilidad cultural. Las divisiones culturales ya nno son estrictamente funcionales, sino que aparecen el estilo y el arte; la aparición de estilos locales en la fabricación de útiles implica la existencia de tradiciones diversificadas en la transmisión del saber. ¿Qué concepto –o conceptos- pretende transmitir en su Libro? La Edad de Piedra, desde los orígenes del hombre hasta la aparición del uso de metales, se subdivide en Paleolítico, Mesolítico y Neolítico. La identificación de edades de los metales concedía gran importancia a la metalurgia como factor desencadenante de transformaciones socioeconómicas, una idea que ha perdido crédito, por lo que el uso de metales tiende a ser considerado como un elemento e indicio más de los procesos y cambios culturales. En cambio, desde un punto de vista económico, se otorga gran importancia a las innovaciones y transformaciones en tecnología agraria. La Edad de Cobre o Calcolítico se aplica de manera genérica a culturas de Oriente Próximo y Europa (milenios IV y III a.C.). La Edad del Bronce se refiere a culturas del Próximo Oriente (3.200-1.100 a.C.) y de Europa (2.250-1.100 a.C.). La Edad del Hierro indica la generalización del uso del hierro en armas y herramientas. ¿Qué significa el título del Libro? Al estudiarse La prehistoria en España, se ha citado de forma obligada la cultura talayótica Balear y la cultura megalítica peninsular. La palabra menhir, que es bretona, indica una piedra larga, monolítica, clavada verticalmente en el suelo. Megalítico es lo relativo a la cultura megalítica, que se caracteriza arquitectónicamente por sus monumentos hechos con grandes piedras. ¿Cuál es el público principal al que va dirigido el Libro? Describa el libro en tres palabras: La expresión Edad del Hierro indica la generalización del uso del hierro en armas y herramientas. La expresión Edad del Hierro se utiliza para Europa, desde el siglo VII a.C., hasta la incorporación, en distintas épocas, al Imperio romano (por lo que en el Mediterráneo es contemporánea a las colonizaciones fenicia, griega y cartaginesa. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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