ENSAYO, La Prehistoria en España.
1.- CONCEPTO La Prehistoria abarca desde el origen del ser humano, hace unos cinco millones de años, hasta la aparición de la escritura, hace unos seis mil años. Durante este periodo de tiempo tiene lugar un proceso de hominización que culminará en los seres humanos actuales (Homo sapiens) y que conlleva una serie de adquisiciones fundamentales para los homínidos de carácter físico (bipedismo y capacidad de lenguaje) y culturales (fabricación de utensilios, descubrimiento del fuego, ritos funerarios y las manifestaciones artísticas). En la Prehistoria se distinguen tres etapas: - Paleolítico: va desde la aparición de los primeros homínidos hasta hace 10.000 años. Se divide en tres etapas: Paleolítico Inferior, Medio y Superior. Eran sociedades nómadas que se convirtieron en cazadoras-recolectoras, controlaron el fuego y fabricaron útiles de piedra tallada. - Neolítico: se extiende desde 10.000 hasta 4.000 años. Aparecen las sociedades estables con los primeros poblados en Oriente Medio, la agricultura, la ganadería y la fabricación de objetos cerámicos y textiles. Surge una nueva técnica para la factura de los útiles de piedra, el pulimento. - La Edad de los Metales: Subdividida por el metal dominante en tres periodos: Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro. Los metales comienzan a producirse desde hace 7.000 años, pero se intensifican desde hace 4.000. Aparecen la rueda, la vela y el arado. 2.- PALEOLÍTICO La evolución humana ha sido un largo proceso que se inició en África hace unos cinco millones de años, con los Australopithecus, que desembocan en el género Homo. Será el Homo ergaster el que hace un millón y medio de años saliera por primera vez de África, para extenderse por Próximo Oriente y Asia, donde evolucionaría al Homo erectus. En Europa los primeros homínidos aparecen hace aproximadamente un millón de años, extendidos por las zonas más meridionales del continente, entre ellas la Península Ibérica, ya que en las tierras del norte el frío intenso y la escasez de alimentos dificultaban la vida. 2.1.- PALEOLÍTICO INFERIOR En la Sierra de Atapuerca (cerca de Burgos aparecieron en 1994, en la Gran Dolina, 36 fragmentos óseos (piezas dentales fragmentos de cráneo, así como abundantes restos de la cara, huesos de manos y pies, vértebras...) de al menos seis individuos. Estos fósiles fueron datados en 780.000 años, convirtiéndose en los restos humanos más antiguos del continente europeo. Además, presentaban unos rasgos morfológicos tan novedosos que obligaron a los científicos de Atapuerca a dar un paso poco frecuente: la creación de un nuevo tipo humano: el Homo antecessor. En su análisis, la nueva especie nació en África evolucionando a raíz del Homo ergaster y de allí salió a Europa hace un millón de años. Sería, por tanto, la especie del primer africano que abandonó su continente y se internó en Europa, donde evolucionaría hacia el Homo neandertalensis y representa también a la población que dio origen a nuestra propia rama en el continente africano. Sería, por tanto, el origen de dos ramas paralelas: el Homo neandertal y el Homo sapiens. De ahí su nombre antecessor, cuya raíz latina deriva de la palabra que designaba a los exploradores o avanzados de las legiones romanas, "pionero", el que antecede a los demás. La cultura material de estas sociedades cazadoras-recolectoras del Paleolítico Inferior, inicialmente está representada por cantos trabajados de la pebble culture, que evoluciona hacia grandes útiles líticos tallados por las dos caras o bifaces. Otros yacimientos destacados en la Península Ibérica son Torralba y Ambrona, un cazadero de elefantes en la provincia de Soria, y las terrazas de los ríos Manzanares y Tajo. 2.2.- PALEOLÍTICO MEDIO Esta etapa se asocia en el continente europeo a los neandertales y a la cultura musteriense, que poblaron Europa y el Próximo Oriente entre los 100.000 y los 30.000 años. Aunque tradicionalmente se han considerado como una evolución del Homo erectus, los descubrimientos en la Esta etapa se asocia en el continente europeo a los neandertales y a la cultura musteriense, que poblaron Europa y el Próximo Oriente entre los 100.000 y los 30.000 años. Aunque tradicionalmente se han considerado como una evolución del Homo erectus, los descubrimientos en la Esta etapa se asocia en el continente europeo a los neandertales y a la cultura musteriense, que poblaron Europa y el Próximo Oriente entre los 100.000 y los 30.000 años. Aunque tradicionalmente se han considerado como una evolución del Homo erectus, los descubrimientos en la Sierra de Atapuerca le han colocado como descendiente del Homo antecessor, con un paso intermedio: el Homo heidelbergensis. Los neandertales deben su terminología al hallazgo de fósiles producido en 1856, en el valle del río alemán de Neander. La mayor parte de su presencia en Europa coincide con la glaciación Würm, por lo que presentan una gran adaptación a condiciones climáticas duras con una gran consistencia física. Eran también cazadores-recolectores pero con estrategias más avanzadas de caza que les permitían atrapar piezas mayores. Su cultura material, conocida como Musteriense se caracterizaba por una mayor diversidad y especialización de los utensilios, como los raspadores y raederas, así como el desarrollo de nuevas técnicas de talla (técnica Levallois de útiles sobre lasca). Parecen haber desarrollado creencias de tipo espiritual plasmadas en posibles enterramientos, como el de Cueva Morín (Santander). La Península Ibérica cuenta con numerosos restos, destacando los dos cráneos de Gibraltar (los primeros documentados de este tipo humano), y los fósiles de La Carihuela (Granada), Banyoles (Gerona), y Cova Negra (Játiva). Tradicionalmente se consideraba al neandertal como el escalón evolutivo previo al Homo sapiens, sin embargo, en la actualidad se cuestiona su adscripción a nuestra línea evolutiva, situándolos en una línea paralela extinguida. 2.3.- PALEOLÍTICO SUPERIOR Esta fase se desarrolla en Europa desde el 35.000 hasta el 8.000 a.C. y está asociada al Homo sapiens u Hombre de Cromagnon, término que proviene de un abrigo rocoso en Dordoña donde fueron descubiertos los primeros restos de Homo sapiens en 1968. Según las últimas teorías, el Homo sapiens no evoluciona a partir del Homo neandertalensis, sino que surge en África, en Herto (Etiopía) hace 160.000 años y desde allí emigra hacia el resto de los continentes. En Europa convivirá durante algún tiempo con los neandertales, quienes paulatinamente fueron reemplazados por el sapiens moderno, hasta su completa extinción. Para ella se proponen hipótesis tan pintorescas como la aniquilación completa a manos de los sapiens (genocidio), o la mezcla genética de unos y otros con supremacía de los sapiens. Aunque la más probable quizás sea la retirada progresiva de los neandertales frente a un grupo más ambicioso y numeroso que iría acaparando los mejores territorios de caza, provocando el aislamiento y la extinción del neandertal. El número de yacimientos del Homo sapiens es muy abundante lo que indica un aumento considerable de la población debido a una dieta más diversificada que incluía además de la caza y la recolección, la pesca y el marisqueo. Se constituían en grupos nómadas que ocupaban alternativamente zonas de caza con asentamientos estacionales junto a ríos y cuevas. Los animales dominantes en esta economía depredadora eran grandes herbívoros adaptados al clima frío de la última glaciación: bisontes, renos y uros. La industria lítica experimenta un proceso de mejora en las técnicas de fabricación, se diversifican los útiles, convirtiéndose en específicos para cada función y además comienzan a utilizarse materiales distintos a la piedra, como el marfil y el hueso. Características de la última fase del Paleolítico Superior, el Magdaleniense, son las manifestaciones artísticas: arte mobiliar y parietal. El arte mobiliar está representado por plaquetas de piedra con animales grabados, objetos como bastones de mando o propulsores y estatuillas femeninas o Venus, aunque de estas últimas no se han encontrado en España. El arte parietal o rupestre se concentra en el sur de Francia y la cornisa cantábrica española. Destacan las pinturas de las cuevas de El Castillo, Tito Bustillo y Altamira (Santillana del Mar). Las imágenes aparecen en lugares recónditos representando animales de especies diferentes (caballos, bisontes y ciervos, en su mayoría), sin componer escenas, sólo son figuras aisladas, a menudo superpuestas. Raramente aparecen imágenes humanas. Sorprende la representación naturalista de los animales, casi siempre en colores rojo y negro, aprovechando los entrantes y salientes de techos y paredes para dotar de volumen a las figuras, como en el caso de Altamira. Existen diferentes teorías para explicar el significado de estas obras, como que las imágenes eran símbolos que reflejaban su visión del mundo, pero la más difundida es la que considera estas obras como parte de un ritual mágico para propiciar la caza de los animales representados. 3.- NEOLÍTICO Hacia el 9.000 a.C. finaliza la última glaciación y se inicia la fase climática actual. Los hielos permanentes se retiran hacia el norte y el Mediterráneo se vuelve más cálido y seco. En estos momentos y hasta el 6.000 a.C. surge el periodo denominado Epipaleolítico o Mesolítico, que se caracteriza por la pervivencia de la economía depredadora paleolítica, pero con una cierta presión demográfica al desaparecer los grandes herbívoros de clima frío. La forma de vida cazadora resulta cada vez más difícil para una población en aumento. Los objetos líticos sufren un proceso de microlitización con el fin de adaptarse a los nuevos recursos disponibles: caza menor, pesca… Surge el Neolítico con el crecimiento de la población y la disminución de la caza, que obligan a pasar de una economía depredadora a una de producción, basada en la agricultura y la domesticación de animales y con ellas la tendencia a la sedentarización. Este proceso, denominado Revolución neolítica por V. Gordon Childe, se origina en el Próximo Oriente y desde allí se extiende por el Mediterráneo, llegando a la Península Ibérica hacia el 5.000 a.C a las zonas del sur y del levante. Los primeros cultivos eran de trigo y cebada, mientras que los primeros animales domesticados fueron el perro, la oveja, la cabra y la vaca. Se suceden las novedades técnicas, como el desarrollo de la pulimentación de la piedra y nuevos útiles líticos: azadas, hachas y molinos de mano. Pero sobre todo destaca la aparición de la cerámica a mano, esencial para el transporte, almacenaje y cocción de los alimentos. Los grupos humanos se hicieron sedentarios, por lo que se agrupó en comunidades, que formaron poblados, dando lugar a las primeras ciudades, siendo Jericó la más antigua. La sedentarización y el control de los excedentes alimentarios hicieron que los grupos fueran adquiriendo una complejidad creciente, apareciendo la división social del trabajo (jefes, guerreros, agricultores) y diferencias de riqueza y poder. El Neolítico peninsular tiene tres fases: la Cultura de la cerámica cardial en Levante y Andalucía, la Cultura de los sepulcros de fosa en Cataluña y la Cultura de Almería. Desde el Mesolítico hasta la Edad del Bronce, con un periodo de apogeo en el Neolítico, se desarrolla una nueva forma de decoración pictórica en las paredes de los abrigos rocosos, el arte rupestre levantino. Se caracteriza por la estilización y esquematización de las figuras, la presencia de representaciones humanas, el desarrollo de escenas caza, recolección, guerra o danza, la monocromía de las imágenes con colores como el rojo, el negro y el blanco y la aparición de animales pertenecientes a la fauna actual. Destacan las pinturas de los abrigos de Cogull, Valltorta y Alpera. 4.- EDAD DE LOS METALES El uso de los metales supone un avance decisivo en el desarrollo cultural, a partir del 2.500 a.C. cuando la población de la Península Ibérica comenzó a utilizar la metalurgia, que se orientó a la fabricación de armas para alcanzar la supremacía militar y después se elaboraron objetos de adorno e instrumentos de trabajo. El Edad de los Metales se divide en tres periodos: - Edad del Cobre o Calcolítico: aún conviven útiles líticos con los primeros objetos de cobre. - Edad del Bronce: el bronce es una aleación de cobre y estaño, de mayor dureza que el cobre. - Edad del Hierro: el hierro es un material más resistente y abundante, pero requiere una tecnología mucho más avanzada. 4.1.- CALCOLÍTICO El Calcolítico se extiende entre 2.500 y 1.700 a.C. La localización de minas de cobre en el sureste peninsular explica el origen en dicha zona de la primera cultura que utiliza este metal en España, la Cultura de los Millares (Almería). Atraídos por la riqueza minera habían llegado, desde el Oriente Próximo, buscadores de metal (prospectores) que trajeron los primeros indicios de vida urbana y favorecieron el desarrollo de esta cultura. En el poblado de Millares destacan las imponentes murallas y las obras de fortificación, así como las viviendas circulares y las tumbas colectivas de cámara y corredor de acceso, además del desarrollo de una agricultura avanzada mediante el regadío. También a este periodo corresponde la Cultura del Vaso Campaniforme, que recibe este nombre por el uso de recipientes cerámicos que tienen forma de campana invertida. Además de esta cerámica son característicos una serie de elementos metálicos que se repiten en los ajuares de las tumbas, como los puñales de lengüeta y puntas de tipo Palmella, que demuestran la existencia de unas élites sociales diferenciadas por su riqueza. Este tipo cerámico se difunde por toda Europa y en la Península destaca el yacimiento de Ciempozuelos en Madrid. En esta época se desarrolla un fenómeno cultural que ya había comenzado en el Neolítico, la aparición de los monumentos megalíticos surgidos en la Europa atlántica. Destacan los dólmenes o sepulcros colectivos construidos con piedras de gran tamaño cubiertas por losas horizontales. Al exterior el conjunto se recubría de tierra formando un túmulo o colina artificial. Los principales dólmenes se encuentran en el sur, como el Menga (Antequera), el Romeral (Málaga). Otros megalitos son los menhires o enormes piedras monolíticas situadas verticalmente en el suelo y los cromlech o círculos de piedras de discutida finalidad, como la de los menhires. Hacia el 2.000 se desarrolla en las Islas Baleares la Cultura Talayótica con grandes obras ciclópeas como los talayots o torres defensivas, las taulas o altares de sacrificio y las navetas, edificios rectangulares que servían de enterramiento colectivo. 4.2.-EDAD DEL BRONCE La Edad del Bronce en la Península Ibérica transcurre entre el 1.700 y el 750 a.C. Será en las zonas del sur peninsular donde encontremos la principal cultura del Bronce Pleno: la Cultura de El Argar (Almería). Se caracteriza por ser una sociedad dedicada a la agricultura y a la ganadería y en menor medida a la explotación de la metal. Se acentúa la diferenciación social con las sociedades de jefatura, hecho que se refleja en la riqueza de los enterramientos. Se abandonan las tumbas colectivas y aparecen los sepulcros individuales en cista o caja de piedra y en tinaja. 4.3.- EDAD DEL HIERRO El periodo que transcurre desde el 800 al comienzo de la conquista romana en el 218 a.C. se denomina Edad del Hierro, fase que se mezcla en la Península Ibérica con la etapa de las colonizaciones de pueblos mediterráneos: fenicios, griegos y cartagineses. En esta época conviven rasgos autóctonos de las culturas nativas con la influencia cultural exterior, que produce una diferenciación entre los pueblos mediterráneos, más avanzados, y las culturas del interior. La Edad del Hierro trae, además, una serie de novedades importantes como la introducción del uso del hierro, la utilización del torno de alfarero para la fabricación cerámica que produce la estandarización de las piezas, la aparición de los primeros textos escritos en lengua íbera, aún sin descifrar, que hacen que esta etapa se conozca también con el término de Protohistoria. Además aparecen los primeros textos que hablan de la Península Ibérica, como la Biblia, en la que se hace referencia al reino de Tartessos o los textos griegos, que nos permiten conocer el nombre de los pueblos prerromanos que habitaban el territorio. 4.3.1.- TARTESSOS Tartessos es el primer estado de la Península Ibérica del que existe constancia histórica. Se trata de un reino situado aproximadamente en la Andalucía occidental, con el eje central en el Valle del Guadalquivir, dominando los enclaves mineros de Río Tinto y Sierra Morena, con su capital situada en un lugar impreciso, que pudiera corresponder con Huelva. Las fuentes literarias se hacen eco de las riquezas y el poderío de Tartessos, como la Biblia que habla de las naves de Tarsis o las fuentes griegas que mencionan el nombre de los reyes Gerión y Argantonio. Parece que alcanzaron cierto esplendor, primero, a través de la economía ganadera y agrícola, y más tarde, con la explotación de las minas. Su momento de máximo desarrollo (siglos IX a VII a.C.) coincide con la etapa en la que los fenicios se asentaron en factorías costeras para adquirir los metales a cambio de productos elaborados para la élite tartésica. Uno de los signos del esplendor de Tartessos fue la magnífica orfebrería, en parte debida a las técnicas importadas por los fenicios, como lo demuestran los tesoros hallados en La Aliseda (Cáceres) y El Carambolo (Sevilla). A partir del siglo VI a.C. Tartessos entra en decadencia, 4.3.2.- PUEBLOS PRERROMANOS En los momentos previos a la conquista romana existen en la Península Ibérica una serie de pueblos de los cuales conocemos su existencia gracias a las fuentes escritas. Estos pueblos se agrupan en dos zonas claramente diferenciadas con predominio íbero en la costa este y meridional de la Península y céltico en el resto del territorio. A.- LOS ÍBEROS La cultura ibérica se extendió por todo el área levantina y el sur peninsular. Eran pueblos autóctonos que recibieron el influjo de los colonizadores fenicios y griegos y estaban plenamente desarrollados hacia el siglo V a.C., perdurando hasta la romanización, a partir del 218 a.C., truncando su desarrollo con el dominio externo. Los nombres de las tribus ibéricas aparecen citados en las fuentes clásicas y reciben denominaciones como: Turdetanos, Ilergetes, Edetanos… Se trataba de un mosaico de pueblos rivales entre sí, con poblados en cerros, dotados de sólidos sistemas de defensa, como los de Azaila y Ullastret. Las casas eran de planta cuadrada o rectangular, distribuidas de forma irregular, con calles estrechas y tortuosas. En las afueras de los poblados se encontraban las necrópolis, donde los difuntos, tras ser incinerados, eran depositados en urnas rodeadas de un ajuar funerario que variaba según la riqueza, donde destacan las armas, como la espada ibérica o falcata. Dos recipientes funerarios destacados son las esculturas de la Dama de Elche y la Dama de Baza, ambas con una cavidad posterior para depositar las cenizas. Su economía se basaba en la agricultura y la ganadería aunque también en el comercio, con productos artesanos y minerales que intercambiaban con comerciantes extranjeros. Por influencia fenicia o griega tenían un sistema monetario y acuñaban moneda propia. Su organización política era ya de tipo estatal, con Estados formados por una o varias ciudades con un sistema de gobierno monárquico, bajo el gobierno de los régulos. Culturalmente eran pueblos avanzados, con lengua y escritura propia en caracteres ibéricos. B.- PUEBLOS CÉLTICOS Los pueblos célticos ocupaban el área centro, norte y oeste peninsular. Se trata de poblaciones indoeuropeas celtas procedentes de Centroeuropa con aportaciones importantes como la metalurgia del hierro, la cerámica a torno y la incineración. En la zona del valle del Ebro, en ambas mesetas y en el norte encontramos pueblos como los astures, vacceos, lusitanos, vettones y las tribus del área celtibérica (arévacos y pelendones) que conocemos por las fuentes escritas y con diferentes grados de desarrollo entre sí. Ocupaban poblados en alto, bien fortificados que reciben el nombre de castros, como los de Cogotas, Santa Tecla o Coaña, con viviendas rectangulares o circulares, como en el caso de la Cultura de Castros gallega. Las necrópolis son de incineración, con urnas rodeadas de armas, como las espadas de antenas en las tumbas de los guerreros. Este rito de cremación ya existía en el noreste de la Península Ibérica, con la Cultura de los campos de urnas, cuyos primeros ejemplares los encontramos en la primera Edad del Hierro. La economía céltica era preferentemente ganadera, aunque las tierras del Duero de la tribu de los vacceos fueron un núcleo cerealista muy importante. El comercio era escaso y el uso de la moneda casi desconocido. Todos estos pueblos estaban organizados en tribus y clanes basados en grupos de parentesco. Su organización política era de tipo preestatal con jefes que basaban su poder en el prestigio personal y grupos entre los que no existían grandes desigualdades de riqueza. Las manifestaciones artísticas de estos pueblos son muy pobres, limitándose a decoraciones cerámicas esquemáticas y a un importante grupo de esculturas toscamente esculpidas en granito que representan cerdos, toros y jabalíes, denominadas genéricamente verracos y que se encuentran diseminadas por las provincias de Ávila, Salamanca y Cáceres. 4.3.3.- LAS COLONIZACIONES Esta etapa se extiende a lo largo del primer milenio a.C., cuando la Península se incluye definitivamente en los circuitos comerciales del Mediterráneo. Las colonizaciones se limitaron a asentamientos muy escasos y efímeros. Los pueblos que las emprendieron, fenicios, griegos y cartagineses, tuvieron más empeño en comerciar y asegurarse el control de las riquezas mineras para sus metrópolis, que de realizar poblados estables en el territorio peninsular. A.- FENICIOS Los fenicios eran un pueblo de expertos navegantes y comerciantes, venidos del Próximo Oriente, de las ciudades de Tiro y Sidón, en el actual Líbano. Su colonización fue exclusivamente comercial y para asegurarse los puntos estratégicos de la ruta de los metales, establecieron factorías en las costas del sur de la Península Ibérica. La más importante fue Gadir (Cádiz), fundada en 1100 a.C., por lo que probablemente sería la ciudad más antigua de España. Otras factorías se asentaron en Malaka (Málaga), Sexi (Almuñecar) y Abdera (Adra). Los fenicios llegaron atraídos por la fama de las riquezas mineras del reino de Tartessos, pero no se ocuparon directamente de la explotación de las minas, sino que monopolizaron la distribución y el comercio de los metales (oro, plata, cobre y estaño). Las factorías serían lugares de comercio encargados de traficar con los centros de producción metalúrgica del interior. Al comerciar con los pueblos indígenas les transmitieron el alfabeto fenicio, el sistema decimal, nuevos cultivos como la vid y el olivo, nuevos sistemas de construcción de ciudades, explotación de salinas, técnicas para la conservación del pesado en salazón y nuevos métodos para el trabajo artesanal de los metales preciosos.. B. GRIEGOS En su deseo de acercarse al comercio de los metales y siguiendo la ruta de las islas del Mediterráneo occidental, los focenses (marineros comerciantes griegos que procedían de la ciudad jonia de Focea, en la actual Turquía) fundan Massalia (Marsella) en la costa sur de Francia, lo que constituyó el punto de partida para el establecimiento de colonias en la costa mediterránea española a partir de los siglos VIII y VII a.C. De la mayoría de las colonias griegas citadas en los textos no existen restos arqueológicos. Posiblemente fueron enclaves iberos o fenicios usados por los griegos para pernoctar y comerciar con los indígenas, y a los que acabaron por dar sus propios nombres griegos. Está probada la fundación griega en las colonias de Rhode (Rosas) y Emporion (Ampurias), mientras que las referencias a otras fundaciones como Hemeroskopeion (¿Denia?), Mainake (¿Vélez Málaga?) y Akra Leuke (¿Alicante?) carecen de confirmación arqueológica. Emporiom fundada por colonos de la ciudad de Massalia en el 600 a.C., se convirtió rápidamente en una próspera colonia, cabecera de intercambios con el interior: los griegos traían cerámicas de lujo, perfumes, vino y aceite y a cambio exportaban metales, sal, esparto y lino. Las colonias griegas del Mediterráneo pretendían ser establecimientos definitivos, por lo que crearon su propia industria, moneda y cultivaron los campos, imitando la forma de vida y cultu cultura griegas en las nuevas colonias. La influencia griega fue muy importante en las poblaciones iberas mediterráneas, entre las cuales difundieron su alfabeto, sus producciones cerámicas, su industria artesanal, su religión y su arte. C. CARTAGINESES El apogeo de la presencia púnica en la Península abarca los siglos VI y III a.C. Esta primera fase de la colonización cartaginesa es heredera de la fenicia, tras la caída de su capital, Tiro, cuando Cartago, colonia fenicia se hace cargo del comercio colonial mediterráneo. Por tanto, sustituyeron a los fenicios y se instalaron en sus factorías comerciales desde las que controlaban los productos del interior, sobre todo las minas de Cástulo (Linares). A esta fase le sigue una segunda (a fines del siglo III a.C.) de carácter militar, que condujo a la ocupación del sur y del sudeste de la península, causa quizás de la desaparición del reino de Tartessos. Los roces por el control del Mediterráneo, que surgieron con otro estado que estaba en crecimiento y expansión: Roma, provocan este cambio de orientación en la política cartaginesa. Los cartagineses intervinieron directamente en la península creando Cartago Nova (Cartagena) e iniciaron una sistemática explotación de las minas de Sierra Morena, el Moncayo y Almadén. Sus ejércitos se nutrieron de tropas mercenarias, reclutadas entre los indígenas peninsulares. BIBLIOGRAFÍA BÁSICA 1.- Manuales V. Fernández, Prehistoria. El largo camino de la humanidad, AE, Madrid, 2007. J. 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