ENSAYO DE HISTORIA, Julio César y Cleopatra.
Julio César La transición de la República al Imperio Romano tuvo como principal protagonista a una de las figuras más célebres de la Antigüedad, cuya fama ha perdurado hasta nuestros días: Julio César (100-44 a.C.). Excepcionalmente dotado como estratega, político, orador y prosista, su carrera política y militar lo llevaría, tras dirigir la victoriosa campaña de las Galias y derrotar a Pompeyo en la guerra civil (49-46), a imponerse sobre las debilitadas instituciones republicanas y a hacerse con el control absoluto del poder, desde el que se propuso acometer reformas que posibilitasen mantener la creciente influencia de Roma sobre el Mediterráneo. El complot que terminó con su vida dos años después le impidió ver realizados sus proyectos; sin embargo, aquel a quien había designado como su sucesor, Octavio Augusto, acabaría por convertirse en el primer emperador romano. El gran estadista romano Julio César destacó, entre otras facetas, como brillante estratega militar. En ese aspecto sobresalen sus campañas de las Galias, territorio que conquistó para Roma, y, casi de inmediato, su victoria sobre Pompeyo en la guerra civil, contra cuyas tropas hubo de combatir por casi todo el Mediterráneo hasta lograr el triunfo definitivo. De tales hechos dio cumplida cuenta en los siete libros que componen los Comentarios a la Guerra de las Galias y en los tres de los Comentarios a la Guerra Civil, obras ciertamente no exentas de parcialidad, pero en las que se reveló además como un elegante escritor de estilo vivo y directo. César llegó a Egipto acompañado por dos legiones, la décima y la duodécima; en total, unos seis mil hombres. Tras acomodar a sus hombres en el palacio real, se dispuso a poner orden en la difícil situación interna del país del Nilo, dividido por el enfrentamiento entre los dos hermanos y esposos reinantes, Ptolomeo XIII y Cleopatra VII. César y Cleopatra mantuvieron una intensa y famosa relación amorosa que daría como fruto un hijo: Cesarión. César dio el trono a Cleopatra (47 a.C.), lo que, unido a la presencia de las tropas romanas en el palacio de los faraones y a la deposición de Ptolomeo XIII, hizo que el pueblo, dirigido por los consejeros fieles al rey, se amotinase y tratase de tomar el palacio. Durante cuatro meses, César resistió atrincherado en el palacio frente a los sesenta mil hombres del egipcio Aquiles. Finalmente, cuando llegaron los refuerzos dirigidos por Mitridates de Pérgamo, César protagonizó una de sus geniales acciones militares y logró atravesar el cerco egipcio para reunirse con Mitridates, tras lo cual las fuerzas combinadas de ambos destrozaron a las tropas egipcias en una sangrienta batalla en la que falleció Ptolomeo XIII. Cleopatra se trasladó después a Roma, donde vivió hasta la muerte del dictador. Aquella guerra entre romanos no había terminado aún. César desempeñaba su tercer consulado cuando tuvo que volver a luchar contra las fuerzas senatoriales en Tapso, en abril del 46, y contra las últimas fuerzas de los hijos de Pompeyo en Manda, en marzo del 45, cuando ya era cónsul por cuarta vez. En términos guerreros no quedaba prácticamente nada por hacer. Incluso en medio de la guerra civil, en el 47, había derrotado definitivamente a Farnaces, el eterno enemigo rey del Ponto. Cinco días después de llegar, le presentó batalla y en unas cuantas horas devastó las tropas enemigas. Inmediatamente cursó al Senado romano una célebre y lacónica relación de los hechos: veni, vidi, vici, (llegué, vi, vencí). Jamás fue derrotado personalmente en ningún combate que entablase, aunque sí lo fueran sus generales. Julio César fue el gran protagonista del último periodo de la historia de la Roma republicana. Espléndido orador y escritor brillante, destacó sobre todo como insigne general y político, genial, ambicioso, generoso, impulsivo y, al mismo tiempo, resuelto y sutil. Poseedor de una vasta y refinada cultura y de una memoria excepcional, conoció tan bien las doctrinas de los filósofos de la política como la historia de los grandes imperios orientales y sintió asimismo afición a los problemas lingüísticos y gramaticales. Siendo Julio César aún muy joven, Sila reconoció en él "la madera de muchos Mario". En realidad, fue hasta cierto punto el heredero y continuador de la actividad desplegada por aquel antiguo jefe político, tío suyo, como ocurrió con Pompeyo respecto de Sila: también César se apoyó en el pueblo y fundó en el propio prestigio militar la lucha contra la facción senatorial, que procuró siempre debilitar. La vida de Julio César tuvo todos los ingredientes para convertirlo en una figura mítica. Hábil estratega y valeroso militar, no solamente amplió los dominios de Roma; fue también un político sagaz, cuyas medidas populistas le granjearon el afecto de grandes estratos de la población, y destacó incluso como elegante prosista en obras como La guerra de las Galias, que se cuentan entre las más logradas del latín clásico. Las conquistas de César extendieron por el área mediterránea la adopción de costumbres y modelos latinos, y las medidas que adoptó como jefe del Estado romano (entre las que se incluían reformas en la legislación agraria y en el calendario) impulsaron cambios irreversibles en el viejo continente. Julio César y Cleopatra VII de Egipto Introducción El romance del general romano Julio César con la reina egipcia Cleopatra VII es, sin duda alguna, uno de los más famosos no solo de la Antigüedad, sino de toda la historia. No en vano, en aquella época él era el hombre más relevante de la antigua Roma y ella era la mujer más poderosa del antiguo Egipto, por lo que su relación no dejó indiferente a nadie. Así se ha reflejado a lo largo de los siglos en multitud de libros, películas, obras de teatro, óperas, ballets y hasta disfraces de carnaval y halloween. Por todo ello, seguidamente vamos a ver un breve resumen de la historia real de la relación de César y Cleopatra para distinguir lo real e histórico de lo legendario y hollywoodiense. El inicio de la relación de Julio César y Cleopatra Cuando Julio César y Cleopatra se conocieron, en el 48 a.C., él tenía 52 años y ella solo 20. A pesar de su juventud, la reina sobresalía ya por su gran inteligencia, astucia, sofisticación y formación de tradición griega. Era políglota, se interesaba por los cultos de Egipto y se le atribuye la autoría de obras de un amplio abanico de temas, desde la cosmética y la peluquería hasta temas científicos y filosóficos. Cabe destacar, además, que es probable que ella hubiera estado en Roma durante su infancia, acompañando a su padre, el rey Ptolomeo XII, en uno de sus viajes de exilio. Sin embargo, no habría conocido a César en aquel entonces, pues este se encontraba en la Galia. Por su parte, no tenemos ninguna prueba que afirme que el propio César hubiera estado alguna vez en Egipto, antes del 48 a.C. El inicio de su relación se produjo en el contexto de una doble guerra civil: la romana entre Julio César y Pompeyo Magno y la egipcia entre Cleopatra VII y su hermano Ptolomeo XIII. Por eso, una de las primeras acciones del general romano cuando se instaló en Alejandría fue convocar ante su presencia a los dos hermanos para invitarles a compartir pacíficamente el trono, según los deseos de su padre. A la hora de conseguir el apoyo del líder romano, Ptolomeo XIII partía teóricamente de una situación más favorable, al ser el artífice de la muerte de Pompeyo y contar con el apoyo de la ciudad de Alejandría. No obstante, la estratega Cleopatra supo cómo voltear la situación a su favor. Al recibir la convocatoria en su exilio en la franja siropalestina, abandonó a sus tropas y partió rápidamente y en secreto hacia Alejandría. Primero, un sirviente la llevó en un pequeño barco de remos, y una vez en la ciudad, la escondió en una bolsa de lavandería para introducirla al anochecer en el palacio donde se alojaba César. Ya en sus habitaciones privadas, el líder romano habría quedado complacido con la sorpresa surgida de la bolsa. De esta manera, cuando Ptolomeo XIII llegó a la residencia real para su entrevista con el popular César, éste ya había sido convencido por la joven para que apoyara su causa. Así, mientras que el testamento de Ptolomeo XII volvía a ser respetado y se reinstauraba un reinado conjunto de ambos hermanos en Egipto, César y Cleopatra ya eran amantes. El romance de César y Cleopatra Tras el final de la guerra de Alejandría, Julio César se quedó casi tres meses más en Egipto con el objetivo de estabilizar la región. Durante ese tiempo, Cleopatra y él hicieron un crucero por el río Nilo en una lujosa barcaza real a la que acompañaban, según algunos autores, hasta 400 barcos. Es posible que su objetivo fuera desfilar por todo el país, presumiendo de su victoria y alardeando de lo bien que se llevaban sus países, pero no se puede negar que también había un componente romántico. César llevaba más de una década de campaña en campaña, y desde que había cruzado el Rubincón no había podido disfrutar de ningún periodo de descanso. Visto así, parecería lógico pensar que hasta al hombre más poderoso de Roma le había tentado la posibilidad de pasar un tiempo de reposo disfrutando de la compañía de la joven, enérgica e ingeniosa Cleopatra. Si dejamos al margen interpretaciones románticas más propias de Hollywood, lo cierto es que no tenemos motivos de peso para pensar que no estuvieran auténticamente enamorados. Para César eso no significaba que sintiera una obligación de ser fiel a la esposa egipcia, ya que, para empezar, en ese momento estaba casado con su tercera esposa, Calpurnia. Por su parte, Cleopatra podría haberse enamorado del romano, de Julio César, a pesar de su gran diferencia de edad, por su espectacular carisma, encanto personal y forma de ejercer el poder. César y Cleopatra se sitúan en Roma En otoño del 46 a.C., Cleopatra, su familia y parte de la corte egipcia se trasladaron a vivir a Roma, a una de las villas que César poseía en la orilla exterior del río Tíber. Allí se quedarían más de un año, hasta el asesinato de Julio César en marzo del 44 a.C. No se conoce el motivo de la visita, pero lo más probable es que, simplemente, quisieran pasar más tiempo juntos. Una prueba del afecto que sentía el líder romano, Julio César, por la reina egipcia es que, en el templo de Venus Genetrix, en pleno centro del foro romano de César, ordenó que se esculpiera una estatua de oro de Cleopatra para ubicarla junto a la de la diosa. A lo largo de su estancia en Roma, Cleopatra nunca dejó de ser el epicentro de las habladurías de la gente. La mayoría la criticaba, ya que César seguía casado con la honorable Calpurnia, pero también había quienes acudían a visitarla con regalos, quizás pensando que podrían obtener favores de César adulando a su amante. Incluso, el famoso orador Marco Tulio Cicerón fue a verla, aunque en sus escritos se quejó de lo arrogante y odiosa que era. Cesarión, el hijo de Julio César y Cleopatra A finales del 46 a.C. nació Cesarión, el hijo de César y Cleopatra. Al ser hijo del romano más poderoso y de una reina egipcia, el niño parecía estar destinado a grandes hazañas. Además, era el único hijo biológico que había tenido César, por lo que era previsible que fuera su heredero. Sin embargo, cualquier proyecto de vida que pudiera tener se frustró cuando su padre fue asesinado. Como fruto de una reina oriental detestada, jamás habría sido aceptado en la aristocracia romana, y menos aun como sustituto de su padre. Más allá de esto, hay otro factor importante que sentenció el destino de Cesarión. En su testamento, Julio César no solo no lo nombró heredero, sino que ni siquiera lo reconoció como hijo legítimo. En medio de todo el desconcierto, y comprendiendo que sus vidas corrían peligro, Cleopatra abandonó rápidamente la ciudad para volver a Egipto. Ya en Alejandría, la reina supuestamente se encargó de matar a su hermano y corregente, Ptolomeo XIV, para poner en el trono a su hijo con el nombre de Ptolomeo XV. Finalmente, en el año 30 a.C., tras la conquista romana de Egipto y el suicidio de su madre, un adolescente Cesarión fue atrapado y ejecutado. Ptolomeo XV Cesarión (47-30 a.C.) fue el último rey lágida de Egipto (44-30 a.C.). Hijo de César y de Cleopatra VII, fue asociado al trono por su madre. Después de la batalla de Accio (30 a.C.), Octavio Augusto le hizo asesinar y convirtió Egipto en una provincia romana. Su madre, Cleopatra VII, tuvo un trágico final que marcaría el destino de Egipto. Se dejó morder por un áspid, una víbora muy venenosa que apenas se diferencia de la culebra común más que en tener las escamas de la cabeza iguales a las del resto del cuerpo. Cleopatra VII de Egipto Yo, como buen historiador, elijo como personaje predilecto a Cleopatra de Egipto, personaje que podría ser interpretado, por ejemplo, por Nekane o por Laura. En principio, voy a dibujar, en la medida de lo posible, la personalidad de este personaje histórico. Se trata de uno de los mayores mitos eróticos y sexuales de la historia. A quien conocemos como Cleopatra de Egipto es en realidad Cleopatra VII, ya que no fue la primera en portar ese nombre. Fue la última faraona del Oriente Fértil. Su personalidad fue “particularmente cruel”, tanto en su medio familiar, como dinástico, ya que no se lo pensó dos veces para eliminar a muchos de sus competidores al trono. Esta faceta agresiva por parte de Cleopatra quizás mitifique aún más su figura sexual. La mitificación de Cleopatra no es sólo cosa de los tiempos modernos. Ya en la Época Antigua era considerada una diosa sexual. Su feliz personalidad dejaba en la mente un aguijón que penetraba en todos. Su belleza considerada en sí misma no era tan incomparable para provocar asombro o admiración, pero su buen trato era tal que la hacía irresistible. Se habló de Cleopatra como una mujer inteligente de cabeza fría, que se ganó a los hombres más poderosos del Imperio romano, concretamente a Marco Antonio y a Julio César, teniendo de este último un hijo llamado Cesarión. Era una mujer rodeada, no de 100 hombres a quien practicar sexo oral, sino de ejércitos enteros. Cleopatra tuvo que aprender las artes de la política y también de la seducción, que son a veces casi más importantes. Fue frenética , ya que cautivó a los hombres más poderosos de la época. Cleopatra era capaz de volver loco a cualquier romano y una víbora, sin olvidar que fue un fetiche sexual. Fue la reina más seductora de Egipto. Hay que mencionar la fuerte personalidad de Cleopatra, que ha conseguido que su corte de pelo y su estilo dorado sean identificados directamente con ella para toda la posteridad. También hay que resaltar la faceta política de la reina más sensual de Oriente. Cleopatra fue una dirigente dinámica, que llevó a cabo una intensa actividad legislativa, con la que pretendió aplacar los escándalos de corrupción, e, incluso, flexibilizó las leyes religiosas para beneficiar a sus ciudadanos. Cleopatra sabía cuidarse; era una mujer que recurría a todos los aceites e instrumentos a su alcance para mantenerse guapa. Como atributo más notorio destaca su nariz respingona e irresistible, que es muy importante en las relaciones amorosas, y fue lo que cautivó a Julio César y a Marco Antonio. Ha contribuido a dibujar el mito, sin duda, la película de Hollywood… pero también la obra de William Shakespeare, titulada “Antonio y Cleopatra”. La película “Cleopatra” nos entrega a una mujer pequeñita, como Liz Taylor, con esos ojos indescriptibles. Dirigida por Mankiewicz en 1963, fue protagonizada por Elizabeth Taylor. El “complejo de Cleopatra” hace referencia a la mujer enérgica y apasionada; de apariencia cuidada y con un intelecto cultivado, es un tipo de mujer versátil, dinámica y altamente competitiva. Así como la reina egipcia, la política y los puestos de poder en la sociedad, le atraen pues atienden a su necesidad de ser distinguida por encima de los demás, lo cual corresponde a las características de las mujeres con trastorno narcisista de la personalidad. De la biografía de Cleopatra sólo destacaremos los siguientes datos: Hija de Ptolomeo XII, Cleopatra fue casada con su propio hermano Ptolomeo XIII, con quien heredó el trono en el año 51 a. C. Pronto estallaron los conflictos entre los dos hermanos y esposos, que llevaron al destronamiento de Cleopatra. Sin embargo, su suerte cambió al llegar hasta Egipto las luchas civiles de Roma: persiguiendo a su enemigo Pompeyo, Julio César fue a Egipto y tomó partido por Cleopatra en el conflicto con su hermano. Durante la llamada «Guerra Alejandrina» (48-47 a. C.) murieron tanto Pompeyo como Ptolomeo XIII y tuvo lugar el incendio de la legendaria Biblioteca de Alejandría, que se perdió para siempre. Cleopatra fue repuesta en el trono por Julio César, que se había convertido en su amante (46 a. C.); y contrajo matrimonio de nuevo con su otro hermano, Ptolomeo XIV, a quien manejó a su antojo. Cleopatra trató de utilizar su influencia sobre César para restablecer la hegemonía de Egipto en el Mediterráneo oriental como aliada de Roma; el nacimiento de un hijo de ambos (Ptolomeo XV o Cesarión) parecía reforzar esa posibilidad. Tras el asesinato de Julio César en el 44 a. C., Cleopatra intentó repetir la maniobra seduciendo a su inmediato sucesor, el cónsul Marco Antonio, que por aquel entonces luchaba con Octavio Augusto por el poder (36 a. C.). Cleopatra y Antonio impusieron su fuerza en Oriente creando un nuevo reino helenístico capaz de conquistar Armenia en el 34. Entonces estalló la «Guerra Ptolemaica» (32-30 a. C.), por la que Augusto llevó hasta Egipto su lucha contra Antonio. El enfrentamiento definitivo tuvo lugar en la batalla naval de Actium (31), en la que la flota de Antonio fue derrotada fácilmente al abandonarle los egipcios. Marco Antonio consiguió huir y refugiarse con Cleopatra en Alejandría; cuando las tropas de Octavio Augusto tomaron la ciudad, Antonio se suicidó. Cleopatra intentaría aún, por tercera vez, seducir al guerrero romano -en esta ocasión, Octavio Augusto- para salvar la vida y el trono; pero Augusto se mostró insensible a sus encantos y decidió llevarla a Roma como botín de guerra. Ante tal perspectiva, Cleopatra se suicidó por el procedimiento ritual egipcio de hacerse morder por un áspid. Augusto aprovechó la circunstancia para asesinar también a su hijo Cesarión, extinguiendo así la dinastía ptolemaica y anexionando Egipto al Imperio Romano. Cleopatra fue un personaje histórico, que se presta muy bien a su representación en la actualidad, como de hecho así ha sido. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- La personalidad de Julio César La transición de la República al Imperio Romano tuvo como principal protagonista a una de las figuras más célebres de la Antigüedad, cuya fama ha perdurado hasta nuestros días: Julio César (100-44 a.C.). Excepcionalmente dotado como estratega, político, orador y prosista, su carrera política y militar lo llevaría, tras dirigir la victoriosa campaña de las Galias y derrotar a Pompeyo en la guerra civil (49-46), a imponerse sobre las debilitadas instituciones republicanas y a hacerse con el control absoluto del poder, desde el que se propuso acometer reformas que posibilitasen mantener la creciente influencia de Roma sobre el Mediterráneo. El complot que terminó con su vida dos años después le impidió ver realizados sus proyectos; sin embargo, aquel a quien había designado como su sucesor, Octavio Augusto, acabaría por convertirse en el primer emperador romano. César en Egipto César llegó a Egipto acompañado por dos legiones, la décima y la duodécima; en total, unos seis mil hombres. Tras acomodar a sus hombres en el palacio real, se dispuso a poner orden en la difícil situación interna del país del Nilo, dividido por el enfrentamiento entre los dos hermanos y esposos reinantes, Ptolomeo XIII y Cleopatra VII. César y Cleopatra mantuvieron una intensa y famosa relación amorosa que daría como fruto un hijo: Cesarión. César dio el trono a Cleopatra (47 a.C.), lo que, unido a la presencia de las tropas romanas en el palacio de los faraones y a la deposición de Ptolomeo XIII, hizo que el pueblo, dirigido por los consejeros fieles al rey, se amotinase y tratase de tomar el palacio. Durante cuatro meses, César resistió atrincherado en el palacio frente a los sesenta mil hombres del egipcio Aquiles. Finalmente, cuando llegaron los refuerzos dirigidos por Mitridates de Pérgamo, César protagonizó una de sus geniales acciones militares y logró atravesar el cerco egipcio para reunirse con Mitridates, tras lo cual las fuerzas combinadas de ambos destrozaron a las tropas egipcias en una sangrienta batalla en la que falleció Ptolomeo XIII. Cleopatra se trasladó después a Roma, donde vivió hasta la muerte del dictador. Aquella guerra entre romanos no había terminado aún. César desempeñaba su tercer consulado cuando tuvo que volver a luchar contra las fuerzas senatoriales en Tapso, en abril del 46, y contra las últimas fuerzas de los hijos de Pompeyo en Manda, en marzo del 45, cuando ya era cónsul por cuarta vez. En términos guerreros no quedaba prácticamente nada por hacer. Incluso en medio de la guerra civil, en el 47, había derrotado definitivamente a Farnaces, el eterno enemigo rey del Ponto. Cinco días después de llegar, le presentó batalla y en unas cuantas horas devastó las tropas enemigas. Inmediatamente cursó al Senado romano una célebre y lacónica relación de los hechos: veni, vidi, vici, (llegué, vi, vencí). Jamás fue derrotado personalmente en ningún combate que entablase, aunque sí lo fueran sus generales. Otros aspectos Julio César fue el gran protagonista del último periodo de la historia de la Roma republicana. Espléndido orador y escritor brillante, destacó sobre todo como insigne general y político, genial, ambicioso, generoso, impulsivo y, al mismo tiempo, resuelto y sutil. Poseedor de una vasta y refinada cultura y de una memoria excepcional, conoció tan bien las doctrinas de los filósofos de la política como la historia de los grandes imperios orientales y sintió asimismo afición a los problemas lingüísticos y gramaticales. Siendo Julio César aún muy joven, Sila reconoció en él "la madera de muchos Mario". En realidad, fue hasta cierto punto el heredero y continuador de la actividad desplegada por aquel antiguo jefe político, tío suyo, como ocurrió con Pompeyo respecto de Sila: también César se apoyó en el pueblo y fundó en el propio prestigio militar la lucha contra la facción senatorial, que procuró siempre debilitar. La vida de Julio César tuvo todos los ingredientes para convertirlo en una figura mítica. Hábil estratega y valeroso militar, no solamente amplió los dominios de Roma; fue también un político sagaz, cuyas medidas populistas le granjearon el afecto de grandes estratos de la población, y destacó incluso como elegante prosista en obras como La guerra de las Galias, que se cuentan entre las más logradas del latín clásico. Las conquistas de César extendieron por el área mediterránea la adopción de costumbres y modelos latinos, y las medidas que adoptó como jefe del Estado romano (entre las que se incluían reformas en la legislación agraria y en el calendario) impulsaron cambios irreversibles en el viejo continente. El gran estadista romano Julio César destacó, entre otras facetas, como brillante estratega militar. En ese aspecto sobresalen sus campañas de las Galias, territorio que conquistó para Roma, y, casi de inmediato, su victoria sobre Pompeyo en la guerra civil, contra cuyas tropas hubo de combatir por casi todo el Mediterráneo hasta lograr el triunfo definitivo. De tales hechos dio cumplida cuenta en los siete libros que componen los Comentarios a la Guerra de las Galias y en los tres de los Comentarios a la Guerra Civil, obras ciertamente no exentas de parcialidad, pero en las que se reveló además como un elegante escritor de estilo vivo y directo. --------------------------------------------------------------------------------

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